Una ola de calor “sin precedentes” viene azotando el centro y sureste de Europa, con algunas zonas experimentando temperaturas entre 10 y 15 grados por encima de lo habitual en esta época del año, mandando señales de alerta por todo el Viejo Continente.
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Un problema que no solo afecta a Europa, con el experto señalando que el calentamiento oceánico está alterando los patrones climáticos a escala global y advierte que fenómenos similares ya afectan a las Américas.
“En el mes de marzo una cúpula de calor intensa afectó el suroeste de Estados Unidos con temperaturas entre 11 y 17 °C por encima del promedio en California, Nevada y Arizona, y que superaron los 44 °C en varios lugares”, recuerda Quino. “Para el verano que se aproxima, los pronósticos apuntan a sobrepasar los promedios históricos en casi todo Estados Unidos, impulsados aún más por el desarrollo del fenómeno de El Niño”.
Mientras tanto, Bohl advierte que el Perú ya presenta temperaturas inusualmente elevadas para esta época del año, posiblemente vinculadas al fenómeno de El Niño y al cambio climático.
“Estamos en un mundo cambiante, un mundo en el que no hay dos años con patrones de clima iguales”, afirma. Una muestra de ello es que “la ocurrencia de cúpulas de calor como esta casi se han triplicado desde 1950 debido al cambio climático impulsado por las actividades humanas”, según Quino.
Ante esta nueva realidad, no solo Europa sino también el resto del mundo deberá tomar medidas tanto para ralentizar el cambio climático como para lidiar con un clima más impredecible y extremo.
A corto plazo, Javier Quino recomienda priorizar acciones de protección sanitaria como la hidratación constante, evitar la exposición al sol entre las 10:00 y 16:00 horas, usar ropa ligera y vigilar especialmente a adultos mayores, niños y personas con enfermedades cardiovasculares.
Además, señala que los gobiernos deben activar sistemas de alerta temprana, ampliar el acceso al agua potable y restringir el trabajo físico al aire libre durante las horas más críticas.
Ricardo Bohl destaca que muchas ciudades europeas no están preparadas para temperaturas extremas. Un ejemplo de eso es el Reino Unido, famoso por su clima nublado, donde las viviendas fueron diseñadas para conservar calor y no cuentan con sistemas de enfriamiento, mientras que los sistemas de metro carecen de aire acondicionado y se convierten en verdaderas trampas térmicas durante estas olas de calor.
Por eso advierte que a mediano plazo hay una necesidad creciente de adaptación de las ciudades al nuevo escenario climático rediseñando urbes para aumentar las áreas verdes con más árboles, bulevares y parques, así como otras medidas para reducir la temperatura urbana como fuentes de agua.
“No podemos seguir viviendo como si el clima no estuviera cambiando”, sostiene Bohl. “Tenemos que reforestar las ciudades y cuidar nuestros bosques”.
A largo plazo, las soluciones pasan por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y acelerar la transición energética. En este punto Quino insiste con mayor énfasis en las energías renovables, así como medidas adicionales como electrificar el transporte y mejorar la eficiencia energética de edificios y ciudades.
“Se deben impulsar acciones de mitigación, como la transición a energías renovables para reducir la emisión de gases de efecto invernadero”, afirma. Solo así podremos enfrentar este nuevo, y más caliente, mundo en que nos encontramos.














