La campaña parece que recién empieza a raíz de la última encuesta de Datum Internacional, en la que se han visto las movidas más notorias del tablero en lo que va de la contienda. Podemos decir que la gente está empezando a asomar la cabeza en la búsqueda de opciones para marcar en la cédula que tendrá el 12 de abril. La cuestión es: entre más de 30 candidaturas, ¿qué criterios empleará un elector para descartar y reducir la lista a una sola opción?
Hay varios criterios a tomar en cuenta, como el perfil profesional, antecedentes fiscales y policiales, trayectoria política o posición ideológica. Sobre las propuestas, es un poco más difícil porque, hasta la fecha, no hay ningún planteamiento que haya marcado la diferencia y el electorado es cada vez más desconfiado respecto de las promesas de los políticos. Pero hay un punto adicional que puede marcar la diferencia y que aún no se ha dimensionado en su real magnitud: las listas congresales.
Ese factor puede ser un punto a favor o una limitante para algunos, sobre todo los rostros presidenciales que buscan presentarse como “nuevos” y que han empezado a figurar en las encuestas. Los casos de Wolfgang Grozo (Integridad Democrática) y Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno) son el mejor ejemplo: ambos con listas legislativas sin figuras de peso que ayuden a posicionar o dilucidar las posturas de sus candidatos presidenciales.
En el caso de Grozo, un candidato que se presenta de derecha, podemos encontrar a candidatos que han estado afiliados a agrupaciones políticas de la izquierda radical. El caso de Nieto no presenta esas incongruencias ideológicas, pero tiene candidatos sentenciados –que Nieto intentó defender en La Encerrona– y una larga lista de docentes universitarios sin mayor trayectoria política. En el actual Congreso, el 85% entró en el 2021 con el cartel de ser “rostros nuevos” y la inexperiencia mostrada llevó al Parlamento a un desprestigio como nunca antes se vio en la era unicameral. La clave está en buscar nuestros rostros, pero con un mínimo de conocimiento del terreno político (ni siquiera hablamos de experiencia legislativa, que ya es mucho pedir).
Aspirar a gobernar el país sin pensar en el Congreso puede ser una tarea suicida. En la historia reciente hay varios ejemplos en los que un presidente sin una bancada oficialista sólida se ve forzado a gobernar bajo los intereses legislativos, que esconden una amalgama de peligros. A esto se suma un punto mostrado por “Perú 21” sobre las facciones que afrontan varios partidos –entre ellos, los mencionados líneas arriba–, lo que nos adelanta un posible escenario repetido de atomización en la era bicameral. Un panorama así, sin representantes con experiencia política, sería una repetición de lo que vivimos hoy en el Parlamento.
En esta elección, de un Congreso bicameral, toca ver el paquete de candidaturas en conjunto (ver los resultados de la encuesta de Datum para el Senado). Por ahora, la población no hace caso a las campañas como #PorEstosNo e identifica los logos de mayor experiencia política en su preferencia para la Cámara Alta, y ese puede ser el gancho que varios candidatos presidenciales no parecen darse cuenta ni aprovechar para salir del fondo de la lista.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.













