En astronomía, cuando un cuerpo de masa suficiente entra a un sistema solar, dobla las órbitas de todo lo demás. Los mercados tienen su versión de ese fenómeno. Los titulares sugieren que ya llegó ese momento, pero la realidad es más interesante.
En astronomía, cuando un cuerpo de masa suficiente entra a un sistema solar, dobla las órbitas de todo lo demás. Los mercados tienen su versión de ese fenómeno. Los titulares sugieren que ya llegó ese momento, pero la realidad es más interesante.
El ciclo de salidas a bolsa tiene memoria. En 2021 se alcanzó un récord global: cerca de US$600.000 millones en alrededor de 2.850 operaciones. Doce meses después, el Nasdaq Composite cayó 33,1%: su peor año desde 2008. Hubo contracción en 2023 y una recuperación en 2024 que se hace más visible en 2025. Para 2026 se proyectan alrededor de US$225.000 millones en IPO y unos US$675.000 millones en oferta total de acciones. Aunque la cifra parece elevada, en relación con la capitalización del mercado se mantiene en un rango intermedio, comparable a 2015-2019 y por debajo de 2021.
El matiz que falta en esos titulares es que varias de las grandes candidatas pondrán en circulación menos del 10% de sus acciones en la salida inicial. Lo que cotiza el primer día es apenas una fracción de la compañía, y es esa fracción la que inicialmente comienza a impactar los índices.
El verdadero ángulo no es solo 2026, sino 2027. A medida que venzan los ‘lock-ups’ (acuerdos de prohibición de venta de acciones), el volumen en libre circulación podría alcanzar niveles récord, según Goldman Sachs. No pesa únicamente el debut, sino la expansión progresiva del capital disponible durante los doce meses siguientes. La rentabilidad posterior al estreno ya comienza a moderarse: el mercado descuenta lo que viene.
Del lado de la demanda, las recompras corporativas podrían perder parte de su capacidad de absorción a medida que el gasto en infraestructura de inteligencia artificial compite por una proporción mayor del flujo de caja. Este efecto podría compensarse parcialmente con demanda minorista, inversión extranjera y flujos pasivos. A ello se suma la recomposición del índice Russell (mide desempeño de empresas según su tamaño y estilo de inversión) el 26 de junio, que obligará a ajustar carteras, incluidas algunas posiciones institucionales fuera de Estados Unidos.
El mercado es el mecanismo de descubrimiento de precios más eficiente. Hoy enfrenta dos pruebas: el debut de los colosos, que parece manejable, y la expansión del capital disponible tras los ‘lock-ups’. Así como en astronomía, en finanzas no es solo la entrada del cuerpo masivo lo que reorganiza el sistema, sino la perturbación que deja.













