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La respiración de Pedro Pablo Corpancho se acelera y sus manos tiemblan mientras conversa con El Comercio desde las butacas del teatro del Centro Cultural de la Universidad de Lima. Acaba de bajar las escaleras del escenario, donde ensayaba la versión de “Cyrano de Bergerac”, obra dirigida por Fito Valles. No se queda quieto: cambia de postura, mueve las manos, se ríe, vuelve sobre una idea que le importa, y luego la olvida y dice: “¿En qué estaba?”. “El público va al teatro para entretenerse”, regresa el actor a la conversación. “Puede ser un dramón, pero tiene que salir entretenido”, dice Corpancho, quien interpreta seis personajes en esta pieza.
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A diferencia de Cyrano, quien ama con honestidad a Roxana, el conde siente una obsesión. Corpancho prefiere describir al personaje como “el bully del colegio que envidia lo que tiene otra persona”. Según el actor, la figura del villano se vuelve un niño caprichoso en un parque, rodeado de otros niños que también quieren jugar con la única niña del lugar. No hay solemnidad cuando habla del texto original escrito en 1897 por Edmond Rostand, pero confiesa que mucho se cambió a propósito. “En algún momento de la obra, literalmente nos ves tomar la decisión en escena de cambiar los hechos de la historia”, cuenta.

Con su nueva exposición como conductor de streaming y televisión, a Pedro Pablo Corpancho todavía le cuesta creer del todo los elogios. “Creo que está bien querer siempre mejorar, pero no está bien no reconocer tus propios logros”, reflexiona. Parte de ese aprendizaje, dice, se lo debe al propio Cyrano, ese personaje que todos admiran mientras él insiste en verse insignificante. (Foto: EL COMERCIO/HUGO GERARDO PEREZ TORREJÓN)
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En “Cyrano de Bergerac”, se habla de la autoestima masculina desde el punto de vista del protagonista, que se siente “feo” e “insuficiente”. Para este personaje, los chistes sobre su apariencia no son graciosos. Es un tema poco habitual en una cartelera peruana, donde la vulnerabilidad de los hombres sigue siendo material esquivo. “En este país, no te enseñan, como hombre, a sentirte bonito o atractivo. Es algo que se busca, pero difícilmente se encuentra a uno diciendo que se siente lindo”, comenta sobre un lenguaje que parece reservado para otras identidades, otros cuerpos.
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Fuera del teatro, Corpancho es un rostro reconocible por su conducción en el programa de viajes “5 destinos” (Movistar Plus, 2019-2021) y recientes incursiones en el entretenimiento, como conductor invitado de “Yo Soy”, “La Voz Perú”, “Duelo de campeones” y “El gran chef: famosos” (Latina Televisión y Rayo en la Botella). Pero principalmente conduce el formato en vivo “React Yo soy 2026”, por YouTube. ¿Con qué se come eso?, se preguntarán algunos.
“Se dieron cuenta de un hueco comercial con posibilidad de tener auspicios, invitados, regalos, etc. Personas que ya no necesitan señal de TV en casa en el Perú y ven todo por YouTube. Así nació el primer ‘React’ de la televisión, con ‘El Gran Chef’. (…) Hablamos del universo del internet, que funciona distinto. Nosotros transmitimos la ‘tele’ al mismo tiempo, pero aquí voy reaccionando a lo que está pasando en vivo. No es un formato común y debo decir que al inicio dudé, pero así lo querían”, explica.
“Tienes el feedback de lo que está pasando instantáneo”, explica sobre los comentarios de la audiencia. Si los comentarios caen bien o mal, si la gente se aburre, hay que subir la energía, cambiar el tono, proponer algo distinto. Hay una estimulación permanente, pero al actor se le da bien porque su historia de vida esconde un diagnóstico desde la niñez que siempre utilizó como herramienta: trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Cuando era pequeño y la salud mental no era tan relevante como en estos tiempos, Corpancho estuvo en terapia psicológica sin tener ese diagnóstico. Ya de adulto, entendió que su energía de sobra en realidad estaba en la dificultad para concentrarse y terminar tareas. “Llegué a esa conclusión. Toda mi vida tuve TDAH y no lo sabía”, cuenta.
“Cuando estaba en el colegio, no podía estar quieto y los profesores no entendían. Físicamente, no podía quedarme sentado. No sé por qué tengo esto, pero puedo decir que el teatro y la improvisación fueron mi canal para botar todo eso dentro de mí. Cada vez que lo hacía, (suspira) me calmaba en la vida”, confiesa.
La invitación para sumarse al montaje de “Cyrano de Bergerac” llegó cuando Corpancho asumía más responsabilidades en Latina. Ya casado hace un año con la actriz Valquiria Huerta, la oferta de teatro cruzó con su realidad como actor peruano, quien siempre está encontrando espacios rentables para trabajar. Pero la mujer de la que está enamorado desde hace nueve años le recordó que “hace tiempo no hacía teatro” y que las tablas eran su lugar seguro. “Hoy vivo un momento muy bonito de mi vida”, dice.

La obra “Cyrano de Bergerac” se presenta los sábados desde el 13 de junio al 4 de julio en el Centro Cultural de la Universidad de Lima. (Foto: EL COMERCIO/HUGO GERARDO PEREZ TORREJÓN)
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“Aparte de que necesitamos más teatros en el Perú, el teatro peruano necesita un público con formación en cultura teatral. Que formen a las personas desde niños como espectadores que se puedan sentar y disfrutar una obra, un show, un espectáculo de stand-up, una danza. Cuando escucho a colegas teatristas, veo que el mayor problema del teatro es que su obra está hermosa y se sacaron la mugre ensayando, pero la sala está a la mitad”, sostiene.










