Sergio Ken ha llevado su violín a lugares donde pocos imaginarían escucharlo: un tema mundialista producido por Emilio Estefan, presentaciones para futbolistas como Pedro Gallese y Yoshimar Yotún, la presentación del libro de Jean Ferrari y, ahora, una colaboración que prepara con la barra de Universitario. Tiene 17 años, toca desde los cinco y posee oído absoluto, una habilidad excepcional que le permite escuchar una melodía y trasladarla casi de inmediato a las cuerdas.
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A los nueve años se mudó a Miami, una ciudad que terminó ampliando su horizonte musical. “Mi vida cambió porque la diferencia en las oportunidades y en todo el apoyo que recibía era tremenda”, recuerda.
Fue seleccionado para tocar en Los Ángeles en YOLA, el proyecto juvenil impulsado por Gustavo Dudamel. Hoy estudia en Miami Arts Studio, una escuela de artes desde la cual empezó a abrirse camino hacia sus primeras experiencias de proyección internacional.
“Con el coro de nuestra escuela pudimos colaborar con Emilio Estefan en una canción para el Mundial 2026 en la sede de Miami, “Love Always Wins”. El tema fue interpretado por Cimafunk”, detalla.
Pero su camino no se limita a la música clásica. En Miami, Sergio escucha salsa, reguetón, cumbia y sonidos caribeños. También se ha interesado por el reparto cubano, un género que, dice, suena mucho en su entorno. Su sueño es colaborar algún día con el cubano Bebeshito. “No ha habido una conversación formal, pero estoy trabajando en eso”, afirma.
Esa mezcla de intereses también atraviesa “Panamar”, su primer tema propio. Se trata de una pieza instrumental de aire tropical en la que el violín lleva la melodía principal, acompañado por trompetas, timbales y tambores. “Quería ver qué tanto podía hacer una obra sin necesidad de tener cantantes”, cuenta.
Para él, este sencillo marca el inicio de su faceta como compositor y demuestra que el violín también puede sonar latino, actual y cercano.
“A mí me gusta mucho la música popular, desde la salsa hasta el reguetón, la cumbia. Y me parece que no hay muchos violinistas que hagan eso. Y si yo tengo el privilegio de poder combinar las dos cosas, estoy completamente a favor”, refiere.
El fútbol apareció en su vida antes que los escenarios. De niño jugaba como delantero. “El nueve”, precisa. Su padre le inculcó esa afición, aunque la música terminó imponiéndose. Aun así, la pelota siguió cerca. Gracias a contactos familiares y a su entorno musical, pudo tocar para Pedro Gallese y Yoshimar Yotún. A Gallese le ofreció una presentación privada con temas salseros de Marc Anthony; a Yotún lo conoció por intermedio de su profesora de violín, Natasha Encinas. “A él le toqué una canción de Cristal”, recuerda.
Sergio es hincha de Universitario, pero habla del fútbol peruano sin cerrar la puerta a otros colores. “De Perú siempre”, dice. Por eso, aunque ha tocado para jugadores identificados con distintos equipos, hoy su proyecto más personal lo acerca a la tribuna crema. Durante su estadía en Lima trabaja en una colaboración con una barra de Universitario, una propuesta que busca juntar la fuerza del bombo, los cánticos conocidos por los hinchas y el sonido del violín.
“Estoy coordinando con Bombo de la barra para ver qué se puede hacer”, adelanta. La idea todavía está en proceso, pero Sergio tiene claro el concepto: “Queremos tocar temas clásicos que la gente conozca, pero mezclando la voz con el violín”.
Admira a Lindsey Stirling, violinista estadounidense conocida por llevar el instrumento hacia formatos menos tradicionales, y quiere seguir ese camino desde una identidad propia: peruana, japonesa, latina y futbolera.
Sergio todavía está en formación, pero ya tiene una ruta. Espera audicionar en el Berklee College of Music, en Boston., presentarse en el Perú, seguir componiendo y lograr que su nombre suene también entre la comunidad peruana en Miami.
“Quisiera que los peruanos, en distintas partes del mundo me conozcan y que sepan que hay un violinista peruano-japonés representando al Perú”, finaliza.












