Al momento de escribir estas líneas, el proceso electoral no ha terminado, así que escribiré aquí no sobre los candidatos y partidos con opción de entrar a la segunda vuelta o al Congreso, sino sobre los que estarían quedando fuera.
Evitemos el error de evaluar la campaña desde sus resultados, y explicar las cosas retrospectivamente. Lo justo es verlos más bien desde el punto de partida; así, partíamos desde una gran dispersión y escaso respaldo para todos los competidores. Sabíamos que algunos partían con cierta ventaja: candidatos conocidos y con un voto duro significativo, como Fuerza Popular o Renovación Popular. Después estaban los partidos representados en el Congreso, con más recursos, recordación y capacidad de movilizar bolsones con lógicas populistas y clientelares (Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos, Somos Perú, Juntos por el Perú, Perú Libre). Luego, partidos débiles, aunque con figuras conocidas: Carlos Álvarez, Yonhy Lescano, Fernando Olivera o Ricardo Belmont. Finalmente, partidos a los que se atribuía cierta capacidad de movilización, aunque de segmentos pequeños: el Apra, Venceremos, Unidad Nacional, Frepap. Condiciones más adversas las tenían candidatos no tan conocidos liderando partidos precarios.
Así, fuimos constatando a lo largo de la campaña que, dentro del bolsón de votos de derecha, el espacio fue copado por Fuerza Popular y Renovación Popular; de un perfil populista y conservador; opciones de carácter liberal, como las de Libertad Popular, nunca llegaron a despegar. Tampoco Avanza País, que se superponía al electorado de Renovación, o Unidad Nacional, lo que mostró la escasa tracción que tienen en el Perú de hoy las viejas estructuras partidarias; hablando de ellas, el Apra tampoco logró levantar vuelo, ni siquiera en sus antiguos ‘bastiones’ territoriales. En esta misma línea, en la orilla de la izquierda, la candidatura de Venceremos tampoco logró tracción, a pesar de ser la heredera de lo que en el pasado inmediato fue el Frente Amplio, Nuevo Perú, Fuerza Social y muchos otros grupos de izquierda. Llama la atención que sí progresaron fuerzas que más bien se asociaron directamente a la figura de Pedro Castillo.
Muchas de las fuerzas políticas representadas en el actual Parlamento pagaron el precio del alto desprestigio del mismo. Partidos como Alianza para el Progreso, Somos Perú (y Acción Popular) que, en las elecciones del 2016, 2020 y 2021 parecían asentarse desde alguna presencia subnacional, tuvieron un muy mal desempeño, incluso en regiones donde supuestamente eran fuertes. Acción Popular, preso de sus contradicciones internas, ni siquiera pudo postular. Iniciativas demagógicas y populistas no rindieron fruto, y tampoco salvaron a Perú Libre o a Podemos.
La presentación de 35 candidaturas presidenciales y 37 listas parlamentarias fue fruto de un intento de reforma política desmantelado, y de un exceso de entusiasmo de políticos sin experiencia. La valla electoral funcionó como filtro, lo que no es una mala noticia. De aquí en adelante, los que se van (muchos de ellos personas valiosas que deberían continuar en la vida política) deberían integrarse a alguno de los grupos más grandes y consolidados, en vez de buscar continuar con una fragmentación indefendible. Pero para esto debe haber democracia interna y competencia en el interior de los partidos o frentes; restablecer las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias sería útil, o cuando menos elecciones internas para todos los afiliados organizadas por la ONPE, con resultados vinculantes.
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