viernes, septiembre 4

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Javier Arias tenía la guitarra entre las manos y un repertorio aprendido casi de memoria, pero hasta ese momento todavía no era la voz de Afro Menudo, el pequeño grupo que había formado con otros niños en Chincha. Había empezado tocando cajón, después pasó a las congas y finalmente a la guitarra. Cantaba, sí, pero lo hacía en casa, mientras se bañaba, imitando las canciones de Salserín y grabándose en una vieja casetera para escucharse después.

Javier Arias tenía la guitarra entre las manos y un repertorio aprendido casi de memoria, pero hasta ese momento todavía no era la voz de Afro Menudo, el pequeño grupo que había formado con otros niños en Chincha. Había empezado tocando cajón, después pasó a las congas y finalmente a la guitarra. Cantaba, sí, pero lo hacía en casa, mientras se bañaba, imitando las canciones de Salserín y grabándose en una vieja casetera para escucharse después.

Aquella tarde tenían una presentación en la Plaza de Armas de Chincha. Llevaban meses tocando en restaurantes y todo estaba listo para subir al escenario. Solo faltaba el vocalista, pero nunca llegó.

Yo me sabía todas las canciones. Dije: ‘Bueno, si toco la guitarra, puedo cantar’. Me puse a cantar y desde ahí ya no paré”, cuenta Javier sonriente.

Ese primer salto al canto tenía, además, un antecedente familiar. Por el lado de los Ayarza, reconoce una raíz que lo conecta con Rosa Mercedes Ayarza, figura fundamental de la música peruana. Su padre, además, era “peñero y criollo”, aficionado a la guitarra, al cajón, la salsa y la música criolla.

Javier Arias regresa a los escenarios peruanos después de varios años radicado en Estados Unidos, donde llegó a replantearse su futuro en la música. (Foto: César Campos)

Javier Arias regresa a los escenarios peruanos después de varios años radicado en Estados Unidos, donde llegó a replantearse su futuro en la música. (Foto: César Campos)

/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > CESAR CAMPOS

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Pero llevar la música en la sangre no bastaba para construir una carrera. Eso vino después, con horas de ensayo, concursos, tropiezos y diversos escenarios.

El primer programa en el que participé fue ‘Desafío y fama’. Recién salía del colegio y todavía me faltaba mucha técnica. Recuerdo que muchos pensaban que no iba a llegar a la final, pero yo era el primero en llegar y el último en irme. Practicaba muchísimo. Aquella vez quedé entre los finalistas. Después llegó ‘Desafío y fama, la revancha’ y ahí sí terminé ganando”, recuerda el artista nacional.

Después llegaron otros espacios en los que coincidió con jóvenes cantantes que, como él, intentaban hacerse un lugar en la música, entre ellos Nicole Pillman. Años más tarde participó en la primera temporada de “La voz Perú”, donde llegó a la final bajo la guía de Eva Ayllón. Esa experiencia marcaría también el inicio de una nueva etapa: su camino como solista.

También integró orquestas como Camagüey, Papillón, Candela y Los Villacorta. Con ellas conoció el ritmo exigente de las giras, los viajes constantes por costa, sierra y selva y esa cara menos visible de la música.

Prácticamente vivíamos en el bus. Es bien sacrificado”, recuerda.

Después de años de ese trajín, Javier sintió que finalmente llegaba una oportunidad capaz de cambiar el rumbo de su carrera. Ganó “Los cuatro finalistas” y el premio incluía un contrato con Universal Music, además de la grabación de una canción y un videoclip. Por entonces hacía coros para Gian Marco y se animó a pedirle un tema. El cantautor le entregó “Un beso a medias”. Javier grabó la canción, filmó el videoclip y firmó el contrato. Todo parecía avanzar, pero el impuso duró poco.

Pasaron los meses y no fue lo que esperaba. No hubo un seguimiento a mi carrera. Prácticamente todo quedó ahí. Yo igual tenía que trabajar por mi lado, buscar contratos, buscar fiestas. Llegué a tocar fondo en ese tiempo. Ya había dos o tres ganadores después de mí y yo todavía no había presentado mi canción. Fui a la producción y les dije: ‘Ya es hora. Necesito ese apoyo’”, recuerda.

