miércoles, septiembre 30

Antes de tocar en estadios repletos y convertirse, con su guitarra y su inconfundible cabellera, en una de las imágenes más recordadas de las giras de Michael Jackson, Jennifer Batten vivía una realidad bastante más silenciosa. Daba clases de guitarra seis o siete días a la semana y recorría ciudades impartiendo talleres para poder vivir de la música. En Alemania, recuerda, llegó a ofrecer 30 clases magistrales en un mes, en una ciudad distinta cada día.

“Para ganarse la vida en la música, prácticamente tienes que decir que sí a todas las oportunidades que surjan”, refiere.

Una de esas oportunidades apareció mientras enseñaba en el Musicians Institute de Los Ángeles. Alguien del equipo del ‘Rey del po hnp’ llamó preguntando si podían recomendar a dos guitarristas para una audición de la gira “Bad”. Batten fue una de las elegidas.

Para la audición, Batten había preparado varias canciones de Jackson. Esperaba encontrarse con una banda o con músicos probando sonido, pero no había escenario ni acompañamiento. Solo una cámara encendida frente a ella. Jennifer tomó la guitarra y empezó a tocar.

“Yo ya tocaba el solo de ‘Beat It’ en una banda de versiones”, recuerda. Pero dominar aquella pieza icónica era solo una parte de lo que Michael Jackson buscaba en un guitarrista. Durante la audición recibió una indicación breve: “Toca algo funky”. Ahí estaba, en buena medida, la clave del espectáculo.

Tenía sentido. Batten calcula que cerca del 95 % del espectáculo consistía justamente en sostener el groove, conversar desde la guitarra con músicos extraordinarios como el baterista Ricky Lawson y el bajista Don Boyette, y respetar con absoluta precisión la arquitectura musical de cada canción.

Nunca le preguntó a Jackson por qué la había elegido. La respuesta llegó casi veinte años después, cuando un realizador que preparaba un documental sobre mujeres guitarristas consiguió la cinta original de aquella audición. En ella, Michael había dejado anotaciones junto a los nombres de los aspirantes.

Al lado del de Jennifer había dibujado tres estrellas. Y escrito una sola palabra: “Genial”.

Batten conserva con especial nitidez el instante en que lo tuvo por primera vez frente a frente. Fue durante los ensayos de “Bad”, cuando presentaron a Michael a los integrantes de la banda que todavía no conocía.

Ella se acercó y le estrechó la mano. “Pensé: ‘Este hombre es precioso’. Irradiaba luz, tenía una gran sonrisa y unos dientes blanquísimos. Fue realmente emocionante”, recuerda.

Aquellos ensayos también le permitieron a Jennifer conocer a un Jackson que el público rara vez veía. Entre pruebas técnicas y ajustes de efectos especiales surgían pausas de veinte minutos en las que podían conversar.

“Siempre fue muy amable, muy respetuoso”, recuerda. También lo vio especialmente entusiasmado: “Bad” era su primera gran gira concebida por completo bajo su propia visión, sin compartir las decisiones artísticas con sus hermanos.

“Era exigente. Quería que cada sonido, detalle e intención de las grabaciones originales llegara al escenario con exactitud. La banda estudiaba los discos y también registros en vivo de la gira “Victory”, donde algunos tempos eran más rápidos y las estructuras se adaptaban a las coreografías”, destaca.

Jackson podía aparecer de improviso en los ensayos. Para los músicos, su presencia era una forma silenciosa de aprobación.

“Nos habían dicho que, si la música le gustaba, se pondría a bailar”, cuenta Batten. Y él entraba bailando.

Pero el trabajo no terminaba allí. Cada ensayo era grabado. Después de jornadas larguísimas, Michael revisaba los videos y, si encontraba algo que cambiar, llamaba al director musical Greg Phillinganes para que la banda corrigiera el detalle al día siguiente.

“Definitivamente conseguía exactamente lo que quería”.

Había, sin embargo, cosas que ni dos meses de ensayo podían prever.

Durante el solo de “Beat It”, Jennifer solía sonreír. Michael la observó y le hizo una indicación: “Piensa en algo terrible que tu padre te haya hecho”.

Batten recuerda que la frase la sorprendió. Su padre había sido estupendo; quien había tenido una relación difícil con el suyo era Michael. Pero entendió el mensaje: “Beat It” no era una canción alegre y también debía interpretarse con el rostro.

Desde entonces dejó de sonreír. En su lugar apareció esa mirada desafiante que millones de espectadores terminarían asociando con la guitarrista de cabello descomunal enfrentándose a las cuerdas en uno de los momentos más explosivos del concierto.

Tocar aquel solo histórico tampoco era sencillo. En vivo, “Beat It” se interpretaba más rápido que en la grabación original y en una tonalidad más baja. Sin los recursos digitales de hoy, Batten debía usar una guitarra afinada especialmente y con cuerdas más gruesas.

La puesta en escena añadía otra dificultad. En un momento del show, las luces se apagaban y potentes focos apuntaban directamente a su cabeza. La primera vez quedó casi a oscuras y apenas podía distinguir el mástil. Encontró entonces una solución que todavía utiliza: colocar cinta fosforescente sobre la guitarra.

Había, además, otra presión: aquel solo no era suyo. Era de Eddie Van Halen.

