jueves, octubre 8

La gira por Norteamérica del Perú de Mano Menezes tiene muchas formas de ser vista. Una es que de 360 minutos, solo 30 -ante México- la Bicolor funcionó más o menos como se había planeado. El resto (90 minutos contra Estados Unidos, 60 ante México y otros 90 frente a Canadá y Colombia), una acumulación inesperada de desaciertos e intentos fallidos.

La gira norteamericana dejó un escenario incómodo: nos recordó lo muy lejos que estamos de selecciones mundialistas, tres de ellas de Concacaf, aquella Confederación que hasta hace un tiempo mirábamos por encima del hombro.

Juan Reynoso dejó hace unos años una frase que quedó asociada a uno de los problemas del fútbol peruano. Después de la derrota ante Argentina, en octubre de 2023, cuestionó la preparación de algunos jugadores de la Liga 1 y sostuvo que Bryan Reyna y Joao Grimaldo no estaban para sostener 60 minutos al nivel internacional. También puso como ejemplo a Franco Zanelatto, a quien veía “liquidado” alrededor del minuto 50. El diagnóstico vuelve a aparecer ahora, desde otro proceso y con otros nombres.

Lo curioso es que ninguno de los nombrados hoy forma parte de los convocables, son más bien estadística triste de aquella larga fila de jugadores con alta proyección que nunca despegaron.

Pero volvamos a la idea: Menezes ya había puesto el foco en la preparación física antes de esta gira. Su comando técnico empezó a medir distancias recorridas, intensidad y cantidad de sprints para conocer qué futbolistas podían responder a la exigencia internacional. Después del 2-0 ante Canadá, el brasileño fue más directo y reconoció que existe “una diferencia física importante”. La selección puede mejorar con la pelota, pero necesita primero tener piernas para sostener lo que intenta hacer.

Los números de la gira ayudan a entender esa diferencia. Estados Unidos tuvo 70% de posesión y 16 remates contra cinco de Perú. Canadá manejó el 61% de la pelota y remató 17 veces frente a apenas cuatro peruanos. Colombia terminó con 75% de posesión, 16 remates y cinco al arco. Perú no consiguió un solo remate entre los tres palos ante los colombianos. El físico no explica por sí solo esas diferencias, pero sí condiciona la presión, los retrocesos, los duelos y la capacidad de mantener un plan durante 90 minutos.

Mucho más para un equipo que quiere ser intenso, de juego directo y competitivo. Así, la idea de Mano resulta inaplicable frente al perfil de jugadores que tenemos para interpretar ese tipo de juego.

Tras malos resultados: Perú cae tres puestos en nuevo ranking FIFA y es penúltimo de Sudamérica. (Foto: FPF)

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Menezes llegó a Norteamérica para probar. Tuvo cuatro partidos, cuatro rivales de distinto perfil y la posibilidad de observar a futbolistas que no habían tenido demasiadas oportunidades en la selección. El contexto servía para mirar. El problema empieza ahora, cuando el laboratorio debe convertirse en una propuesta futbolística reconocible. ¿A qué juega el Perú de Menezes?

Perú mostró algunos buenos momentos con la pelota, especialmente ante México, cuando consiguió adelantarse con el gol de Jairo Vélez. También encontró respuestas individuales en otros partidos. Pero la irregularidad fue constante. Ante Canadá apenas generó cuatro remates y ninguno fue al arco; frente a Colombia tuvo cinco intentos y otra vez ninguno terminó entre los tres palos. Al equipo le costó transformar sus recuperaciones y sus posesiones en ocasiones de gol.

Entonces las interrogantes se disparan: ¿qué tipo de jugador busca Menezes y qué rol deben cumplir?. Si Perú va a esperar y salir rápido, si pretende presionar más arriba, si buscará tener mayor posesión o si cambiará de estructura según el rival. El brasileño todavía está en esa búsqueda, pero la siguiente etapa exige que las pruebas empiecen a convertirse en una idea que los jugadores puedan repetir.

Ahí es clave Jean Ferrari, quien a inicios de año señaló que Mano Menezes era el ideal para recuperar el ADN peruano y que la selección peruana vuelva a sus raíces. ¿Qué raíces? Se supone que uno cuya matriz sea el buen toque. Casi, casi lo que alcanzamos con Gareca. ¿Con Mano hay algo de eso? Por ahora, seis meses y ocho partidos después, no lo vemos.

La renovación no se mide por la cantidad de jugadores nuevos que aparecen en una convocatoria. Se mide por los que consiguen quedarse. La gira permitió a Menezes observar a futbolistas como Piero Magallanes, Bassco Soyer, Marco Huamán, Oslimg Mora y otros nombres que buscan instalarse en la selección. Al mismo tiempo, los experimentados como Pedro Gallese, Miguel Araujo, Wilder Cartagena, Yoshimar Yotún, André Carrillo y Gianluca Lapadula siguen formando parte del escenario.

