La noche del jueves del 13 de agosto de 2026 quedará guardada en la historia reciente de Cienciano. El 6-1 sobre Botafogo no solo significó una ventaja enorme en los octavos de final de la Copa Sudamericana, sino también la confirmación de que el equipo cusqueño atraviesa un momento especial. Alejandro Hohberg fue uno de los protagonistas de la goleada. El volante ofensivo habla con El Comercio sobre la noche soñada en Cusco, el proyecto que lo convenció de quedarse con el ‘Papá’ y una ilusión que vuelve a aparecer: la selección peruana.
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—Después del partido dijiste que Cienciano no es un equipo de pelotazos. Ayer, además, fuiste determinante en la elaboración. ¿Cómo sientes tu momento dentro de esta estructura?
Tenemos claras nuestras virtudes y sería tonto no explotarlas si nos están dando resultado. Pero también tratamos de sumar mejores posesiones porque uno tiene que ir evolucionando como equipo. Así como nosotros estudiamos a los rivales, ellos también nos estudian y hay que agregar nuevas armas para lastimar.
Ayer hicimos dos goles de pelota parada. El quinto gol de Neri fue una buena jugada asociada por el medio. A eso me refería cuando decía que no solo somos centros. A veces quieren encasillarnos como un equipo que solamente tira pelotazos al área, pero siempre hay un plan. Sabemos en qué somos fuertes y tratamos de sacarles provecho a esas virtudes.
—La comparación con el Cienciano de 2003 era inevitable después de esta goleada. ¿Cómo recibes esa comparación?
Yo obviamente no vi aquella época, pero sí conozco la historia del club y los logros que consiguió. He visto que la prensa y la gente hacen comparaciones, pero nosotros tratamos de ir despacio. Sabemos que todavía no hay nada resuelto y estamos lejos de ser un equipo campeón de América.
Uno siempre sueña en grande, pero la clave ha sido ir paso a paso. Ahora tenemos que cerrar bien la llave en Brasil, que va a ser duro. Queremos hacer un partido en el que no suframos la mayoría del tiempo y en el que también podamos lastimarlos, porque creo que tenemos con qué.
—¿Alguno de los jugadores de aquel Cienciano se ha comunicado con ustedes?
En lo personal, no. Sí sé que el Checho ha estado en el estadio y también estuvo en el partido contra Lanús. Está bueno que se sume gente y que haya buena vibra.
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—¿Cómo estás viviendo tu experiencia en Cusco? Has pasado por Universitario, Alianza Lima y Sporting Cristal. ¿Qué encuentras en Cienciano?
En lo personal la estoy pasando bien. Vivo tranquilo acá con mi familia. Si bien la ciudad te permite, en los días libres, conocer lugares y despejar la cabeza, jugar tan seguido hace que estés en esa línea de descansar, entrenar y prepararte para el partido siguiente.
Obviamente, cuando el momento del equipo es bueno, uno la pasa mejor y tiene un mejor ánimo. Personalmente siento que las cosas me han salido como quería y la idea es seguir por ese camino. Lo dije en una entrevista el año pasado: Cienciano tiene que proponerse cosas más grandes. Y me parece que lo que estamos logrando este año es a lo que tiene que apuntar el club.
—Hubo rumores de que podías regresar a Lima. Dijiste que te quedabas porque creías en el proyecto. ¿Qué te convenció?
En el fútbol uno no tiene que ser ingenuo. Cuando tienes buenos rendimientos y el equipo se posiciona en un lugar importante, es lógico que se despierte el interés por varios jugadores.
Sentía que había que darle continuidad a lo que veníamos haciendo este año. Hemos armado un buen grupo, hay una buena comunión con el comando técnico y nos sentimos identificados con la forma de jugar. También sentimos que la gente se identifica con nosotros. Por eso lo dije. Estoy contento, la pasamos bien en el día a día y los resultados ayudan a que todo fluya más.

Alejandro Hohberg. (Foto: Cienciano)
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—El técnico tiene una personalidad muy particular hacia afuera. ¿Eso termina ayudando al equipo a quitarse presión?
Sabemos que el profe tiene una personalidad especial hacia afuera. Con nosotros es un técnico exigente. Sabemos muy bien las normas que hay que cumplir y qué cosas no son negociables. El grupo se ha sentido reflejado en eso.
Cuando los resultados se dan, uno confía mucho más. Hay un buen ambiente de trabajo y todo lo que pasa alrededor del profe, con algunas declaraciones, a nosotros no nos cambia nada. Sabemos que él nos defiende a muerte y nosotros estamos a muerte con él. En los momentos de turbulencia, el equipo ha dado un plus.
—Con este momento que atraviesas y con la posibilidad de que la selección juegue en altura, ¿sientes que esa puerta puede volver a abrirse?
A mí nunca me ha gustado mucho opinar de eso porque creo que hay una persona que elige a los jugadores y listo. Los que soñamos y anhelamos estar, si nos toca, estaremos felices de la vida. Y si no, tenemos que seguir trabajando porque hay gustos y decisiones ajenas al jugador.
Claramente me encantaría. Siento que cuando uno está haciendo las cosas bien y mantiene una regularidad puede tener más chances. Uno trabaja de la misma forma para ser visto, sea en altura o no. Cuando uno está bien, se despierta un poco más la ilusión y está atento al día en que sale la lista.
—Ya adaptado a Cusco, ¿es más cómodo para ti jugar en altura o en el llano?
Yo no hice toda mi carrera en la altura. Por eso, cuando se habla de que ahora ciertos jugadores pueden tener posibilidades por jugar ahí, yo me preparo para tener esa posibilidad se juegue donde se juegue. Uno tiene que tratar de sacarle ventaja a la plaza que sea.
Me he adaptado bien a la altura y la forma de jugar de este año quizás explota mucho más al equipo de local. Haces ver al rival más incómodo. Pero la altura por sí sola no te va a ganar los partidos ni va a hacer que derrotes a un equipo como Botafogo 6-1. Creo que sería mirar solamente un pedacito de lo que estamos haciendo, aunque le estamos sacando jugo a esa pequeña ventaja.
—El equipo respondió pese a las bajas. ¿Es una señal de que Cienciano tiene más que un buen once?
Sí. Nos faltó el capitán, que es Carlos, y siempre uno quiere tener a todo el plantel a disposición. Pero eso habla bien del grupo y de la competencia interna.
Es muy difícil lograr cosas buenas solamente con once jugadores. A lo largo de la temporada siempre un cambio nos ha hecho ganar o cerrar partidos. Es una muestra de que todos se tienen que sentir importantes. Todos hemos tenido participación y noches como la de ayer hacen que todos sientan que aportan.
—¿Qué significa para ustedes jugar con un estadio lleno?
Es fundamental. Cuando el estadio está lleno, hay una vibra distinta y el rival lo siente. Todos poniendo de nuestra parte —jugadores, técnico e hinchada— sumamos a lo que estamos haciendo.
Jugar con el estadio lleno no nos da igual. Cambia totalmente la energía. Les pedimos que nos sigan acompañando porque este año el equipo ha conseguido resultados impensados gracias a ese apoyo y al hambre de este grupo.
—¿Esta es la mejor versión de Alejandro Hohberg que hemos visto?
Puede ser que sí. Acompañado de la ayuda del equipo y de la buena campaña, me estoy sintiendo cómodo. Las cosas me están saliendo, me toca hacer goles, asistir y jugar seguido. Así que sí, me siento contento.
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