sábado, mayo 30

La capital peruana conoce a Julio Chávez (Buenos Aires, 1956). En el 2006 el Festival de Cine de Lima le dio el premio a Mejor actor por “El custodio”, donde interpretó a un guardaespaldas cuya violencia contenida estalla en el clímax narrativo. Pero en esa ocasión él no conoció la ciudad. Nada personal, es solo que casi nunca recibe en persona los premios. Estos eventos lo encuentran trabajando o viviendo su vida. ¿Cómo recibió aquella victoria? “No te quiero mentir porque no es un sentimiento que tenga tan fresco, pero seguramente con mucha alegría y mucho agradecimiento”, cuenta el actor a El Comercio vía Zoom.

Veinte años después el actor llega a Lima a protagonizar “La Ballena”, teatro basado en el libreto de Samuel D. Hunter sobre Charlie, profesor con obesidad mórbida y los vínculos que teje con su mejor amiga Ana (Laura Oliva), su exesposa María (Emilia Mazer), su hija Ellie (Manuela Yantorno) y un mormón que quiere salvarle el alma, Tomás (Octavio Murillo). Charlie sabe que va a morir pronto, apenas puede moverse solo y las dos pizzas familiares que se come cada noche no son de ayuda. También es un hombre en permanente duelo por una tragedia personal.

Chávez no ha visto “La ballena”. La película que le dio el Oscar a Brendan Fraser, esto es. “No vi la película ni la veré, de manera que cuando hablo de ella yo no sé muy bien de qué hablo. Pero sé de mucha gente que, cuando se acercó a ver la obra, se sorprendió porque temían tener que atravesar nuevamente una cierta oscuridad que plantea la película y nuestra obra de teatro no la tiene”. El actor se refiere a que la película es por momentos muy “fuerte” por sus imágenes [la dirigió Darren Aronofsky, un sádico del cine], pero que la versión para teatro dirigida por Ricky Pashkus es otra cosa.

“Yo quise construir un ser empático”, sostiene Chávez, en oposición a despertar compasión por el estado físico que representa; en la obra el actor viste un traje hecho a su medida para simular su estado de salud. Sí es un protagonista al que le gustaría desaparecer, pero que no puede a diferencia del rol de “El custodio”, hombre que tenía que borrar su presencia.

“Son roles sin lugar a dudas muy diferentes que me tocan además en momentos de la vida muy diferentes. Yo hace 20 años no hubiera podido comprender al Charlie, o lo hubiera comprendido con las herramientas de aquel momento, pero me alegra tenerlo hoy porque los roles son un hermoso espacio en donde uno también se encuentra con uno mismo, con lo que tienes, con lo que no tienes, con lo que piensas, por cómo ves el mundo, qué vínculo tienes con el oficio. Porque el oficio es como una relación de pareja, no está siempre en el mismo punto”.

La obra también funciona como una reflexión sobre el ser humano y la relación que tiene con su cuerpo, expresada en el extremo de Charlie. Chávez por su parte todavía considera que hay misterios sobre este maestro, como el motivo que lo llevó a descuidarse. “Para mí es parte del atractivo de la obra es presentar un personaje, Charlie; se prende la luz y vos ves un hombre que pesa 230 kilos sobre un sillón y sin lugar a dudas uno se pregunta qué le pasó. Porque hay que llegar a esa situación. Y el “¿qué le pasó?” es una hermosa pregunta para que el espectador que se sienta abstraído a mantenerse sentado en una butaca para que le cuenten un cuentito”, relata el intérprete, quien revela además que durante el estreno en Argentina se habló de una aparente discriminación al cuerpo del personaje principal.

Chávez: “Escuché esos comentarios y los entendí de una manera absolutamente contraria. Nosotros no discriminamos a Charlie, lo involucramos en el problema humano. ¿Un hombre de 230 kg no puede tener conflicto con su hija, no puede tener conflicto con la religión? ¿No puede ser tocado, no puede ser involucrado en el problema de la conciencia o de la existencia? Entonces yo digo, por el contrario, vamos a incluirlo en la tragedia humana”.

Enfoque docente

Chávez lleva décadas como maestro de actores. Le preguntamos sobre esta parte de su vida, que, en sus palabras, es fundamental para entender su proceso.

“He tenido la dicha de tener el casamiento con la docencia casi al mismo tiempo que empecé a trabajar como actor. Desde muy chico empecé a dar clases, a los 22 años. Y nunca he dejado el espacio de entrenamiento. Es un espacio muy importante para mí, porque ahí reflexiono acerca del oficio del actor, del teatro y de la actuación, y al mismo tiempo es un espacio que me obliga a poner en práctica lo que digo en mi espacio como actor. De manera que estoy revalidando todo el tiempo mis conceptos, mis creencias, mis metodologías, mi entendimiento del oficio, y es un espacio donde me siento muy obligado, y doblemente obligado como actor, porque hay muchos actores o actrices que están esperando ver si yo intento aplicar lo que creo que hay que hacer. En ese sentido [tras ‘La Ballena’], vuelvo al espacio de las clases y puedo estar tranquilo que la gente que se entrena está viendo que intento aplicar lo que invito a hacer. Con resultados que te pueden gustar o no. Ahí ya tenemos otro tema, pero lo que sí estoy seguro es que en la cancha intento meter el cuerpo como invito a los otros a que metan el cuerpo.”

DATO

“La ballena”. Del 5 al 7 de junio, Teatro Canout (Avenida Petit Thouars 4550, Miraflores, Lima). Entradas en Teleticket. 25% de descuento para suscriptores El Comercio.

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