Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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A más de 3.700 kilómetros del continente, Isla de Pascua o también conocida como Rapa Nui ofrece paisajes difíciles de reproducir en un estudio: volcanes, playas de aguas turquesas y los moáis que forman parte de su patrimonio cultural. Ese escenario fue uno de los protagonistas de “Wild Horse Nine” (Caballo Salvaje Nueve»), la nueva película del director británico-irlandés Martin McDonagh. Sin embargo, filmar allí una producción de Hollywood implicó mucho más que trasladar cámaras y actores hasta la isla. Hubo que aprender a trabajar bajo otras reglas, adaptar los planes de rodaje y, sobre todo, entender que cada decisión debía respetar un territorio arqueológico y una comunidad con sus propias prioridades.
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Pakarati conoce ambas experiencias: participó en la producción de Rapa Nui cuando era joven y volvió a involucrarse en una gran filmación décadas después. Para él, una diferencia fundamental es que esta vez la comunidad tuvo un papel más activo en la administración del parque y en la definición de las condiciones del rodaje.
El aprendizaje de la película de 1993 también fue importante. Pakarati recuerda que entonces se produjeron daños al patrimonio arqueológico, entre ellos incidentes relacionados con moáis. Esa experiencia reforzó la necesidad de establecer reglas claras para Wild Horse Nine. El nuevo protocolo buscó evitar impactos sobre los sitios arqueológicos y, al mismo tiempo, permitir que los visitantes continuaran recorriendo la isla.
La protección del patrimonio también llegó al guion y a la puesta en escena. Pakarati cuenta que una secuencia ambientada en Ahu Tongariki incorporó una intervención solicitada por la comunidad: una de las personajes cuestiona a quienes se comportan irrespetuosamente en un espacio sagrado. Otros detalles fueron modificados para evitar que los actores pisaran plataformas ceremoniales o apoyaran objetos sobre estructuras arqueológicas. En algunos casos, el equipo recurrió a piedras colocadas especialmente para la escena y a decisiones de encuadre o posproducción para no intervenir físicamente el lugar.

A difenrencia de 1993, el cuidado del patrimonio de la isla era una prioridad.
/ Alejandra Garboza
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No todo el mundo pudo participar en el rodaje. Algunas personas prefirieron continuar con sus compromisos laborales en el turismo, mientras que otras se sumaron como extras o en áreas de producción, vestuario, maquillaje y asistencia. Kaltenegger Icka considera que la experiencia dejó una lección para futuras producciones: además de contratar mano de obra local, es necesario reconocer e incorporar a los profesionales audiovisuales que ya existen en la isla.
La experiencia de Rapa Nui permite plantear una comparación con Perú, aunque las condiciones no son idénticas. Una producción internacional que elija locaciones peruanas también debe coordinar permisos, transporte, alojamiento, contratación de personal y protección de espacios patrimoniales o naturales. Sin embargo, filmar en el territorio continental ofrece, en muchos casos, una ventaja logística: existe una mayor conexión por carretera entre ciudades y regiones, así como más alternativas para trasladar equipos y resolver imprevistos. En una isla remota, en cambio, una máquina averiada o un envío retrasado pueden afectar directamente el calendario de trabajo.
En el Perú, filmar una producción de Hollywood es posible, pero el país todavía enfrenta una desventaja frente a otros destinos de la región: la falta de incentivos económicos específicos para atraer grandes rodajes extranjeros. Aunque existen mecanismos de promoción como Film in Peru, de PROMPERÚ, que asesora a las productoras en la búsqueda de locaciones, la gestión de permisos y la coordinación con autoridades, los trámites pueden involucrar a distintas instituciones según el lugar elegido: municipalidades para las vías públicas, el Ministerio de Cultura para los sitios arqueológicos y el Sernanp para las áreas naturales.
La diferencia también está en la competencia regional. Colombia, por ejemplo, ofrece devoluciones e incentivos tributarios a las producciones internacionales que contratan servicios locales. Esa política ayuda a explicar por qué Paddington en Perú, pese a llevar el nombre del país, filmó solo algunas escenas en territorio peruano y trasladó buena parte del rodaje a Colombia. En cambio, Transformers: el despertar de las bestias sí realizó una parte importante de su producción en el Perú.

Gran parte de Transformers 7 se grabó en Cusco.
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Así, mientras que en Rapa Nui el desafío de Wild Horse Nine estuvo marcado por la logística y el compromiso de filmar respetando el patrimonio y la vida cotidiana de sus habitantes, en el Perú el reto pasa también por consolidar un entorno que facilite la llegada de grandes producciones. En ambos casos, el atractivo de las locaciones es solo el punto de partida: detrás de cada película hay una red de permisos, acuerdos, profesionales y decisiones que determina si un territorio puede convertirse, efectivamente, en un set de filmación.
Más allá de las dificultades, Pakarati considera que Wild Horse Nine puede abrir una nueva etapa para la actividad audiovisual de la isla. Durante mucho tiempo, explica, se pensó que Rapa Nui solo podía servir como escenario para historias relacionadas con su propia cultura. Esta película demostró que sus paisajes también pueden representar otros lugares: una playa puede convertirse en un escenario caribeño y un paisaje volcánico, en un territorio completamente distinto.
La producción dejó trabajo, experiencia y una oportunidad para que profesionales locales participaran en un proyecto internacional. También permitió mostrar que la isla cuenta con capacidades para recibir rodajes de gran escala sin renunciar a sus reglas de protección ni paralizar su actividad cotidiana. Pakarati espera que esa experiencia anime a otras producciones a considerar Rapa Nui como locación y abra nuevas alternativas laborales para las generaciones jóvenes.
El vínculo con el cine, además, viene de antes. Después de participar en la película de Kevin Costner, Pakarati decidió permanecer en la isla y desarrollar su propia productora. Más adelante impulsó espacios de formación audiovisual y trabajó con jóvenes en áreas como cámara, sonido y periodismo. Hoy identifica una nueva generación de profesionales que puede sumarse a futuros proyectos.
La película también tendrá un encuentro especial con la comunidad. Según adelantó Pakarati, se prepara una primera proyección en Rapa Nui para la segunda semana de noviembre, con el propósito de compartir el resultado del trabajo con quienes hicieron posible el rodaje. La producción contempla una exhibición adaptada a las condiciones de la isla.
Para Kaltenegger Icka, la expectativa de los habitantes por ver la película refleja el interés que despertó el proyecto. Pero la verdadera ganancia, más allá de la pantalla, será que la experiencia permita consolidar una participación local más amplia en futuras producciones porque el desafío de filmar en Rapa Nui no termina cuando se apagan las cámaras, también consiste en dejar capacidades, oportunidades y una relación de respeto con el lugar que hizo posible la historia.


