miércoles, abril 15

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Este 23 de abril se cumplen cincuenta años de la aparición de “Ramones”, el disco debut de la banda neoyorquina del mismo nombre, y lo primero que habría que reconocer es que el álbum aún conserva una frescura difícil de explicar. Hoy mismo, en alguna ciudad, todavía hay adolescentes encerrados en una habitación, aporreando instrumentos y tratando de tocar así de rápido, imperfecto y amateur, como lo hacían los Ramones en 1976. Aquel primer alarido punk nació para conjurar el aburrimiento de una escena ‘mainstream’ atrofiada por su propia pomposidad. Frente a ello, su respuesta fue volver a lo esencial.

Este 23 de abril se cumplen cincuenta años de la aparición de “Ramones”, el disco debut de la banda neoyorquina del mismo nombre, y lo primero que habría que reconocer es que el álbum aún conserva una frescura difícil de explicar. Hoy mismo, en alguna ciudad, todavía hay adolescentes encerrados en una habitación, aporreando instrumentos y tratando de tocar así de rápido, imperfecto y amateur, como lo hacían los Ramones en 1976. Aquel primer alarido punk nació para conjurar el aburrimiento de una escena ‘mainstream’ atrofiada por su propia pomposidad. Frente a ello, su respuesta fue volver a lo esencial.

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La escena que rodeaba a los Ramones en Nueva York en los años setenta era pequeña pero fértil y daría mucho que hablar tiempo después. En el ruinoso club CBGB del Bowery coincidían bandas muy distintas entre sí: estaba Television, que exploraba con guitarras largas y angulosas, luego los Talking Heads y su nervioso art rock. Todas compartían el mismo escenario, pero los Ramones eran el extremo más curioso de ese ecosistema. Eran una banda de personajes que parecían sacados de una pandilla, con canciones que apenas superaban los dos minutos.

En 1974 fundó en el barrio neoyorquino de Queens la banda The Ramones junto a sus compañeros de escuela. (Internet)

En 1974 fundó en el barrio neoyorquino de Queens la banda The Ramones junto a sus compañeros de escuela. (Internet)

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“Nosotros solo estábamos reaccionando contra la música de ese momento”, diría sobre su estilo el guitarrista Johnny Ramone en su autobiografía “Commando” (2004). Para él, bandas como Yes o Emerson, Lake & Palmer representaban justo lo que los Ramones querían evitar: canciones largas, solos interminables y estructuras cada vez más complejas. La respuesta fue radical. “Lo único que hicimos fue tomar el viejo rock and roll y acelerarlo”, diría más tarde en el documental “End of the Century” (2003). La disciplina interna del grupo incluía una regla sencilla: nada de solos de guitarra. Johnny la rompió solo una vez, y justo en su mayor éxito, “I Wanna Be Sedated”. Pero lo hizo a su manera: el “solo” consiste en una sola nota sostenida durante ocho compases.

De la Gran Manzana a Londres

Sobre los orígenes del punk se ha escrito mucho y especulado aún más. Hay quienes insisten todavía en que los peruanos Los Saicos fueron sus creadores, una tesis romántica pero insostenible que, en todo caso, no debería herir el orgullo nacional. Antes del punk existía el rock de garaje, parecido en su aspereza pero distinto en su alcance y en su conciencia histórica. El punk no fue solo un sonido, sino un hecho social. El crítico estadounidense Greil Marcus lo formuló con precisión antropológica en su gran libro “Trazos de carmín”: “Era una cultura para quienes no encajaban”. El filósofo y crítico peruano Pedro Cornejo llegó a una conclusión similar. En “Juegos sin fronteras” observó cómo la música de los setenta relegaba a su público juvenil al papel de mero contemplador de “elaboradísimos ejercicios musicales”. En ese proceso, advertía Cornejo, el rock perdía su potencial movilizador. El punk llegó para recuperarla.

Los Sex Pistols narran la historia de los Sex Pistols en una de las más logradas piezas de Julien Temple. Veinte años después de su primera película, “The Great Rock’n’roll Swindle” (1980), Temple dirigió esta secuela en la que deja esta vez la historia a cargo de los integrantes del grupo. El filme ya se ha convertido en un clásico indiscutible del género, con imágenes de archivo sobre la Inglaterra que los Sex Pistols transformaron para siempre. Se trata del filme punk por excelencia, que aún no logra ser superado.

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Si en Nueva York el punk tomó forma en los clubes del Bowery, al otro lado del Atlántico el movimiento adquirió un tono aún más explosivo. En 1976, irrumpieron los Sex Pistols, un grupo que transformó el descontento juvenil británico en un escándalo nacional. Su cantante, John Lydon —conocido entonces como Johnny Rotten—, convirtió el sarcasmo, la furia y la provocación en una forma de arte. Canciones como “Anarchy in the U.K.” y “God Save the Queen” atacaban frontalmente a la monarquía, a la política y a la cultura oficial, en una Inglaterra marcada por el desempleo juvenil.

Tras el colapso de los Pistols, John Lydon decidió explorar otros caminos. En 1978, fundó Public Image Ltd. (PiL), un fascinante proyecto que empujó la energía punk hacia territorios más experimentales, con ritmos dub, estructuras abiertas y atmósferas oscuras que terminarían definiendo el llamado post-punk. Casi medio siglo después de aquel estallido, Lydon —que de anarquista ha pasado a defender posturas conservadoras— sigue siendo una de las figuras más singulares de esa historia.

John Lydon, exvocalista de los Sex Pistols y líder de Public Image Ltd., una de las figuras más provocadoras surgidas del punk y post punk británico.

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Con PiL, el cantante demostró que podía sobrevivir a su propia leyenda y seguir encontrando nuevos caminos. Lydon y Public Imaged Ltd. visitarán Lima este 21 de abril, una fecha imperdible para los nostálgicos del punk y para cualquiera que quiera presenciar en vivo un pedazo de historia del rock del siglo XX. Después de todo, no todos los días pasa por la ciudad uno de los hombres que ayudó a incendiar a toda una generación con sonido, furia e inconformismo. //

Además…

PiL en Lima

John Lydon, exvocalista de Sex Pistols y líder de Public Image Ltd., llegará a Lima el 21 de abril con su banda PiL para un esperado concierto en el Centro de Convenciones Barranco, como parte de la gira internacional This Is Not the Last Tour.

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