Jamás había visto algo así: una tienda dedicada a las orquídeas, flores de formas y colores extraordinarios. Lo escuchó hablar al dueño con sus clientas y clientes, luego ambos charlaron y ella ya no pudo evitar volver. Vidia Narine advertía que la clientela era muy privilegiada, burguesa, procedente de los ámbitos de la política, el espectáculo o la moda. Le dijo que le gustaría escribir sus historias en una novela y el florista se mostró entusiasmado. Concertaron una cita y ella lo escuchó por horas.
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— Diriges una revista literaria llamada Sève (Savia). ¿Propones en ella un nuevo tipo de narrativa? ¿Cómo piensas que puede escribirse una novela contemporánea fuera del modelo decimonónico?
Ya hay mucha gente haciéndolo fuera de los senderos que ofrece el mercado. Incluso lo veo en los carteles de los manifestantes en Francia, en los que la creatividad es extraordinaria: los mensajes, la información, hay poesía y humor. Es literatura circulando por ahí. Creé la revista Sève porque quería un espacio donde poder intercambiar y descubrir textos, y a la vez explorar ideas inherentes a la ecología. No solo la ecología entendida como la relación con la naturaleza, sino la relación entre nosotros, con nuestros muertos, con nuestras mitologías. Todo eso forma una ecología nueva que puede nutrir la creación y nuestras relaciones. Con ella descubrí a gente joven y no tanto, que escribe cosas muy interesantes con la idea de salir de esta historia de progreso, de todo lo que nos conforma como sociedad. Creo que deberíamos llegar a escribir libros de manera colectiva, saliendo de la idea del autor tocado por la gracia de la creación, el autor que porta una visión única. En realidad, uno nunca escribe solo: escribe con todos los libros que ha leído, con los otros autores con quienes habla, con otras obras de arte, con la vida cotidiana. Si fuéramos honestos, la idea de competencia, conquista y progreso suele ir unida a la figura de un héroe. Pero si somos honestos, cuando escribimos no somos héroes; intentamos hacerlo lo mejor posible con lo que hay a nuestro alrededor y dentro de nosotros. No sé exactamente a dónde nos llevaría esto, pero me lo digo muy a menudo últimamente: nos sacaría de bastantes problemas, incluso en nuestra relación con la inteligencia artificial.
— En tu novela propones la idea de la orquídea como metáfora de lo híbrido. ¿Hay espacio para lo híbrido hoy en día en nuestras sociedades cada vez más polarizadas?
La hibridación es un espacio que me interesa muchísimo. Yo misma soy mestiza. Soy muy sensible a la idea de mestizaje, un espacio que nos salva en gran medida de la violencia. Me interesan mucho esos espacios nacidos de la destrucción, esos espacios mestizos nos aportan muchísima energía e imaginación. En Francia lo vemos claramente con la música: tenemos muchísimos músicos con raíces en Martinica, en el Congo y en muchos otros lugares más allá de la Francia metropolitana. Eso aporta una energía, una riqueza extraordinaria y una posibilidad real de convivir.
— Cuando escribías la novela, trabajabas también en el negocio de la moda, una de las industrias más contaminantes. ¿Te identificaste con la frustración del orquideólogo a través de tu propia experiencia?
Hubo dos identificaciones. La primera es con el personaje masculino. Curiosamente, para las escritoras mujeres es bastante natural proyectarse en personajes masculinos porque el 80% de los libros que hemos leído tienen héroes masculinos. Es algo divertido y natural. Y, por supuesto, al crear un personaje, una pone algo de sí misma en él. Y en cuanto a la economía de la moda, las reflexiones por las que atraviesa el personaje son exactamente las mismas que me atravesaron a mí cuando trabajaba en la moda y me preguntaba cómo posicionarme para participar lo menos posible en esa economía contaminante, sabiendo al mismo tiempo que representa millones de empleos y que la moda dice algo fundamental sobre nuestras culturas e historia. No es algo que se pueda simplemente descartar sin más. Las reflexiones que cruzan al orquideólogo son un poco las mías. Al final, son cuestionamientos que todos nos hacemos en nuestro lugar: cómo encontrar un lugar en el mundo que sea lo menos nocivo posible.
— ¿Sigues trabajando en la moda?
No, ya no. Escribí un poco como freelance para marcas —de perfumes, de prêt-à-porter— para ganar dinero mientras escribía mis libros. Dejé de hacer eso y ahora mismo estoy cursando un máster en dirección de proyectos culturales en el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios en París, con la idea de trabajar en proyectos culturales. Quiero volcar mi energía en la cultura porque es un ámbito muy atacado hoy en día en Francia: se recortan muchos presupuestos, y es complicado para las regiones y ciudades financiar proyectos para los artistas. Ahí es donde quiero orientar mi energía.
— ¿Piensas que la literatura puede actuar como un espacio de sanación de nuestra relación con la naturaleza?
Me parece capital. Y no se trata solo de ecología ligada a las plantas, sino también a un sistema basado en la extracción y explotación, que invade incluso los ámbitos artísticos, sea la literatura, el cine o las artes plásticas.
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Ficha: Orquideísta
Autora: Vidya Narine
Editorial: Las Afueras
Año: 2026
Además…
A saber
Reflexiones entre orquídeas. Vidya Narine en conversación con Augusto Carrasco. Domingo 8 de noviembre, 12 m. Teatro del Centro Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa.
Mapas para entendernos. Conversación entre Elma Correa, Catherine Fletcher, Vidya Narine e Irenosen Okojie. Domingo 8 de noviembre, 4 p.m. Teatro Municipal de Arequipa.

