La muerte del líder supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, tras los bombardeos del sábado lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en Teherán, ha abierto una nueva fase de inestabilidad en el Medio Oriente. La ofensiva, justificada por Washington y Tel Aviv como una acción preventiva para evitar que Teherán obtenga el arma atómica, ha golpeado el corazón del aparato político y militar de la República Islámica y reactivó el temor a una escalada regional de gran magnitud.
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El domingo, el presidente ruso Vladimir Putin calificó el asesinato del líder iraní como “una cínica violación de todas las normas de la moral humana y del derecho internacional”. Desde Moscú, el mensaje fue claro: condena frontal al ataque y rechazo a cualquier intento de forzar un cambio de régimen en Teherán.
En la misma línea se pronunció el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, quien sostuvo que “el asesinato flagrante del líder de un Estado soberano y la incitación a un cambio de régimen son inaceptables”. Según la agencia oficial Xinhua, el canciller subrayó que atacar a un Estado sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU socava las bases del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial.
Límites militares
Para el internacionalista Francesco Tucci, el margen de maniobra de Moscú y Beijing es limitado y responde a un cálculo estratégico antes que ideológico. “El único apoyo que dará Rusia es el que ya hemos visto: declaraciones diplomáticas de rechazo a lo que consideran una guerra preventiva. Pero nada más. Rusia ya tiene un conflicto mayor en Ucrania y no se va a meter en otro escenario”, sostiene a El Comercio.
A su juicio, el gigante asiático actuará bajo la misma lógica que Rusia. “Irán vende sobre todo gas, hidrocarburos en general a China. Es un partner interesante, pero no es un partner vital. Entonces, China piensa más en su estrategia de fortalecer la presencia y excluir a Estados Unidos del mar chino meridional, en Asia. China cuidará antes que todo su patio trasero en Asia. Tiene el tema de Taiwán. No quiere perder influencia donde lo necesita, pero es una influencia más económica que política en varias ocasiones”, refiere el profesor de la UCP y de la PUCP.

El ayatolá Alí Jamenei recibe al presidente ruso Vladimir Putin en presencia de su homólogo iraní Ebrahim Raisi en Teherán, el 19 de julio de 2022. (AFP).
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El analista internacional Ramiro Escobar coincide en que una intervención militar directa es improbable, pero advierte que el respaldo podría escalar si el conflicto se amplía. “Rusia tiene su propio pleito en Ucrania, y abrir otro frente le acarrearía más problemas. China, por su parte, prioriza la geoeconomía. Lo que le conviene es que no haya guerra para que los negocios sigan”, explica a este Diario.
Sin embargo, el profesor de la PUCP no descarta un apoyo indirecto si la confrontación crece. “Podrían facilitar logística, asistencia tecnológica o algún tipo de respaldo similar al que la Unión Europea brinda a Ucrania, pero no soldados. Eso sí sería cruzar una línea demasiado riesgosa”, agrega.
No obstante, Escobar deja abierta una zona gris. Y es que de escalar la confrontación, podría haber un respaldo indirecto mayor. “Podrían facilitar logística o asistencia, pero no soldados”, señala. Ese apoyo —similar al que la Unión Europea le brinda a Ucrania— dependerá de que el conflicto se amplíe y arrastre a más actores.
«Putin habitualmente tiene relaciones llevaderas con Trump; por lo tanto, enviar soldados a apoyar a Irán causaría un roce muy grande y enrarecería la relación entre Rusia y EE.UU. Así que no creo que eso ocurra, es decir, una intervención directa»
Incertidumbre en Medio Oriente
Más allá del posicionamiento de Moscú y Beijing, el factor que puede alterar cualquier cálculo geopolítico está dentro de Irán. La muerte del líder supremo Alí Jamenei no solo golpea simbólicamente al régimen, sino que abre un proceso de sucesión que podría redefinir el equilibrio interno de poder.
Para Francesco Tucci, el desenlace dependerá en gran medida de cómo se reorganice la cúpula iraní. “Ahora hay que ver quién será el nuevo guía supremo y qué va a pasar dentro del régimen. Varios integrantes de la cúpula han fallecido bajo las bombas. Si la autoridad religiosa que lideraba el país desaparece, eso puede facilitar lo que buscan Israel y Estados Unidos: un cambio de régimen”, advierte el analista internacional.
Sin embargo, Tucci considera que un colapso inmediato no es necesariamente el escenario más probable. “Los pasdaranes [Guardia Revolucionaria] están profundamente enraizados en la estructura del Estado y también en la economía. No es tan fácil desmontar ese sistema. Por eso el escenario es fluido y extremadamente incierto”, señala.

Columnas de humo se elevan tras los ataques con misiles en Teherán, Irán, el 1 de marzo de 2026. (Foto de ATTA KENARE / AFP).
/ ATTA KENARE
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Ramiro Escobar comparte esta lectura en que el régimen ha sido duramente golpeado, pero todavía conserva capacidad de respuesta. “Irán no es un país desarmado. Está entre los Estados con mayor poderío militar en la región y mientras tenga capacidad de responder, el conflicto no va a desescalar”, afirma el profesor de la PUCP.
Para el internacionalista, el riesgo inmediato no es una guerra mundial, sino una expansión regional del conflicto. “Los hutíes en Yemen, Hezbolá en el Líbano o milicias proiraníes en Irak podrían intensificar acciones. Cuando un conflicto empieza a sumar actores, tiende a crecer y no a disminuir”, sostiene.
En ese contexto, la incógnita no solo pasa por cuánto respaldo otorgarán Rusia y China, sino por cuánto podrá resistir el régimen iraní bajo presión. Si logra reorganizarse, la confrontación podría prolongarse; si se fractura, el tablero regional podría reconfigurarse con consecuencias difíciles de prever.













