Después de dos años lejos del teatro, Vanessa Terkes vuelve con “El deseo”, una obra concebida para incomodar, seducir y remover al mismo tiempo. La propuesta, que mezcla música en vivo, baile, humor e interacción con el público, la devuelve a los escenarios no solo por su despliegue, sino por la posibilidad de poner en escena preguntas que hoy también la interpelan.
Después de dos años lejos del teatro, Vanessa Terkes vuelve con “El deseo”, una obra concebida para incomodar, seducir y remover al mismo tiempo. La propuesta, que mezcla música en vivo, baile, humor e interacción con el público, la devuelve a los escenarios no solo por su despliegue, sino por la posibilidad de poner en escena preguntas que hoy también la interpelan.
“Me encantó el guion. Es un espectáculo que abre debates importantes, pensado para remover nuestras mentes y, al mismo tiempo, hacernos disfrutar”, señala la actriz.
Terkes interpreta a un personaje que, no por casualidad, lleva su mismo nombre. El dramaturgo argentino Cásper Espósito construyó la obra a partir de energías cercanas a quienes la encarnan, y la suya es la de una mujer segura de sí misma, que tiene las cosas claras y no busca salvadores.
“No queremos a Superman, sino más bien a un compañero”, dice.
Vanessa Terkes comparte roles con Bettina Oneto, Varo Vargas, Ximena Galiano, La Langosta y Gaizka Pasalodos. (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)
/ Fernando Sangama
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
La obra habla de sensualidad, pero no de una construida para complacer la mirada ajena. Y ahí aparece uno de los temas que más le interesa a la actriz.
“Ser sensual no significa estar disponible. La sensualidad nace cuando una mujer habla desde su verdad, sabe lo que desea y deja de medirse con la mirada de los demás. No la hace sensual sus curvas o que sea superproporcionada”.
Y en Vanessa esa idea parte de experiencias personales. Cuando habla del amor, lo hace desde un lugar al que solo se llega después de varias caídas. “Mi paz no es negociable”, asegura.
“Por amor postergué oportunidades importantes. Llegué a decir que no a viajes, trabajos. Incluso dejé pasar la posibilidad de ir al Mundial o de hacer una novela o una película, solo porque del otro lado había alguien que me hacía sentir que no debía hacerlo. Y una, en nombre del amor, terminaba cediendo”, reconoce.
Precisamente de esa experiencia nace su idea del “amor bonito”. Una menos romántica pero respetuosa.
“El amor bonito es alguien que te quiere así como eres y que no intenta cambiarte. Te da la mano y te dice: ‘Vamos, tú puedes’”.
La exesposa de George Forsyth prefiere no detenerse en su pasado sentimental. Aunque su vida amorosa ha sido pública en más de una etapa, hoy elige hablar desde un lugar más sereno y consciente.
“Mi corazón está contento, gracias a Dios, de tranquilidad. Aprendí mindfulness, gestión de emociones y psicología positiva. Aprendí a meditar, a escucharme y a bajar la velocidad. Ya no soy ese torbellino de antes; bajé las revoluciones. Si alguien se ha equivocado en la vida, he sido yo, pero justamente por eso ahora ya no repito los mismos errores”, dice.
Reconoce que hubo un tiempo en el que se perdió a sí misma. Volver a encontrarse no fue inmediato, sino el resultado de un proceso largo, paciente y profundamente personal.

Vanessa vuelve a las tablas después de dos años de ausencia. (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)
/ Fernando Sangama
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
“Hubo una etapa de mi vida en la que estaba callada, herida y con mucha dificultad para expresarme. Fue un tiempo duro, y volver a mí no fue inmediato. Pero en ese proceso de buscarme encontré una versión mucho más fuerte, más poderosa”.
Por eso “El deseo” no solo marca su regreso al teatro, sino también una etapa de libertad y de decisiones más conscientes. “Lo más importante lo tenemos siempre adentro de nosotros”, subraya.




