Una moneda de veinte céntimos cubierta de manchas azul verdosas de óxido es el objeto más preciado para el actor y psicólogo Javier Echevarría (57). La conserva desde hace más de treinta años como recordatorio de la que fue la primera de sus tres bancarrotas. Ocurrió hace mucho tiempo, la primera vez que quebró. Los trabajos en televisión por entonces pagaban bien, así que hizo algunas inversiones, pero todo terminó de la peor forma. Con un solo sol en el bolsillo, tuvo que morderse el orgullo y regresar a la casa paterna. Ochenta céntimos le costó el pasaje de regreso. “Me dije a mí mismo que sobre estos veinte céntimos iba a construir todo de nuevo”, recuerda mientras sostiene la moneda como único testigo de aquella promesa. Cinco años después tenía una casa propia. No sería la última gran crisis de su vida.
MIRA: Roblox: lo que debes saber del juego que captura la atención de los niños y que ha llegado hasta a las aulas
Sentado en el sofá de su sala junto a su gato, Flancito, que entrecierra los ojos al ser acariciado, Echevarría recuerda una experiencia que lo golpeó más que cualquiera de sus bancarrotas. Fue la noche en la que tuvo que despedirse de su gata Cleo, a causa de una enfermedad renal que cayó sobre ella casi de forma fulminante. Los veterinarios le advirtieron que probablemente Cleo no llegaría a la mañana siguiente, así que Echevarría no quiso dejarla en un lugar ajeno y frío. Se la llevó a su casa, la acomodó sobre su pecho y permaneció junto a ella hasta el final. “Vi cómo la vida se iba de ella. Sus ojos perdieron brillo y me dejó un frío en el pecho que me duró semanas”, recuerda.
“El arte está al servicio de la terapia, no al revés”, afirma Javier Echevarría, que ha escrito la obra El Viaje de Cleo al Corazón del Cielo. (Foto: Víctor Idrogo).
© Victor Idrogo / Icónica
/ © Victor Idrogo / Icónica
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Como muchas personas que fueron niños en los años setenta, el actor y psicólogo asegura que entonces no existía la sensibilidad que hay ahora por las mascotas. Eran tiempos en que al perro de la casa se le dejaba salir hasta que rascaba la puerta para entrar. Nunca había convivido realmente con gatos, y fue recién con Julieta, Cleo y Flancito que descubrió una relación distinta. La muerte de Cleo le permitió comprender hasta qué punto aquellos animales habían transformado su vida. “Ahora Flancito se ha quedado solo y no se me despega. Yo soy una persona que no llora con facilidad. Pero Cleo me ayudó mucho. Me hizo llorar muchas lágrimas que estaban ahí guardadas”.
Mientras acompañaba a Cleo en sus últimas horas, Echevarría comenzó a hacerse preguntas que nunca antes se había planteado. Una de ellas era qué ocurre con las mascotas después de la muerte. “No me había puesto a pensar en eso. No me había puesto a pensar en una narrativa posterior”, recuerda. La pregunta quedó rondando en su cabeza durante meses, hasta que intentó responderla primero en un libro y luego en una obra teatral: “El viaje de Cleo al corazón del cielo”, una historia que imagina el recorrido de una gata después de morir y propone una respuesta más emocional que religiosa. En el universo de Echevarría, las mascotas que partieron encuentran su lugar dentro del corazón de quienes las aman.

Flancito es el único gato que le queda de tres felinos que tuvo hasta hace unos años. Es un gato bastante apegado.
© Victor Idrogo / Icónica
/ © Victor Idrogo / Icónica
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Echevarría cree que “El viaje de Cleo al corazón del cielo” es una obra sobre la reparación emocional antes que sobre la muerte. Como psicólogo, sostiene que el arte debe cumplir una función terapéutica y no únicamente estética. “El arte está al servicio de la terapia, no al revés”, afirma. Por eso buscó abordar un tema tan doloroso desde la ternura, el humor y la imaginación. Su intención no era provocar desolación, sino ofrecer una historia capaz de acompañar a quienes atraviesan un duelo y ayudarlos a manejar una situación así. Las reacciones del público han terminado confirmándole que la historia conecta. Después de las funciones, muchas personas lo esperan para compartir experiencias personales de despedida y ausencia. Hay lágrimas, reconoce, pero no desolación.
Un chico que imaginaba
La conversación con Javier se extiende hacia otros territorios. Como él mismo reconoce, de niño no era muy apegado a los animales. Su infancia, sin embargo, tuvo algo de singular. Lo que más le gustaba era inventar historias. Cogía sus soldaditos de plástico y construía relatos completos que duraban días. Aunque creció entre cinco hermanos, cuenta que fue cultivando una impecable soledad, y a veces lo asaltaba una sensación de ser invisible que no le agradaba nada.. Un día, una profesora lo desaprobó por falta de participación, y cuando fue a reclamar, la docente le respondió: “¿Tú quién eres?”. Era, pues, un completo invisible. Para recuperar el curso debía actuar en una obra escolar. “Yo le tenía terror al escenario, pero le tenía más miedo a salir jalado”, dice entre risas. Esa fue la decisión que cambió su vida.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Pasó de ser el muchacho al que nadie veía a convertirse en alguien conocido, primero en su colegio, luego entre los asiduos al circuito teatral, y finalmente para todo el Perú gracias a tantas telenovelas. Durante los años noventa participó en algunas de las producciones más exitosas de la televisión peruana. Sin embargo, nunca terminó de identificarse con la imagen del galán televisivo: mientras las entrevistas se concentraban en su carrera como actor, él prefería hablar de psicología, disciplina que estudiaba y ejercía en paralelo. A los cuarenta años atravesó una crisis que se convirtió en epifanía. “Me dije: ‘he tratado de ser protagonista de novelas y no me he atrevido a ser protagonista de mi vida’”. Comprendió que llevaba demasiado tiempo esperando que otros escribieran el guion de su existencia.
Tras un paso por Colombia, regresó al Perú, creó su propia empresa y encontró una forma de unir el arte y la psicología. Ahora, mientras Flancito duerme a su lado y “El viaje de Cleo al corazón del cielo” se acerca a sus últimas funciones, se puede encontrar un trazo que une toda su trayectoria: el niño que imaginaba mundos, el actor que buscaba personajes complejos y el psicólogo que convirtió una pérdida personal en una historia capaz de acompañar a otros. Los escenarios cambian, pero no las ganas de contar nuevas historias. //
Además…
Ultimas fechas
“El viaje de Cleo al corazón del cielo” es una obra escrita y protagonizada por Javier Echevarría, bajo la dirección de Armando Machuca. La puesta en escena aborda el duelo, la memoria y la pérdida desde la ternura, el humor y la imaginación. La temporada llega a su fin con cuatro funciones los días 30 y 31 de mayo en el teatro Julieta. Las entradas se venden en Joinnus.




