Aunque la Casa Blanca asegura que se trata de “menciones sin relevancia”, muchos de sus seguidores consideran que el presidente ha incumplido su promesa de transparencia. En redes sociales y medios afines —como ‘Truth Social’ o ‘Gateway Pundit’— crecen los mensajes que piden explicaciones. Algunos lo acusan de un doble discurso: mientras antes exigía revelar toda la verdad sobre Epstein, ahora es su gobierno el que frena la publicación de los archivos.
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A ello se suma una tensión narrativa, si Trump bloquea la divulgación, puede parecer que oculta algo. Pero si permite que se revelen los documentos, cualquier mención —por más anecdótica que sea— podría ser explotada mediáticamente. La controversia ya opaca logros recientes, como acuerdos comerciales o avances legislativos en su plan de reducir el tamaño del Estado.
El Caso Epstein como boomerang político
El último capítulo de esta crisis estalló este miércoles 23 cuando The Wall Street Journal reveló que en mayo pasado el presidente fue informado por el Departamento de Justicia de que su nombre figura en múltiples ocasiones en los archivos del Caso Epstein. La comunicación habría tenido lugar durante una “sesión informativa de rutina”, en la que ese no era el tema central, según el medio. La información fue confirmada también por The New York Times y CNN.
En la reunión, la fiscal general, Pam Bondi, y su segundo al mando, Todd Blanche, habrían advertido que los archivos contenían “rumores no verificados sobre muchas personas, incluido Trump”, relacionadas con Epstein en el pasado.
Cabe precisar que el hecho de que el nombre de Trump aparezca no implica delito. Podrían ser registros de vuelos, testimonios o simples referencias. No obstante, genera suspicacia.
Durante su primer mandato, y en concordancia con las demandas del MAGA, Trump se comprometió a desclasificar todo lo relacionado con Epstein. Pero en esta segunda administración, su gobierno parece haber optado por contener el caso. Bondi publicó una primera entrega de documentos que resultó decepcionante para sus seguidores. La segunda parte nunca llegó.

En julio, el Departamento de Justicia emitió un memorando sin firma que descartaba la existencia de una “lista de clientes incriminatoria”. Y el 23 de ese mes, la jueza federal Robin Rosenberg rechazó la solicitud oficial —impulsada por la propia administración Trump— de desclasificar las transcripciones del gran jurado sobre los casos de 2005 y 2007 en Florida. Según la magistrada, no se cumplían las condiciones legales necesarias.
Para muchos, esa negativa judicial fue previsible. Algunos analistas sostienen que el pedido fue más bien una jugada simbólica, sin intención real de liberar los archivos.
Esa decisión podría convertirse en un boomerang político para Trump, quien siempre buscó diferenciarse de la clase política tradicional, a la que acusó de estar en un pantano.
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“Mientras que el republicanismo tradicional defendía el libre comercio y la cooperación internacional, el MAGA propone un repliegue nacionalista y una ruptura con las normas institucionales de Washington. Estas diferencias explican por qué el caso Epstein, vinculado al ‘pantano’ que Trump prometió drenar, genera tensiones especialmente entre quienes lo siguen por esa promesa de limpieza moral y política”, señala Alonso Cárdenas, internacionalista y profesor de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).
“El caso Epstein es una pieza clave en el discurso de Trump contra la élite, a la que ha acusado de corrupción moral y complicidad con el poder. Limpiar el pantano —uno de sus lemas más populares— incluía justamente destapar escándalos como este, asociados a figuras demócratas y de Hollywood. Pero al quedar él mismo salpicado, la narrativa se debilita ante los ojos de sus propios seguidores”, añade el también especialista.
Decepción entre las filas leales

Los sectores más duros del movimiento MAGA, que durante años promovieron teorías conspirativas sobre Epstein, hoy expresan su frustración. Figuras afines a Trump, como el influencer Joey Mannarino, han señalado contradicciones en el relato oficial.
El escándalo Epstein no es cualquier tema. Es inmediato, fácil de entender para el votante promedio, y está cargado de morbo. “A diferencia de la agenda arancelaria, migratoria o incluso la guerra en Ucrania —más lejana para muchos votantes—, lo de Epstein toca fibras simbólicas. Se siente como un caso del día a día, donde está en juego la verdad, la élite corrupta y la traición”, sostiene Cárdenas.
La narrativa conspirativa ha sido parte estructural del universo MAGA. Durante años, Trump alimentó teorías como la del supuesto nacimiento en el extranjero de Barack Obama. Hoy, muchas de esas mismas teorías se vuelven contra él. Voceros cercanos, como Tucker Carlson, han llegado a afirmar que Epstein era un agente del Mossad que grababa lo que ocurría en sus fiestas para chantajear a políticos y empresarios.
“La transparencia sería lo sensato. Pero si Trump la elige, podría quedar expuesto. Si no lo hace, parece que tiene algo que esconder. Es una situación que puede escalar fácilmente”, advierte el también docente de la UARM.
Todo esto podría afectar no solo al líder republicano, sino también a su entorno político, más aún cuando inician las preparaciones para las elecciones legislativas.
“A medida que el caso gana atención pública, aumenta el riesgo de que se traduzca en pérdidas concretas para el oficialismo en las legislativas de 2026. En juego hay entre 40 y 50 escaños de representantes identificados con el MAGA, y entre 5 y 10 en el Senado. Una fractura interna podría ser decisiva”, advierte Cárdenas en diálogo con este Diario.
Pese a ello, el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, calificó de “fake news” los reportes sobre la reunión de mayo. Dijo que se trata de “otra historia falsa”, en referencia también a una carta de tono “obsceno” enviada por Trump a Epstein, publicada por The Wall Street Journal días antes, y que el presidente negó categóricamente. Incluso demandó al diario.
Llamado al Congreso y nueva presión
La presión sobre la fiscal general, Pam Bondi, aumenta. El senador demócrata Adam Schiff pidió que ella y el director del FBI, Kash Patel, testifiquen ante la Comisión de Asuntos Jurídicos del Senado. “Necesitamos llevar a Bondi y a Patel ante la Comisión para que expliquen esto”, escribió en X.
El escándalo ha comenzado a hacer mella en la imagen de Trump, justo cuando intentaba consolidar su narrativa de outsider enfrentado al sistema. El caso Epstein, lejos de cerrarse, se perfila como una grieta dentro de su propio movimiento político.
El Departamento de Justicia estadounidense interrogó el jueves a la expareja y cómplice del delincuente sexual Jeffrey Epstein en la prisión donde está encarcelada, en Florida, informaron medios estadounidenses.
Ghislaine Maxwell fue condenada en 2022 a 20 años de prisión por tráfico sexual, acusada de haber reclutado a menores de edad entre 1994 y 2004 para ser explotadas sexualmente por Epstein.


