jueves, junio 4

Durante años fue impensable imaginar a Lionel Messi fuera del centro de cualquier conversación sobre Argentina. Hoy, sin embargo, el capitán campeón del mundo llega a la antesala de su último Mundial envuelto en una pregunta inédita: qué tan decisivo puede ser todavía un futbolista que ya no juega los 90 minutos y cuya titularidad indiscutible empieza a admitir matices. Para descifrar esta especie de pregunta que nadie se atreve a hacer, conversamos con el periodista y escritor argentino Alejandro Wall, autor de libros que retratan la historia de la Albiceleste como “Ahora que somos felices”, La tercera» y joyas como el retrato perfecto al entrenador en “Revolución Scaloni”.

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En esta entrevista, Alejandro reflexiona sobre el ocaso natural de Messi, la posibilidad —hasta hace poco herética— de verlo asumir un papel secundario y el desafío de administrar su despedida sin convertirla en una carga (o la inevitable exigencia de esperar aún su magia). También aborda el futuro de Scaloni y el último capítulo de la rivalidad que definió una época, con Cristiano Ronaldo preparándose para compartir con Messi un escenario final que parece escrito por el propio fútbol.

Se viene un Mundial muy distinto en muchos aspectos, desde lo deportivo con nuevo formato, hasta muy politizado de alguna manera por varias razones. Y un agregado: será el último Mundial de Messi y Cristiano… ¿Cuáles son sus expectativas para esta Copa del Mundo?

Bueno, hay una serie de cuestiones que se van mezclando para lo que es este mundial. En primer lugar, lo que es el mundial en sí mismo, que ya tiene por definición una curiosidad: va a ser un mundial de 48 equipos en tres países, lo que lo hace un mundial raro o distinto al que conocíamos. También creo que va a cruzar elecciones de alto nivel. Es un mundial que hay que enmarcar dentro de lo político, porque se juega todavía en guerra y tiene a una de las naciones sede, Estados Unidos, atacando a un país que además es uno de los que va a disputar ese mundial. Eso, sumado al contexto político interno de Estados Unidos con Donald Trump, el ICE, los precios caros de las entradas, el transporte y el alojamiento, lo pone como un evento con características donde es raro estar yendo a disputar un mundial.

¿Argentina sigue siendo candidata a un soñado bicampeonato?

Argentina, desde ya es una selección candidata. No creo que sea de las principales favoritas hoy —creo que España y Francia llegan con otro portento—, pero Argentina, después de ganar en Qatar, mostró un crecimiento en el rendimiento que por momentos era superior a la selección campeona del mundo. Ganó la Copa América con altibajos y tuvo eliminatorias con puntos muy altos, como contra Brasil. Aunque le ha costado encontrar alternativas en algunos puestos y posiblemente vaya con los mismos laterales de Qatar, cuenta con jugadores que tuvieron su recambio en aquel mundial siendo muy jóvenes, como Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez, quienes ahora llegan con otro recorrido. Todavía hay incertezas sobre Messi.

Lionel Messi alzó la Copa del Mundo al coronarse campeón con Argentina en Qatar 2022 (Foto: composición Depor/Getty Images/AFP)

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Usted decía en su libro Revolución Scaloni que uno de los méritos de Scaloni era que había hecho que el equipo juegue mejor alrededor de Messi, pero que no dependiera tanto de él. Hoy, 4 años después, ¿qué rol le ve a Messi dentro de este equipo de Scaloni?

Messi tuvo un rol preponderante en la Argentina campeona de América 2021 y campeona del mundo, y sigue siendo un jugador vital, aunque hoy ya no es el mejor jugador del mundo; hay otros en otra escala con mayor nivel de influencia. La selección ha encontrado grandes momentos incluso sin Messi en la cancha, con el protagonismo de otros jugadores, como Thiago Almada, que emergió claramente en el último tiempo.

¿Lo ve protagonista, decisivo?

Creo que hoy Messi tiene un rol más secundario en cuanto a la gestación de fútbol y está administrando su tiempo en la cancha; ya no es un jugador de 90 minutos, al menos no para la selección, algo que hace años era imposible de pensar.

Messi hoy es una incertidumbre, pensarlo como suplente en el Mundial no es imposible, o si sale de titular pero deja su lugar en algún momento para que el equipo vaya a otro lugar. Es difícil pensarlo como suplente, pero es una posibilidad si el entrenador lo plantea conversando con él. Además, hay incertidumbre porque Argentina no ha tenido un nivel de competición alto recientemente, disputando amistosos con rivales de bajo calibre. Sin embargo, Scaloni y su cuerpo técnico lograron que jugadores que quizás no tenían un gran nivel en sus equipos, al llegar a la selección, rindieran al máximo.

Scaloni maximizó el rendimiento individual en un colectivo único.

Exactamente. Hay que pensarlo en esos términos y en cómo los jugadores entran en el esquema de la selección, como el caso de Valentín Barco, que se ha ido ganando su lugar. Scaloni es un gran constructor de espacios y de ambientes. Supo armar ese ambiente desde 2018 para que Messi se sintiera a gusto sin que la selección dependiera únicamente de él. También supo sostener a una selección que, tras ganar el mundial, lógicamente podría tener un bajón competitivo. Supo tensar esa competitividad, incluso cuando él mismo dijo que se tomaría un tiempo para pensar. Será interesante ver cómo gestiona la defensa de un título, algo muy complicado que solo han logrado Brasil e Italia en décadas pasadas. Francia, por ejemplo, siempre parece tener mejor equipo que el mundial anterior, incluso ahora que parece tener tres equipos disponibles.

