El 27 de septiembre se celebra el Día Mundial del Turismo y la ocasión es oportuna para pensar en cómo le está yendo al Perú en este sector.
Sabemos que hay razones de sobra para visitar el país: desde la gastronomía hasta nuestra maravilla del mundo. Pero la verdad es que en los últimos años no hemos estado al nivel al que deberíamos aspirar.
El influjo de turistas extranjeros no ha regresado a niveles prepandemia. En el 2025 recibimos 3,4 millones, 78% de lo que llegó en el 2019, y en el primer semestre del 2026 apenas 75% del mismo periodo de ese año. Y el rezago no es global: la ONU Turismo estimó que en el 2024 el promedio mundial ya había recuperado 99% de las llegadas prepandemia y Chile, por ejemplo, las había superado en 16%; nosotros, ese año, apenas llegamos al 74,5%.
Podríamos consolarnos con que las divisas del sector aumentaron: de US$4.703 millones en el 2019 a US$5.351 millones en el 2025, 13,8% más. Pero sería el sentimiento equivocado: recibir más dinero por menos turistas debería hacernos pensar en todo lo que entraría con más de lo segundo.
Según el Travel & Tourism Development Index 2024 del Foro Económico Mundial, el Perú ocupa el puesto 62 de 119, detrás de Brasil (26), Chile (31), Argentina (49) y Colombia (50). Los pilares de seguridad (104) e infraestructura terrestre y portuaria (100) contrastan con nuestras fortalezas reales: recursos naturales (16) y culturales (23). Es decir, no estamos ante un problema de lo que ofrecemos, sino de la comodidad y la seguridad que lo acompaña.
Detrás de estas cifras hay negocios afectados: el turismo peruano se sostiene, sobre todo, en emprendedores. De acuerdo con una encuesta del Mincetur en el 2024 a empresas del sector (agencias, alojamientos, restaurantes, etc.), 49,5% calificaban como micro, mientras 36,8%, como pequeñas. Y factores como la seguridad, además de golpear la llegada de potenciales clientes (Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido han emitido advertencias de viaje al Perú recientemente), afectan la forma en la que conducen sus negocios.
El trabajo a favor del turismo se puede encarar desde distintos frentes, con el Estado y el sector privado trabajando juntos. Empezando por la infraestructura vial, terreno conocido para ambos: las obras por impuestos, las asociaciones público-privadas y la gestión profesional de destinos funcionan cuando el Estado pone el marco y el privado, la ejecución. Pero también cabe un aporte más cercano al emprendedor turístico. Por ejemplo, acompañándolo en su proceso de formalización, con más información y apoyo de parte las instituciones públicas. También con financiamiento alineado a sus necesidades.
A eso se suma la prevención: con El Niño ya entre nosotros, también hay espacio para productos que ayuden a estos negocios a anticipar y enfrentar pérdidas.
El turista que no vuelve no nos está castigando: nos está entregando un informe de gestión. Uno con cifras que ya conocemos: recuperación a medias, inversión insuficiente en seguridad e infraestructura. Y todos podemos contribuir a mejorar esta situación.

