sábado, abril 18

Hay obras que envejecen. Y hay otras que, con los años, parecen ganar verdad. “Escenas de la vida conyugal” pertenece a esa segunda especie: la de las historias que no se agotan porque siguen hablando de lo mismo que nos sacude desde siempre. El amor, la rutina, el desgaste, la familia, la extraña persistencia del deseo de seguir al lado del otro incluso cuando todo parece empujar en sentido contrario. Andrea Pietra lleva años habitando a Mariana, el personaje que interpreta junto a Ricardo Darín, y aun así siente que cada función le abre una puerta distinta. Desde el 23 hasta el 26 de abril, esa puerta volverá a abrirse en el Auditorio del Pentagonito, ante un público al que la actriz argentina recuerda con afecto particular.

Amo Perú. Me encanta por todo lo que tiene: buena comida, lindos lugares, como Lima y Machu Picchu. La calidad de su gente también es increíble. Estamos muy contentos de regresar a un lugar donde nos tratan tan bien”, comenta la actriz argentina.

Escrita por el cineasta sueco Ingmar Bergman en 1973, “Escenas de la vida conyugal” sigue conmoviendo porque aborda un conflicto universal: lo que ocurre cuando dos personas deciden compartir la vida y descubren que el amor no siempre basta para evitar el desgaste, pero sí puede seguir siendo aquello que, incluso en medio de las crisis, las sostiene.

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La obra habla de la unión, de la convivencia, de la pareja y de todo lo que eso luego proyecta en una familia. Por eso la entiende todo el mundo. La entienden los adultos que la miran desde la experiencia, pero también los adolescentes que llegan al teatro sin haber vivido aún una relación propia y, aun así, reconocen algo ahí. Vienen de una familia, han visto vínculos, discusiones, silencios, reconciliaciones. De alguna manera, saben de qué se está hablando”, detalla.

Esa capacidad de la obra para tocar fibras tan reconocibles también le exige a Pietra una entrega particular como actriz. Para ella, actuar es acercarse a un personaje hasta entenderlo por dentro, incluso cuando le resulta ajeno. Con Mariana, por ejemplo, tuvo que tender un puente hacia una mujer muy distinta a ella.

También tuve que admirarla. Yo soy mucho más explosiva, y hubo una escena clave en la que entendí que jamás habría reaccionado como ella. Ahí tuve que salir de mí y amistarme con su forma de sentir, porque su respuesta no pasa por la rabia ni por el ego herido, sino por otro lugar. Y de eso también aprendí”, cuenta.

En ese proceso, Pietra admite que siempre termina encontrando algo de sí misma en los personajes que interpreta. No porque se parezcan a ella, sino porque actuar le exige comprenderlos desde adentro, defenderlos incluso en aquello que no comparte y dejar que esa experiencia la transforme.

Sí, siempre descubro algo mío. Para actuar a cualquier personaje hay que ponerse de su lado y defenderlo, aunque piense distinto a una o haga cosas que una haría de otra manera. Tiene que volverse tuyo. Y en esa búsqueda siempre aprendo algo, porque cada personaje te obliga a bucear, a investigar, a hacerte preguntas”, señala.

Ese trabajo se sostiene también en el vínculo que construyó con Ricardo Darín, un compañero con el que comparte escenario desde hace años y con quien ha desarrollado una complicidad escénica. Pietra asegura que esa conexión mantiene viva la obra, porque cada función cambia según el público, los silencios, las risas y lo que va ocurriendo en escena.

Ricardo es un compañero de oro. La obra está viva todo el tiempo, porque no hay una función igual a otra y eso también tiene que ver con que los dos estamos atentos a lo que pasa. Después de tantos años ya nos conocemos mucho, y eso ayuda. Tenemos como un matrimonio de trabajo”, dice.

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Fuera del escenario, Andrea Pietra sigue mirando la actuación del mismo modo en que la descubrió de joven: como una posibilidad de vivir muchas vidas sin dejar de ser ella misma. Con los años, esa idea no se debilitó; al contrario, se fortaleció. Actuar, dice, le sigue dando la posibilidad de jugar, de probar otras existencias, de atravesar emociones extremas y luego volver a su vida cotidiana.

Lo sigo sintiendo así. Me parece un juego maravilloso, la posibilidad de seguir jugando hasta muy vieja. En la ficción me he casado, he tenido hijos, me he muerto, he pasado por muchísimas cosas, y eso me sigue fascinando. Dicen ‘corte’ y sigo mi vida, pero sigo amando profundamente este trabajo”, asegura.

Esa mirada también se extiende a su vida personal. Pietra nunca sintió que el matrimonio fuera una condición para sostener una pareja, y los años no hicieron más que reafirmarlo. Lleva 27 años junto al productor musical y teatral Daniel Grinbank y, aun sin casarse, construyó con él una familia y una historia en común.

Veía parejas que estaban juntas muchísimos años, se casaban y se separaban. Entonces me preguntaba qué cambiaba realmente. En nuestro caso nunca hizo falta. Estamos juntos hace 27 años y no nos casamos”, cuenta. Esa decisión, sin embargo, la enfrentó a una batalla legal cuando Daniel quiso darle su apellido a Ani, la hija que Pietra adoptó sola en Haití.

Una jueza nos dijo que no había jurisprudencia para que un concubino pudiera ponerle su apellido a la hija adoptiva de su pareja. Nos preguntó por qué no nos casábamos, le expliqué y me dijo: ‘Tienes razón, va a tardar, pero lo vamos a sacar’. Tardamos tres años, pero lo logramos. Y eso después facilitó el camino para otras familias que pudieran estar en una situación parecida”, recuerda.

Después de 36 años de carrera, Andrea Pietra vive una etapa de muchos proyectos y mayor calma. Ya no enfrenta el trabajo con la ansiedad de los inicios, sino con una madurez que le permite disfrutarlo más.

Es una etapa muy hermosa. Los años me dieron calma para no ponerme tan nerviosa como al principio. Hoy disfruto más, me tomo mi tiempo, tengo a mi familia cerca, una obra que me lleva por el mundo, y estoy sana. A veces uno olvida agradecer algo tan simple como respirar y que el cuerpo funcione bien, pero eso ya es muchísimo”, subraya.

EL DATO

“Escenas de la vida conyugal” va desde el 22 al 26 de abril en el Auditorio del Pentagonito. Entradas a la venta en Teleticket. 

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