De la mano de Scaloni, Argentina buscará llegar de la mejor forma al Mundial 2026 (Foto: @Argentina)

De la mano de Scaloni, Argentina buscará llegar de la mejor forma al Mundial 2026 (Foto: @Argentina)

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A Qatar, Francia fue un equipo medio suplente por las lesiones, pero aun así llegó a la final.

Sí, Qatar tuvo muchos problemas de lesiones para Francia, pero aun así levantaron situaciones muy complejas en la final.

¿Fue la mejor final que ha visto?

Para mí, por un montón de situaciones, es la final más impactante que se ha visto en un mundial. El primer tiempo de Argentina fue sublime, pero dramáticamente Francia lo revierte en los últimos minutos, estirando el partido al suplementario donde Argentina vuelve a sacar ventaja y Francia empata otra vez. Tuvo todos los condimentos y, además, Messi fue el protagonista, junto con Mbappé. Un colega decía en la previa que era una “final de pósters”, como un Alí contra Frazier.

¿Cómo contemplar este último mundial de Messi? ¿Desde la aceptación de un genio que ya termina o bajo riesgo de exigirle cuando Argentina esté en momentos complicados?

El hincha y el futbolero en general tienen memoria muy corta e ingrata. Vivimos en una sociedad donde los éxitos son efímeros y las derrotas parecen eternas. Sin embargo, creo que Messi, tras ser campeón en Qatar y decir “ya está”, ha quedado en un lugar de la historia que nada podrá borrar. Es posible que esté pensando en jugar este mundial para lograr el récord de cantidad de mundiales jugados.

Es difícil quedarse con una sola versión de Messi

Existe el riesgo de los ídolos que “estiran el chicle”, pero pase lo que pase, su imagen levantando la copa en Qatar es imborrable. Sí es cierto que hay imágenes de su etapa en el Inter Miami —un Messi más peleador con colegas o su visita a Donald Trump— que pueden romper un poco el vínculo con ciertos sectores más allá del fútbol.

¿Cuánto de este Messi como líder cultural cambió o cuánto sanó a Argentina con el título de Qatar?

Mucho. Ya se había conseguido algo con la Copa América, pero el mundial fue la gran revancha para una generación de futbolistas e hinchas marcada por el Maradona del 86 y frustraciones recientes como la final de 2014 o el mundial de 2018. Argentina siempre llega con el mandato de ser campeón, lo cual es dificilísimo. Antes de 2014, Argentina no pasaba de cuartos de final desde Italia 90.

En Qatar se empezó mal con la derrota ante Arabia Saudita, pero a la distancia esa derrota sirvió para que el entrenador realizara modificaciones inmediatas. Entraron jugadores como Enzo Fernández, que debutó oficialmente en el mundial, y Alexis Mac Allister, quienes terminaron siendo dueños del equipo.

En su libro defiende la teoría de que Scaloni para nada fue un improvisado ni fue cuestión de suerte, sino que se fue construyendo durante mucho tiempo. ¿Cómo sustenta esto?

En 2018 yo era crítico porque pensaba que no había entrenadores de renombre disponibles. Scaloni venía de ser asistente de Sampaoli, pero tenía un bagaje con la selección. El error de muchos fue no escucharlo; él ya daba mensajes interesantes. Scaloni rompió los manuales del entrenador. Demostró que un técnico puede formarse desde distintos lugares. Tanto él como Aimar, Samuel y Ayala conocían perfectamente el lugar donde estaban, habiendo vivido procesos exitosos (con Pékerman) y otros frustrantes. Fue un gran acierto de Tapia y una gran tarea de Scaloni en la administración de Messi.

Los albicelestes llegan en gran momento y quieren seguir celebrando en el duelo Argentina vs Venezuela (Crédito: Alamy Stock Photo).

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¿Qué es lo que más le sorprendió de Scaloni mientras lo examinó con microscopio para su libro?

Como futbolista no era un “rockstar”, era bromista y expresivo. Como entrenador supo mostrar calma, seriedad y un perfil no solemne. Replicó lo que sabía que se necesitaba dentro de un equipo, pero buscando a los intérpretes adecuados. Su mayor mérito es el pragmatismo: saber escuchar e interpretar a sus futbolistas, modificando su propia idea de juego si es necesario.

¿Cree que el ciclo de Scaloni tiene para más tiempo o podría dar el salto a un club grande de Europa?

Tengo la intuición de que Scaloni va a buscar otro camino después del mundial. Si Argentina lograra coronar otra vez, sería algo extraordinario (dos Copas América y dos Mundiales), y quizás ahí Scaloni busque otros aires.

Es difícil ver quién seguiría, quizás alguien de su equipo como Pablo Aimar, a quien me imagino más asumiendo ese rol que a un Cholo Simeone. Creo que hay un un camino abierto, pero sí tengo la intuición, me me da la impresión de que puede haber una búsqueda de Scaloni de tener otros otros aires.

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