El desafío está en juntar esas dos generaciones. Los jóvenes necesitan minutos y continuidad para demostrar que pueden competir internacionalmente, pero también necesitan un contexto que no los obligue a resolver de inmediato todos los problemas de la selección. Los experimentados, mientras tanto, deben ayudar a sostener un equipo que todavía está buscando nuevos referentes.

Estados Unidos dejó una comparación que vale la pena mirar. Mauricio Pochettino también presentó una selección en renovación y utilizó futbolistas muy jóvenes. Ocho adolescentes fueron titulares en aquel partido y cuatro goles estuvieron involucrados con debutantes. La diferencia está en que renovar no significa bajar la exigencia. Perú necesita que sus nuevos jugadores crezcan dentro de una selección que compita, no esperar a que algún día estén listos para hacerlo.

¿El gran problema? Los referentes de hoy parecen estar ya muy por encima de su etapa más productiva. Para muestra un botón: Yotún, que por ahora parece irremplazable, tiene 36 años. Lapadula, que volvió por ausencia de mejores alternativas, tendrá 37 cuando inicie la Eliminatoria. Y ahí un detalle: el recambio no es tan joven.

Vélez, que deslumbró en estos seis meses tiene 31 años. Mora, 27. Vidales tiene 34. La idea, a estas alturas, más que encontrar recambio, parece ser encontrar un equipo que compita. Y ahí la absoluta responsabilidad es del entrenador. Su poder de convencimiento es determinante.

¿Tenemos once jugadores de nivel para armar una selección? Posiblemente no, por eso la tera del entrenador es construir un grupo, un vestuario comprometido. Un David que pueda de vez en cuando vencer a Goliat. Ya lo hicimos en el ciclo 2015-2022. ¿O con Gareca tuvimos jugadores de primer mundo, en los mejores clubes del mundo?

Menezes ya había marcado los límites de su proyecto antes de esta gira. “No vine aquí para revolucionar el fútbol peruano. Vine aquí para trabajar en el fútbol peruano con la selección mayor”, dijo cuando fue consultado por el recambio generacional. El brasileño explicó que no pretende hacer una revolución y defendió la presencia de jugadores experimentados dentro de su proceso.

“No es posible hacer un equipo solo de jóvenes. En ningún lugar se hace eso”, sostuvo entonces. La idea ayuda a entender sus decisiones. La renovación existe, pero no como un corte absoluto. Gallese, Araujo, Yotún, Carrillo y Lapadula siguen siendo parte del proceso mientras Menezes busca nombres que puedan incorporarse progresivamente a esa estructura.

Después de la gira Norteamericana, sin embargo, la exigencia cambia. El equipo terminó la gira con tres derrotas y el propio técnico reconoció la necesidad de elegir rivales que permitan conseguir victorias. Menezes tiene ahora información suficiente para comenzar a seleccionar. Él mismo había advertido que no dispone de cuatro o cinco años para esperar a que aparezca una nueva generación. Su trabajo consiste en reconstruir mientras compite.

La pregunta es: ¿hasta cuándo se le debe esperar a que logre hacer que este Perú compita? A Juan Reynoso, con mejores números, le tuvieron menos paciencia.

El balance de la gira puede resumirse en una cifra: un empate, tres derrotas, dos goles a favor y nueve en contra. Pero el verdadero balance para Menezes tendrá que ser otro. Saber qué jugadores pueden sostener el ritmo internacional, qué asociaciones funcionan, qué estructura defensiva ofrece garantías y de qué manera Perú puede generar más peligro.

La gira permitió ampliar el universo -mínimamente- y conocer mejor a los futbolistas. Ahora comienza la parte más difícil: elegir. Una selección no puede vivir eternamente en modo prueba. Cada nueva convocatoria debería reducir algunas dudas, repetir sociedades y construir una base sobre la que el técnico pueda trabajar.

Estados Unidos dejó tareas concretas. Perú necesita mejorar físicamente, encontrar una idea, formar un grupo y definir qué jugadores pueden sostenerlo. Menezes dijo que no vino a revolucionar el fútbol peruano. Pero sí necesita que su selección cambie de velocidad, encuentre una forma de jugar y empiece a competir mejor. La gira terminó. La etapa de las pruebas, también debería empezar a terminar.

SOBRE EL AUTOR

Es subeditor de Deporte Total y contenido transversal del diario El Comercio. Fue Jefe de la Zona Deportiva de Grupo El Comercio. Se inició como periodista en el 2009 en diario Correo. Ha sido editor digital, editor general y director periodístico del diario EL BOCÓN, también editor general de diario DEPOR. Enviado especial al Mundial Brasil 2014. Ver más
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