La última vez que Donald Trump y Xi Jinping se vieron fue hace casi medio año en Corea del Sur, cuando ambos mandatarios sostuvieron una reunión bilateral al margen de la reunión de líderes del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) celebrada en el país asiático a fines de octubre del 2025.
La última vez que Donald Trump y Xi Jinping se vieron fue hace casi medio año en Corea del Sur, cuando ambos mandatarios sostuvieron una reunión bilateral al margen de la reunión de líderes del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) celebrada en el país asiático a fines de octubre del 2025.
Del encuentro de una hora y media salió humo blanco: los presidentes de Estados Unidos y China acordaron una tregua en la guerra comercial desatada desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, cuando anunció la imposición de aranceles globales a las importaciones de productos a su país, siendo el gigante asiático uno de los más afectados.
Así pues, Beijing se comprometió a comprar 25 millones de toneladas métricas anuales de soja entre los años 2026 y 2028, aplazar un año los controles a las exportaciones de tierras raras y tomar medidas enérgicas contra los precursores químicos utilizados para fabricar fentanilo ilícito en EE.UU.
Washington, por su parte, acordó rebajar los aranceles a los productos chinos en 10 puntos porcentuales (con lo cual el impuesto se redujo a aproximadamente el 45%) , suspender una investigación sobre las prácticas chinas de construcción naval y retrasar una nueva norma de restricción de exportaciones.
En febrero de este año Trump y Xi sostuvieron una llamada telefónica en la cual abordaron la posibilidad de realizar visitas mutuas a sus respectivos países. Además, abordaron someramente asuntos espinosos como las declaraciones o actuaciones del líder republicano respecto a Venezuela, Cuba o Groenlandia, e incluso sobre lugares donde el gigante asiático tiene intereses vitales, como el Canal de Panamá o la isla de Taiwán.
A fines de ese mes un nuevo escenario de tensión mundial se abrió con el comienzo de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, conflicto en el cual Beijing no se ha implicado directamente ni pretende hacerlo, pero que ha generado una renovada tirantez con Washington en momentos en los que se prepara el ambiente para una nueva cita entre los jefes de las dos mayores potencias del planeta.
Viaje con cielo nublado
Los días 14 y 15 de mayo Donald Trump es esperado en Beijing. La visita estaba pactada inicialmente para fines de marzo, pero se postergó debido a la guerra en Irán. El conflicto en Medio Oriente aún no acaba y Estados Unidos incautó esta semana un barco con armas, insinuando que era un ‘regalo’ de China, que estaría ayudando a Irán a reconstruir su poderío bélico. “Pensé que tenía un entendimiento con el presidente Xi, pero está bien, así es la guerra, ¿verdad?”, ironizó Trump en su red social. Recordemos que China es un socio comercial estratégico de la nación persa, ya que más del 80% de las exportaciones de petróleo iraní tenían como destino China antes de que estallara la guerra.
Maniobras y colisiones
Ante la sospecha del envío de productos químicos chinos para misiles en Irán, Beijing dijo que rechaza “falsas asociaciones y especulaciones”. Según la inteligencia estadounidense, además, China se está preparando para entregar un nuevo sistema de defensa aérea al estado persa en las semanas venideras. Pero los cortocircuitos no han quedado solo con el incidente de esta embarcación. A propósito del inicio de ejercicios de combate entre Estados Unidos, Filipinas y otros aliados frente al Mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán, el gobierno chino habló de “intimidación militar” y advirtió -sin mencionar a Washington- que llevar fuerzas extranjeras con un historial de impunidad a la región podría generar una confrontación.
Expectativa creciente
¿Estos choques ponen entonces en duda la cita entre Xi y Trump? No necesariamente. El analista Ryan Hass, director del Centro de China en la Institución Brookings, le dijo a la agencia Bloomberg que ambas potencias están empeñadas en que estas turbulencias no empañen sus relaciones más amplias: “Beijing está centrado en mantener una calma incómoda en las relaciones y Washington quiere demostrar que tiene las relaciones con China bajo control”. Para Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar de Defense Priorities, “Trump no puede permitirse una costosa guerra comercial renovada con China y probablemente no quiera descarrilar su próxima visita a Beijing”.
La agenda bilateral
Tal como señala la cadena France24, se prevé que el encuentro de mediados de mayo sea seguido muy de cerca por empresas globales. Entre los temas y áreas de agenda a tratar estarían el mercado de semiconductores, los automóviles eléctricos y las compras de energía, así como asuntos vinculados a la agroindustria y la aeronáutica. En este último punto recordemos que China es el principal comprador de Boeing y que en abril del año pasado suspendió la recepción de aviones, así que la cadena gala especula sobre un posible anuncio como secuela de la cita. Habrá que ver si se materializa también una visita recíproca de Xi Jinping a Washington en el segundo semestre de este 2026.




