Un cadáver aparece en las calles de Lima. Le faltan dos pedazos de carne en la espalda, por la zona de los omóplatos. Pudo haber sido una cifra más en las estadísticas de violencia, pero luego apareció otro en las mismas condiciones. Y luego uno más. Todos venezolanos. Así empieza “El ángel patriota”, uno de los cuentos que Roberto Bernui (Lima, 1990) incluye en su primer libro de narrativa, “Ojalá sea esta noche”. Los textos están marcados por la cercanía con la actualidad, por el lenguaje que se escucha en las calles, en las redes, en las casas. También por elementos sobrenaturales.
“Muchos de mis cuentos tienen una carga satírica, medio oscura. Siempre me divierto escribiendo”, dice Bernui en entrevista. “El ángel…” en particular se lee a manera de una crónica periodística, acompañada de mensajes que imitan el registro de la red social X (Twitter). Con palabras prefijadas por un numeral (#), inflamatorias, típicas de internet. En otro de sus cuentos, una adolescente desarrolla una relación parasocial con la inteligencia artificial que edita sus fotos para hacerla parecer más atractiva.
“La primera vez que escribí fue un fan fiction. Hice dos, tres capítulos”, cuenta Bernui sobre sus orígenes. Se trató de un fanfic de “Gantz”, manga famoso por sus excesos. “De ahí comencé a escribir algunos cuentos propios. Mi primer referente fantástico fue Borges. Me asombraba que aquí, al menos en esa época, no había visto muchos referentes de lo fantástico en literatura peruana.”
“Lo fantástico es un mecanismo, es un conducto para retratar dolores modernos, actuales”.
Una expareja que podría haber poseído al gato, una página internet secreta que concede deseos e incluso un grupo de pishtacos que se dan el lujo de rechazar víctimas. Todas estas historias tienen lugar en el recopilatorio del autor, que cita entre sus influencias a las autoras Mariana Enriquez, Samantha Schweblin, Mónica Ojeda y Giovanna Rivero.
Si bien hay una tradición peruana de fantasía y ciencia ficción superior a los 100 años, el canon principal no le ha hecho mucho caso a estos géneros. “Yo creo que es la bendición y maldición de Mario Vargas Llosa, que se instala como un referente de literatura muy potente y lo que le sigue es una tradición realista”, dice el escritor. “El canon creo que sigue esa tendencia. De ahí vienen también Ribeyro, Arguedas, todos los grandes exponentes de literatura peruana creo que se han orientado más al realismo”.
“Creo que ha sido un tema de circunstancia que el realismo sea tan potente acá y que se ha seguido una tradición fuerte, constante y muy buena. En Argentina es distinto. Tiene los referentes que pueden ser Borges o Cortázar, que sí trabajan el fantástico y que son equiparables a nivel de peso, de presencia, con los que te he mencionado. Hay una historia mucho más fuerte, hay un canon mucho más fuerte en el realismo acá que se lo debemos a estos ejemplos literarios que tenemos”, justifica Bernui.
Fantasía o no, los relatos captan el lenguaje contemporáneo. Por momentos pareciera que el lector afina el oído una conversación ajena, de esas que pueden ocurrir en un bus. El autor confirma estar siempre atento a cualquier cosa que pueda convertirse en una historia. También utiliza el registro del chat, porque la vida se mueve no solo en conversaciones presenciales o por teléfono, sino por texto.
“Tengo amigos con los que con los que no hablo en meses y no los veo en persona, pero tenemos una comunicación constante por WhatsApp. Entonces no quería ocultar ese tipo de interacciones que existen en nuestra vida hoy en día, los comentarios que nos pueden hacer por redes sociales los extraños. Todo eso ya es parte de nuestro día y nuestra realidad y yo lo que quiero retratar es algo que se asemeja mucho a lo que estamos viviendo hoy”, sostiene.
Finalmente, por más que abrace la tecnología, para Bernui el arte es algo humano. De ahí que la portada del libro haya sido hecha por una artista real, en este caso Salima Black. “Siento que [la IA] puede tener alguna utilidad para rebotar ideas, quizá, pero como producto final, no. Me daría un poco de vergüenza, la verdad”.



