El nuevo Congreso bicameral está a poco de iniciar funciones, y existen algunos detalles procedimentales que se desarrollarán a partir de su instalación que debemos tomar en cuenta, pues de eso dependerá el correcto funcionamiento en los primeros seis meses. De no proceder correctamente –antes de siquiera pensar en una agenda–, lo que se avecina puede ser un verdadero caos.
Lo primero a tener en cuenta es el tema del personal. ¿Qué pasará con el ‘staff’ de la era unicameral? Se necesita un equipo mínimo para garantizar la instalación, pero el Parlamento tiene una planilla sobrepoblada. Existen versiones que hablan de que –después de más de 15 años– se retomaría un concurso público para determinar quiénes se quedan. ¿Pero eso cuánto podrá demorar? Difícil imaginar que lo hagan hasta agosto.
A este panorama debemos agregar que ahora tendremos 60 senadores, que se suman a los 130 diputados. En total, 190 legisladores que tendrán más de 1.300 trabajadores en sus despachos (más de 400 asesores adicionales a los de la era unicameral). El problema se agrava porque la mayoría no opta por personal técnico o experimentado en temas legislativos, sino que en el arranque apuestan por pagar favores de su personal de campaña o a sus financistas.
Como segundo punto están las áreas que dependen de la Mesa Directiva (Fondo Editorial, Cooperación Internacional, Participación Ciudadana, entre otras). No queda claro cómo se repartirán estas oficinas porque cada cámara –la de diputados y senadores– tendrá su propia Mesa Directiva. Es sabido que las reparticiones de estas oficinas son puestas sobre la mesa en la conformación de las listas para la Mesa Directiva.
Lo tercero a tener en cuenta: las comisiones ordinarias que también son materia de negociación para la Mesa Directiva. El número de cupos se ha reducido y tenemos dos cámaras que pelearán por sus intereses (difícilmente se priorizan los perfiles técnicos para las presidencias).
En resumen, tendremos una serie de disputas en medio de los acomodos propios para el retorno de un sistema bicameral, al cual se vuelve tras más de 30 años. Y en el corto plazo tenemos una agenda importante por definir: la delegación de facultades legislativas anunciadas por el nuevo gobierno, la ratificación de Julio Velarde en el BCR, el futuro del Reinfo y la Ley de Presupuesto 2027.
El panorama no es nada alentador, y tomará un tiempo poder ver cómo funciona la coordinación entre diputados y senadores, si es que esta relación no se desgasta en el primer tramo de la gestión. Me temo que varios diputados llegan con una agenda populista, con lo que el Senado deberá poder decir que no desde el arranque. ‘Winter is coming’.




