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En abril de este año el mundo quedó en vilo por el trayecto de los cuatro astronautas de la misión Artemis II alrededor de la Luna, un proyecto que sirve de preámbulo al regreso del ser humano a su único satélite natural en más de medio siglo y la repetición de las icónicas palabras de Neil Armstrong: un pequeño paso para un hombre, un gran paso para la humanidad.
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“Es una serie de principios de alto nivel que creemos hacen el espacio más seguro, más responsable y más transparente, mientras países como Estados Unidos y muchos otros, quizás Perú algún día, van a la Luna, Marte y más allá”, señaló en un encuentro con periodistas peruanos.
La iniciativa nació en 2020 con apenas ocho países firmantes, la mayoría de ellos potencias espaciales consolidadas. Sin embargo, el grupo creció rápidamente hasta alcanzar 67 miembros en 2026.
Kimberly Hurst, funcionaria de NASA especializada en cooperación internacional y exploración lunar, destacó que el crecimiento del bloque superó todas las expectativas iniciales.
“Nunca en nuestros sueños más salvajes, cuando ocho naciones firmaron en 2020, pensamos que hoy tendríamos 67 países”, consideró.
Aunque los acuerdos no son un tratado internacional vinculante, sí buscan crear consensos sobre cómo deben comportarse los países en el espacio. Entre sus principios figuran la transparencia, el intercambio de información científica, la cooperación internacional, la mitigación de basura espacial y la prevención de interferencias entre misiones.
Uno de los problemas que buscan resolver es el riesgo de conflictos o accidentes alrededor de la Luna a medida que más gobiernos y empresas privadas planean operar allí.
Reinecke explicó que si bien el Tratado del Espacio Exterior de 1967 ya obliga a los países a consultar entre sí si sus actividades podrían interferir con otras misiones, esto deja vacíos en las formas que los Acuerdos de Artemis buscan rellenar.
“Si el objetivo es evitar interferencias, pero no sabes dónde está otra misión, ¿cómo puedes tener esas conversaciones?”, consideró. Fue justamente este tema tema una de las materias principales de discusión del IV Taller de los Acuerdos Artemis 2026, proponiéndose que las informaciones más relevantes de las futuras misiones lunares como ubicaciones, tiempos y objetivos se compartan mediante una base de datos descentralizada y con el soporte de la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA).
Las discusiones también buscan adelantarse a problemas que podrían causar el creciente interés de la industria espacial en la Luna, como es la basura espacial. Actualmente, miles de objetos orbitan alrededor de nuestro planeta, lo que ya genera problemas que son paliados con un rastreo de estos objetos y por la propia atmósfera de la Tierra que lo desintegran si es que estos vuelven al planeta. La Luna no cuenta con estas ventajas, lo que genera preocupación si este problema se replica en el entorno lunar.
“No hay atmósfera alrededor de la Luna. Si se genera basura orbital allí, podría ser realmente malo”, advirtió Hurst.
Los funcionarios también señalaron que la creciente actividad comercial obliga a actualizar las discusiones internacionales sobre el uso del espacio.
“En los años sesenta no pensábamos que iba a existir un mercado comercial para la Luna”, indicó Hurst.
Aunque China no forma parte de los Acuerdos de Artemis, Estados Unidos sostiene que las conversaciones sobre comportamiento responsable en el espacio también se desarrollan en la Organización de las Naciones Unidas, particularmente en el Comité para el Uso Pacífico del Espacio Exterior en la que sí participan.
El Perú firmó los Acuerdos de Artemis en 2024 y, desde entonces, ha buscado asumir un papel activo dentro de la iniciativa.
Poco después de adherirse al acuerdo, el país propuso organizar un taller internacional, convirtiéndose en el primer anfitrión latinoamericano de este tipo de encuentros.
“Una de las primeras cosas que nos dijeron fue: ‘Queremos hacer algo dentro de este grupo. Queremos aprovechar esta oportunidad y mostrar liderazgo organizando un taller’”, recordó Reinecke.

El IV Taller de los Acuerdos Artemis 2026 se celebró en el Perú el 13 y 14 de mayo.
/ CONIDA
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Hurst señaló que Perú “ha estado al frente de todo” lo relacionado con las actividades recientes del grupo y elogió la participación constante de Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial (Conida) en paneles internacionales y reuniones con NASA y otras agencias espaciales.
Además de albergar el taller, Perú lideró discusiones sobre intercambio de información espacial entre países firmantes, una propuesta que recibió amplio interés entre las delegaciones participantes.
Reinecke destacó que el aporte peruano fue más allá de la organización logística.
“Muy impresionado con lo que hizo Perú. Desde firmar, participar en el grupo y ahora liderar este taller, realmente dio un paso adelante de manera importante”, sostuvo.
La elección del Perú también fue interpretada por los organizadores como un reconocimiento a la capacidad del país para convocar eventos internacionales, tras experiencias previas como la organización de cumbres de APEC.
Más allá de la dimensión diplomática, NASA sostiene que los Acuerdos de Artemis también abren oportunidades concretas de cooperación científica, tecnológica y económica.
El programa Artemis busca establecer una presencia humana sostenible en la Luna y utilizarla como plataforma para futuras misiones a Marte.
“Vamos a ir a la Luna y vamos a quedarnos, lo que significa que tenemos que construir una base lunar”, explicó Hurst.
Para ello será necesaria infraestructura de comunicaciones, sistemas de navegación, instrumentos científicos, satélites y tecnologías para aprovechar recursos lunares que superan las capacidades de un solo país, incluso uno tan poderoso como Estados Unidos.
“Estados Unidos no puede, ni quiere, hacer esto solo”, afirmó.
Adicionalmente, el foro sirve para ofrecer oportunidades a países con programas espaciales menos desarrollados para poder participar en misiones espaciales. En ese rubro, Hurst señaló que la NASA anunció recientemente convocatorias para que gobiernos, universidades e industrias extranjeras presenten propuestas de instrumentos científicos y pequeños satélites CubeSat para futuras misiones lunares.
Las oportunidades no se limitan únicamente a países con programas espaciales avanzados. Uno de los nuevos objetivos del grupo es precisamente apoyar a naciones emergentes mediante programas de capacitación, educación y transferencia de conocimientos.
Durante el taller se discutieron iniciativas para enseñar a otros países temas técnicos relacionados con operaciones lunares, iluminación en la superficie de la Luna, manejo de datos científicos y mitigación de riesgos espaciales.
“¿Cómo podemos hacer un mejor trabajo en entrenamiento y educación? Eso es algo muy necesario para este grupo”, indicó Hurst.
Para NASA, el objetivo final es que la exploración lunar se convierta en un esfuerzo global, sostenido y frecuente.
“Espero que en mi vida haya lanzamientos hacia la Luna cada dos semanas”, comentó la experta de la NASA. “Mi objetivo final es que lo hagamos de una manera segura, transparente e inspiradora para todo el mundo”.














