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El anuncio del retiro de 5.000 soldados de Estados Unidos desplegados en Alemania ha reavivado las direrencias entre la administración del presidente Donald Trump y la Unión Europea (UE), pero sobre todo el alcance y la coherencia de la política exterior de Washington con los países europeos.

El anuncio del retiro de 5.000 soldados de Estados Unidos desplegados en Alemania ha reavivado las direrencias entre la administración del presidente Donald Trump y la Unión Europea (UE), pero sobre todo el alcance y la coherencia de la política exterior de Washington con los países europeos.

La medida, que impacta en uno de los principales centros logísticos militares de este continente, ha sido cuestionada tanto por legisladores republicanos como demócratas en Estados Unidos.

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El presidente estadounidense Donald Trump se reunió con el canciller de Alemania Friedrich Merz en el Despacho Oval de la Casa Blanca el 3 de marzo del 2026. (Foto de Andrew Caballero-Reynolds / AFP).

/ ANDREW CABALLERO-REYNOLDS

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Para el internacionalista Francisco Belaunde Matossian, la decisión no responde a una lógica estratégica clara. “Esta decisión de Donald Trump no es racional, sino que responde a su molestia con Alemania y Europa. Como en otros casos, actúa por impulso y con ánimo de venganza”, señala a El Comercio.

La decisión de Trump se da luego de que el canciller alemán, Friedrich Merz, asegurara que la República Islámica de Irán había “humillado” a Estados Unidos con su lentitud para negociar el fin de la guerra en Oriente Medio. “Es evidente que los estadounidenses no tienen estrategia”, agregó Merz el pasado lunes durante una visita a un centro de edudación al oeste de Alemania.

Ahora, luego de que se conociera la salida de los 5.000 soldados estadounidenses de territorio alemán, las críticas se trasladaron a Washington. Legisladores republicanos como Roger Wicker y Mike Rogers, presidentes de los comités de Servicios Armados de la Cámara de Representantes y del Senado, respectivamente, se han mostrado “muy preocupados” por la medida en un comunicado en conjunto, donde añadieron que el repliegue envía un mensaje equivocado a Rusia.

36.000

soldados estadounidenses se encuentran desplegados en unas 40 bases militares en Alemania.

En tanto, el congresista demócrata Adam Smith, que forma parte del comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, sostuvo que la medida carece de una “política coherente de seguridad nacional de Estados Unidos” y “envalentonaría a Rusia”.

Belaunde coincide en que el efecto geopolítico del retiro favorece a Moscú, aunque no necesariamente haya sido calculado. “Obviamente a Rusia le conviene, pero no es algo que Donald Trump haya previsto. Si tiene consecuencias geopolíticas, no le importa”, afirma el profesor de derecho internacional público y relaciones internacionales.

El despliegue militar estadounidense en Alemania, repartido en decenas de instalaciones, principalmente en el sur y suroeste del país, ha sido durante décadas un pilar de la presencia de Washington en Europa y un elemento clave de disuasión dentro de la OTAN.

Sin embargo, la decisión actual vuelve a poner en cuestión esa arquitectura de seguridad, en un contexto marcado por crecientes tensiones con Rusia y por el temor en Europa a una escalada mayor en el flanco oriental, donde la guerra con Ucrania ya lleva más de cuatro años.

Un aliado en tensión

El anuncio también revive las fricciones históricas entre Trump y los líderes europeos, en particular con Alemania. Durante su primer mandato, el republicano ya había planteado reducir la presencia militar en ese país, en medio de su mala relación con la entonces canciller Angela Merkel.

“A Trump nunca le gustó la OTAN. No le gustan las alianzas ni las obligaciones que implican para Estados Unidos”, explica Francisco Belaunde, al subrayar que su visión de la política exterior es abiertamente crítica de los compromisos multilaterales.

En ese contexto, el repliegue militar se interpreta también como parte de un distanciamiento más amplio con Europa. “Su entorno está formado por personas que, en general, le dicen que sí a todo. No sabemos si hubo discusión o si simplemente decidió el retiro sin mayor debate”, añade el analista internacional.

El impacto no es solo simbólico. Y es que Alemania ha sido históricamente un eje estratégico para las operaciones militares estadounidenses en Europa desde la Guerra Fría, y su debilitamiento podría tener consecuencias diplomáticas y operativas.

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El presidente estadounidense Donald Trump habla con periodistas en el Aeropuerto Internacional de Palm Beach, en West Palm Beach, Florida, el 2 de mayo de 2026, antes de abordar el Air Force One con destino a Miami. (Foto de Jim Watson / AFP)

El presidente estadounidense Donald Trump habla con periodistas en el Aeropuerto Internacional de Palm Beach, en West Palm Beach, Florida, el 2 de mayo de 2026, antes de abordar el Air Force One con destino a Miami. (Foto de Jim Watson / AFP)

/ JIM WATSON

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A la par, varios países europeos han comenzado a reforzar sus capacidades de defensa ante la percepción de una menor garantía de seguridad por parte de Washington. Alemania, en particular, ha planteado aumentar su gasto militar y asumir un rol más protagónico en la defensa regional.

“Alemania, que tiene la mayor economía del mundo, que tiene mayor margen para endeudarse, apunta a convertirse en el primer ejército europeo. Este objetivo no se ha trazado ahora, sino desde que Estados Unidos se mostró lejano a Europa y no lo hace como para asustar a sus vecinos, sino como parte de la defensa europea”, agrega el docente.

Belaunde concluye sosteniendo que este tipo de acciones de Estados Unidos también obliga a los europeos a “asumir un mayor papel en su propia defensa”, en un escenario donde las tensiones geopolíticas y las decisiones unilaterales reconfiguran el equilibrio de poder en Europa.

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