Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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En julio de 2003, una niña británica de 12 años desapareció de su casa para encontrarse en Francia con un exmarine estadounidense al que había conocido por Internet. El caso conmocionó al Reino Unido. La adolescente fue manipulada durante meses por un hombre que terminó condenado por secuestro y delitos sexuales. A partir de ese episodio, que impulsó cambios en la legislación británica, nació una de las obras más impactantes del teatro contemporáneo, “Blackbird”, que hasta el 9 de agosto se presentará en el Teatro de Lucía.
En julio de 2003, una niña británica de 12 años desapareció de su casa para encontrarse en Francia con un exmarine estadounidense al que había conocido por Internet. El caso conmocionó al Reino Unido. La adolescente fue manipulada durante meses por un hombre que terminó condenado por secuestro y delitos sexuales. A partir de ese episodio, que impulsó cambios en la legislación británica, nació una de las obras más impactantes del teatro contemporáneo, “Blackbird”, que hasta el 9 de agosto se presentará en el Teatro de Lucía.
Escrita en 2005 por el dramaturgo escocés David Harrower, la obra no reconstruye el crimen que inspiró su escritura. En cambio, imagina el reencuentro entre una mujer de 27 años y el hombre que abusó de ella cuando tenía apenas 12. Durante noventa minutos, ambos se enfrentan en una conversación donde afloran la culpa, la memoria, el dolor y las emociones contradictorias que deja una experiencia traumática.

La obra Blackbird, del dramaturgo escocés David Harrower, presenta el reencuentro entre una mujer y el hombre que abusó de ella cuando era niña, en un intenso duelo actoral que explora las secuelas del abuso y la complejidad de la memoria. (Foto: Daniel Bengoa)
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Lejos de adaptar el texto al contexto peruano, el director Mikhail Page decidió respetar la versión original. Para él, se trata de un clásico contemporáneo que merece presentarse por primera vez tal como fue concebido. “Es una obra necesaria en un país como el nuestro, donde hay una normalización en cuanto a estas prácticas. Y no solo es el acto en sí, sino las consecuencias, en ver cómo el victimario puede rehacer su vida, pero la víctima no”, sostiene.
Su estructura intimista —apenas dos personajes, interpretados por Sergio Paris y Tania López, atrapados en una conversación durante noventa minutos— convierte el escenario en un espacio donde el enfrentamiento ocurre tanto entre los personajes como dentro del propio espectador. La obra evita dictar una sentencia moral. Prefiere sostener una conversación en la que las certezas se resquebrajan y cada espectador debe enfrentarse a preguntas para las que no existen respuestas definitivas.
Dirigida por Mikhail Page, la puesta en escena apuesta por respetar el texto original y propone al público una reflexión sobre las consecuencias del abuso, evitando respuestas simples o juicios morales cerrados. (Foto: Daniel Bengoa)
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Aunque el punto de partida es una relación ilegal entre un adulto y una menor de edad, Page sostiene que el verdadero conflicto de “Blackbird” aparece cuando el delito ya ocurrió. Lo que interesa a Harrower, explica, son las consecuencias que permanecen mucho después de cumplida una condena. “Uno se cuestiona cuál sería la reparación correcta para este tipo de casos. Y probablemente no encuentre una. Entonces, si no hay ninguna reparación, es porque el crimen jamás debería ocurrir”, afirma el director.
La propuesta también desafía al espectador al permitirle escuchar la voz del agresor. No para justificarlo, aclara Page, sino para comprender los mecanismos que hacen posible ese tipo de violencia. “Tenemos que escuchar los argumentos porque necesitamos entender qué pasa en la cabeza de esas personas para poder sacar nuestras propias conclusiones, ver dónde está el error”, explica.
Sergio Paris y Tania López sostienen durante 90 minutos un intenso enfrentamiento escénico que convierte al espectador en testigo de un diálogo marcado por la culpa, el dolor y las emociones contradictorias. (Foto: Daniel Bengoa)
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Ese recorrido emocional alcanza uno de sus momentos más perturbadores cuando la obra muestra que la víctima puede conservar sentimientos contradictorios hacia quien la dañó. “La víctima puede sentir incluso cierto cariño o cierto apego hacia su propio victimario. Es un tema del que casi no se habla y que también forma parte de las consecuencias del abuso. Eso no es amor, no hay que sostener jamás ese argumento”, enfatiza Page.
La puesta en escena también evita convertir a sus personajes en figuras unidimensionales. Durante los ensayos, el reto fue construir una víctima que no quedara reducida a su condición de víctima y un agresor que no apareciera únicamente como un monstruo, sino como un ser humano cuya confusión no atenúa la gravedad de sus actos. Page sabe que “Blackbird” no será una función cómoda para el público. Tampoco pretende que lo sea, “pero es hora de dejar de tapar el sol con un dedo y sentarnos en la mesa a discutir aquello que ocurre todos los días”.
Sobre
Blackbird
Temporada: Hasta el 9 de agosto.
Lugar: Teatro de Lucía (Calle Bellavista 512, Miraflores).
Restricciones: Apta solo para mayores de edad.
Entradas disponibles en Joinnus.




