martes, mayo 26

Dyango tiene una manera muy suya de pertenecer al Perú. No nació aquí, pero algunas de sus canciones encontraron un lugar especial en la memoria sentimental del país. En 1975, el cantante español grabó una versión de “Alma, corazón y vida”, el inmortal vals de Adrián Flores Albán, y tituló así uno de sus discos. También interpretó “Ódiame”, otro clásico de raíz peruana. Y, como si la música no bastara para explicar ese vínculo, la relación con el Perú dejó de ser solo musical y se volvió familiar: sus hijos se enamoraron de peruanas y él tiene dos nietos “medio peruanos, medio catalanes”, señala.

Mis canciones son también medio peruanas”, asiente. Y enseguida corrige: “‘Alma, corazón y vida’ es peruana entera”.

El artista español volverá a Lima con “Su Amigo Dyango Tour”, un nombre que suena a reencuentro. A esta altura de su vida, dice, el cuerpo ya no le permite moverse sobre el escenario como antes, pero la voz sigue intacta, firme y dispuesta a recordarle al público que el amor también se canta.

Tengo 86 años y sigo cantando al amor. No sé hacer otra cosa. Soy un héroe”, asegura, sin solemnidad. Luego se ríe. “Cuando subo al escenario, canto, y lo hago bien, como siempre. Pero ahora tengo que sentarme en un taburete, donde pueda estar mejor. Me siento, canto mis canciones y la gente me lo agradece”.

En su vida, la música lo ocupa todo. “Solamente he sabido hacer bien la música. No me hagas hacer otra cosa, ni colgar un clavo”, dice sonriente. Esa convicción explica también su regreso a los escenarios después de haber pensado en retirarse. Una dolencia en la espalda lo obligó a alejarse por un tiempo, pero tras recuperarse volvió, según cuenta, “a la fuerza, porque no sé hacer otra cosa más”.

Sin embargo, pese a ese amor absoluto por la música, cuando su hijo Marcos Llunas le dijo que quería ser cantante, se opuso. “Lo quería matar”, recuerda entre risas. “Era el mayor de cuatro hijos, y uno siempre espera, equivocadamente, que sea doctor, abogado, alguien de universidad, un buen médico. Pero todos me salieron con la música. Mi padre fue músico, yo también salí músico, estudié trompeta, violín, hice todos los cursos del conservatorio y después canté. O sea, más músico que yo no hay nadie”, afirma con orgullo.

En una familia marcada por el arte, el apellido también ha seguido apareciendo en otras historias. Su nieto Izan interpretó a Luis Miguel de niño en la serie de Netflix sobre el cantante mexicano, un papel que lo acercó a una figura que Dyango conoció de cerca en otros tiempos. Por eso le sorprendió que ese encuentro entre el ‘Sol de México’ y su nieto, nunca se diera.

Me sorprendió demasiado, de mala manera. Pensé que era distinto”, admite. “Han pasado varios años desde que lo conocí y compartimos momentos juntos. Luego se hizo muy famoso y querido. No sé si eso le sentó mal. Yo creo que, como mi nieto lo interpretó cuando era pequeño, Luis Miguel tendría que haberle dicho: ‘Oye, tu abuelo y yo éramos amigos’. Pero no pasó”, lamenta.

Ese episodio, sin embargo, no desplaza el centro de su historia. Dyango vuelve siempre a la música, el lugar desde donde ha construido una relación de décadas con su público. Con más de 40 discos publicados y una vida dedicada a cantarle al amor, el artista español regresa a Lima para reencontrarse con quienes hicieron suyas sus melodías.

El dato

Dyango cantará el próximo 4 de junio en el Anfiteatro del Parque de la Exposición. Las entradas están a la venta en Ticketmaster.

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