Finalmente decidió viajar a Estados Unidos para probar suerte. No pensaba instalarse allí; quería tomar distancia, explorar otros caminos y comprobar si fuera del Perú encontraba el impulso que su carrera necesitaba.

Durante una estadía en Nueva York surgió una oportunidad inesperada. Bareto se presentaba en Manhattan y Javier, amigo de algunos integrantes, fue a verlos. Al día siguiente recibió una llamada que volvería a cambiar el rumbo su carrera.

Querían que fuera su nueva voz. Acepté. Regresé al Perú, tuvimos un par de ensayos y a los dos días ya estaba cantando en el Parque de las Aguas, en un anfiteatro enorme, con un montón de gente. Yo todavía estaba aprendiéndome las canciones, confiesa.

Con Bareto permaneció dos años, hizo giras internacionales y vivió uno de los momentos que coloca entre los más importantes de su carrera: cantar ante unas 60 mil personas en el Estadio Nacional durante la inauguración de los Juegos Parapanamericanos Lima 2019.

Javier había pasado del muchacho que reemplazó al cantante ausente en una plaza de Chincha a cantar ante un estadio lleno. Después volvería a empezar de cero.

Hace poco más de cuatro años regresó a Estados Unidos, esta vez para quedarse. Se instaló allí con su familia y comenzó una nueva etapa. Ya no era una visita, había una vida por construir.

Yo venía de Bareto, de hacer giras, tocar en escenarios grandes, estar en un buen nivel dentro de la música. Llegué a Estados Unidos y nadie me conocía. Empecé a cantar en restaurantes y locales pequeños. A veces llevaba una guitarra; otras, apenas una pista”, narra. “Ese choque fue difícil. Yo estaba acostumbrado a que la gente se quedara todo el concierto. Allá cantaba en un restaurante y las personas se paraban y se iban. Fue duro”, confiesa.

Pero la música no alcanzaba para vivir. Repartió paquetes para Amazon y trabajó haciendo deliveries mientras intentaba sostener la carrera que había construido durante años.

No podía vivir cien por ciento de la música. Tenía que complementarla”, cuenta.

El desgaste fue tal que llegó a pensar en alejarse de los escenarios.

“En Estados Unidos uno puede encontrar oportunidades en otros rubros. Pensé en seguir produciendo y escribiendo canciones, pero dejar de hacer presentaciones. No era falta de amor. Era cansancio”, reconoce.

Eva Ayllón llegó a Washington D.C. para presentarse en el Howard Theatre. Javier, que vivía en Maryland, contactó a Denise, asistente de la cantante, y recibió una invitación para ir al teatro ante la posibilidad de cantar con ella. Allí se reencontró con quien años atrás había sido su entrenadora en “La voz Perú”.

Eva me preguntó: ‘¿Qué estás haciendo, hijo? ¿Cómo te va?’. Le conté que trabajaba en algo ajeno a la música, aunque seguía produciendo. Entonces me dijo: ‘Después de hoy, que vas a cantar conmigo acá en el teatro, te van a salir un montón de contratos’”, recuerda sonriente.

Dicho y hecho. Desde ese día, el 90 o 95% de lo que hice fue música”, confiesa.

Y ahora ha regresado para presentarse este 9 de setiembre en Bianca de Barranco. Eva Ayllón será su invitada especial. También estará Lita Pezo, a quien Javier acompañó como coach durante su participación en “Perú tiene talento”.

Y todavía guarda un escenario en la lista de pendientes: cantar en el Gran Teatro Nacional.

“Me encantaría hacer allí un concierto con canciones de ayer, hoy y siempre, una orquesta gigante, muchos músicos e invitados espectaculares. Ese es mi gran sueño”, concluye.

El Dato

Javier Arias se presentará este 9 de septiembre, a las 9:00 p.m., en el Centro de Convenciones Bianca de Barranco. Las entradas están a la venta a través de Ticketmaster Perú.

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