La inteligencia artificial agéntica se perfila como la próxima gran evolución tecnológica: un escenario en el que la IA dejará de limitarse a responder instrucciones para empezar a actuar de forma autónoma y proactiva. Un cambio que promete transformar la relación entre humanos y máquinas y que, según los expertos, obligará a las empresas a replantear procesos, estructuras y modelos de gobernanza.
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Un sistema de este tipo, por ejemplo, podría detectar un correo sospechoso, verificar si ha llegado a otros empleados, bloquearlo automáticamente y alertar tanto a los responsables de seguridad como a los potenciales afectados, todo ello sin necesidad de intervención humana. Se trata de capacidades que numerosos proveedores tecnológicos ya exploran y comienzan a incorporar a sus soluciones, tal y como conoce de primera mano el mayorista Ingram Micro.
Más allá de la seguridad, la IA agéntica también apunta a transformar áreas como la atención al cliente, donde permitirá reducir tiempos de respuesta y automatizar incidencias sencillas; los recursos humanos, filtrando perfiles y organizando entrevistas; o sectores como el sanitario y el financiero, descargando de tareas administrativas a los profesionales humanos.
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El objetivo, según Hilari, no debe ser sustituir completamente a las personas. “El objetivo no debe ser automatizarlo todo para que los humanos no hagamos nada, sino aprovechar las capacidades de estos agentes para multiplicar nuestras propias capacidades como profesionales”, sostiene.
Un nuevo rol para el trabajador
La expansión de la IA agéntica obligará también a redefinir el papel de los empleados dentro de las organizaciones. En este nuevo modelo, el humano pasará a desempeñar una función de supervisión, validación y coordinación frente a sistemas capaces de ejecutar tareas complejas de forma autónoma.
“El debate no debería ser si la IA nos sustituirá, sino cómo reimaginamos nuestro rol en un entorno donde humanos y agentes trabajan en equipo”, explica Hilari. En su opinión, “quien entienda eso dejará de ver la tecnología como una amenaza y empezará a usarla como lo que realmente es: un multiplicador de capacidades”.
Este cambio exigirá a las compañías revisar desde la base su estructura operativa y definir hasta qué punto desean otorgar autonomía a estos sistemas, especialmente en las primeras fases de implantación. La convivencia entre humanos y agentes de IA con capacidad para tomar decisiones que afectan directamente al negocio plantea nuevos desafíos relacionados con la gobernanza, la supervisión y la responsabilidad.
“Lo que está claro es que la ventana para prepararse se estrecha. Las empresas que empiecen hoy a definir su modelo de gobernanza, a identificar qué procesos pueden -y deben- automatizarse y a formar a sus equipos para trabajar junto a agentes de IA, serán las que lideren la transición. Las que esperen a que la tecnología sea una realidad comúnmente aceptada, llegarán tarde”, concluye el directivo de Ingram Micro.