Batten nunca intentó reinventarlo. “Sí quería imitarlo. No era el momento de improvisar”, sostiene. “Es uno de los solos más icónicos de los años 80. En mi opinión, era absolutamente perfecto”.

Tenía otros momentos del concierto para mostrar su propia identidad. Allí prefería respetar una pieza que ya formaba parte de la memoria del público. “Creo que la gente lo esperaba y se habría decepcionado si no lo hubiera escuchado”.

Batten recuerda con claridad ese contraste. Fuera del escenario, Michael era, para ella, “un alma noble, muy sensible, respetuosa y curiosa. Alguien que leía mucho y hacía preguntas”.

Pero bastaba que se encendieran las luces para que apareciera otra versión.

“Se transformaba en una auténtica bestia en el escenario. Su energía era increíble. Cada movimiento tenía una precisión absoluta y estaba perfectamente sincronizado con la batería”.

Con el paso de las giras, la maquinaria que rodeaba a Jackson hacía cada vez más difícil la convivencia cotidiana. Al terminar los conciertos, la seguridad debía sacarlo incluso antes de que concluyera la última canción. El equipo podía reunir a cerca de cien personas y repartirse hasta en tres hoteles distintos.

El fenómeno era inmenso. Y Batten estaba en el centro. Entre tantos recuerdos, conserva algunos con especial nitidez. Un concierto en un anfiteatro al sur de Los Ángeles, donde por las características del recinto escuchó la música con una claridad excepcional. Y, por supuesto, el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl.

“Fue algo realmente especial porque solo iba a ocurrir una vez. Además, era en directo y daba un poco de miedo”.

Su estética también se volvió parte de la historia. El cabello, el vestuario, la guitarra, la silueta reconocible a decenas de metros de distancia. Pero Batten admite entre risas que aquello no fue idea suya.

“Fue algo creado al 100 %. Y estoy muy agradecida, porque yo no tengo ningún sentido de la moda ni de la estética”, reconoce.

Jackson contrató a artistas para diseñar distintas imágenes y vestuarios para quienes aparecían en escena. Después llegaron maquilladores, especialistas en ropa, medidas y pruebas hasta convertir aquellos bocetos en personajes perfectamente integrados al espectáculo.

Michael no pensaba únicamente en canciones. Pensaba en imágenes. Y esa fue una de las grandes lecciones que Jennifer se llevó de aquella década.

“Para él, la música era solo la base del espectáculo. Aprendí la importancia del entretenimiento”, destaca.

Había videos, baile, coreografías, vestuarios, láseres y pirotecnia. Siempre debía estar ocurriendo algo capaz de sorprender al público.

La segunda enseñanza fue menos visible, pero quizá más importante para su vida: ensayar hasta que nada quedara librado al azar.

Antes del primer concierto de “Bad”, trabajaron durante dos meses.

“Todos sabían cuándo cambiarse de ropa, dónde estaba la pirotecnia para no salir heridos. Podíamos dedicar el 100 % de nuestra energía a la actuación”, explica.

Décadas después, esa disciplina continúa acompañándola.

Jennifer Batten compartió durante diez años algunos de los escenarios más importantes del planeta con Michael Jackson. Sabe que para buena parte del público siempre será, antes que cualquier otra cosa, “la guitarrista de Michael”. Y no pelea contra esa definición.

“No intento desprenderme de eso en absoluto”, asegura.

También trabajó con Jeff Beck y construyó su propio camino musical, pero reconoce que ninguna plataforma podía competir con la dimensión global de Jackson.

Michael abrió puertas. Le permitió llevar después su propia música a lugares a los que quizá nunca habría llegado.

“Es una verdadera bendición haber tenido ese trabajo durante diez años”.

Ahora Batten vuelve a interpretar ese repertorio como parte de “This Is Michael”, junto a Lenny Jay, de quien destaca una característica que inevitablemente remite a aquella escuela de exigencia de la que ella proviene: su obsesión por el detalle.

“Su gran dedicación al trabajo es impresionante. Después de todos estos años, sigue trabajando muy duro la parte vocal. Y luego el baile, por supuesto, es fantástico”.

Sabe mejor que muchos lo que implica intentar reconstruir sobre un escenario el universo de Michael Jackson.

“No es fácil. Requiere mucho dinero, tiempo y trabajo”.

Batten no pretende escapar del pasado. Tampoco vivir atrapada en él. Lo lleva consigo como se lleva una vieja guitarra: con las marcas de las noches irrepetibles, las lecciones aprendidas y la certeza de haber estado allí cuando una canción, una imagen y un hombre podían hacer que 50 mil personas contuvieran al mismo tiempo la respiración.

Jennifer Batten llegará próximamente al Perú como parte de “This Is Michael”, el espectáculo tributo al Rey del Pop que se presentará por primera vez en Lima. Junto a Lenny Jay, la guitarrista revivirá sobre el escenario algunas de las canciones, solos y movimientos más emblemáticos de Michael Jackson.

“Me entusiasma mucho volver al Perú. Estuve en su hermoso país hace unos diez años y recuerdo especialmente un retiro en la selva. Fue una experiencia preciosa”, concluye.

El Dato

“This Is Michael”, el espectáculo tributo al Rey del Pop, se presentará el próximo 10 de octubre en la Explanada del Parque de la Exposición. Las entradas están disponibles en Ticketmaster.

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