El jueves 4 de julio de 1826 se cumplían 50 años de la declaración de independencia de Estados Unidos. Thomas Jefferson, considerado ya como uno de los padres fundadores de la nación, había sido invitado al jubileo que esa mañana iba a celebrarse en Washington. Sin embargo, a sus 83 años, se sentía cansado y enfermo, y prefirió quedarse en su añorada mansión de Monticello, en Virginia. Ese mismo día, diez minutos antes de la una de la tarde, dejaría de existir. Antes, había dado precisas instrucciones sobre su epitafio: “Aquí fue enterrado Thomas Jefferson, autor de la declaración de independencia americana, del estatuto de Virginia para la libertad religiosa y padre de la Universidad de Virginia”.
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Hacia mayo de 1776 se vivía un clima de agitación en las colonias a causa de la guerra con Gran Bretaña. En ese tenso escenario se realizó el Segundo Congreso Continental en Filadelfia, donde los delegados designaron una comisión para redactar una declaración de independencia, el llamado Comité de los Cinco, integrado por John Adams, Benjamin Franklin, Robert Livingston, Roger Sherman y Thomas Jefferson, quien era uno de los más jóvenes del grupo. “El comité encargado de redactar la declaración de independencia me solicitó que lo hiciera. Así se hizo, y tras su aprobación, la presenté a la Cámara el viernes 28 de junio, donde fue leída y archivada”, escribe Jefferson en su Autobiografía.
Desde el 1 de julio la Cámara se constituyó en sesión plenaria hasta que al anochecer del 4 de julio se llegó a un acuerdo mayoritario y se firmó la histórica declaración que sellaba la independencia de Estados Unidos, cuya segunda oración es la más citada, al sostener “que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
“Los dos constructores de Estados Unidos son Alexander Hamilton y Thomas Jefferson”, dice el historiador Daniel Parodi. “El primero vendría a ser el arquitecto de la unión, pero Jefferson fue el alma, el ideólogo del proyecto. De esta manera, Estados Unidos se convierte en la primera república federal de la era moderna que contempla derechos fundamentales, y eso viene de Jefferson”, comenta el especialista, quien es doctor por la Universidad del País Vasco y la Universidad de Valladolid.
En su opinión, el ideario de Jefferson se mantiene entre un liberalismo clásico y un naciente republicanismo basado en la soberanía popular. “Cuando él habla de que todos los hombres tienen derechos inalienables, eso es liberalismo clásico —explica Parodi—; pero, ¿qué sucede?, aquí viene su debate con Hamilton (ambos formaron parte del gobierno de George Washington). Hamilton entiende la unión como un federalismo manejado por un fuerte poder central; en cambio, Jefferson no cree en un estado fuerte, pues temía que este podía llegar a cometer los mismos abusos que ejercía la monarquía británica. Por eso, él dice: ‘Estados Unidos debe ser una república de repúblicas’ y cada estado de la unión debe ser una pequeña república semiindependiente en sus decisiones”.
En contraste con estas ideas igualitarias, Jefferson mantuvo una posición ambivalente frente a la esclavitud. La condenó en su texto de Declaración de Independencia —cláusula que fue eliminada por la Cámara para no contrariar a los delegados de Carolina del Sur y Georgia—, elaboró proyectos de ley para liberar esclavos y cuando fue presidente, entre 1801 y 1809, combatió la importación ilegal esclavista, pero nunca llegó a abolir este sistema.
La catedrática de Filosofía del Derecho Angela Aparisi Miralles, en su texto “Thomas Jefferson y el problema de la esclavitud”, pide distinguir libertad de igualdad. Reconoce que Jefferson siempre condenó la esclavitud como institución, pero nunca aceptó la igualdad entre los afrodescendientes y los ciudadanos de origen europeo. En sus célebres “Notas sobre Virginia”, planteó la siguiente hipótesis: “Entre los romanos la emancipación solo requería un esfuerzo. Una vez manumitido el esclavo podía mezclarse sin manchar la sangre de su amo (ya que fundamentalmente se trataba de esclavos blancos). Pero, entre nosotros hace falta un segundo esfuerzo, desconocido para la historia. Una vez liberado, debe ser desplazado más allá de la posibilidad de una mezcla”.
Paradójicamente, Jefferson no solo mantuvo la propiedad de sus esclavos (poseía unos 260 al momento de su muerte), sino llegó a tener una relación con una de ellas, la joven Sally Hemings, que a la luz de los tiempos actuales resulta reprobable. “En tanto ella era esclava, no podía dar el consentimiento legítimo para esa relación”, afirma Daniel Parodi. Aunque sostiene que esos preceptos del enfoque de género contemporáneo no se pueden transferir tan fácilmente a una realidad histórica distinta, como la vivida hace más de 200 años.
Aparisi concluye: “No puede, además, perderse de vista que Jefferson era un hombre del Sur, aristócrata y que el sistema le condicionaba. Había nacido y convivido con la esclavitud y su modo de vida dependía absolutamente de ella”.
Además…
La compra de Luisiana
La decisión más importante del gobierno de Thomas Jefferson fue la compra Luisiana en 1803 al gobierno francés, a pesar de que la Constitución no lo facultaba a adquirir territorios. Esos más de dos millones de kilómetros cuadrados corresponden hoy a la zona central de Estados Unidos y no solo consolidaron continentalmente el país, sino impulsaron la famosa conquista del oeste.













