Maxi Iglesias ya no es solo ese joven que una generación descubrió en «Física o Química», ni el galán que durante años ocupó un lugar reconocible en la ficción española. A los 35 años, el actor atraviesa uno de los momentos más sólidos y expansivos de su carrera: acaba de estrenar la segunda temporada de «Punto Nemo», alista nuevos proyectos como «Todo lo que nunca fuimos”, «Ella, maldita alma» —donde interpreta a un cura ligado profundamente al pueblo en el que vive— y la película «Nuda propiedad». Pero su presente también se escribe fuera del set. Publicó su primera novela, «Horizonte artificial» y cultiva una faceta inesperada que habla de libertad y disciplina y se graduó como piloto de aviones.
En esa combinación de vértigo, disciplina y reinvención se mueve hoy Maximiliano Iglesias Acevedo. Su llegada a los Premios Platino Xcaret 2026 confirma un presente activo, marcado por nuevos proyectos y por una búsqueda constante de personajes distintos. Para el actor, volver a la ceremonia es también reencontrarse con colegas, creadores y una industria iberoamericana en plena expansión.
“Es un placer volver a Premios Platino”, dijo el actor, quien participará en la apertura de la gala hablando de uno de los elementos vinculados a la Madre Tierra. “Es un privilegio”, añadió, al destacar la posibilidad de reencontrarse con compañeros de oficio y compartir inquietudes sobre nuevas maneras de mirar el audiovisual.
Su carrera empezó cuando era adolescente, con la fuerza de esos fenómenos juveniles que cambian la vida de un día para otro. “Física o Química” lo convirtió en un rostro popular, pero también lo enfrentó a un desafío que lo acompañaría durante años: crecer como actor mientras una parte del público seguía recordándolo como aquel joven que conoció al inicio.
El actor español no reniega de esa etapa. La mira como parte de un aprendizaje largo y cambiante. “Ya son más de 20 años trabajando y a un nivel muy exigente porque al final las productoras con las que tuve la suerte de trabajar, llevan mucho tiempo en esto y exigen”, destacó.
En ese recorrido, Iglesias ha aprendido a convivir con la popularidad de distintas maneras, según el momento personal y profesional que atravesaba. Cada proyecto, dice, le ha dejado una experiencia que va más allá del set.
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“El hecho de poder aportar con mi experiencia, con el bagaje que te da hacer un proyecto, un personaje u otro y trasladarlo también a la parte personal está ahí. Es un crecimiento constante para mí”, contó. Y añadió: “Dependiendo del momento de mi vida en el que he estado, lo he podido gestionar de una forma u otra, pero siempre siendo muy consciente de la responsabilidad que conllevaba”.
Esa conciencia también llegó con el tiempo. Iglesias reconoció que la madurez no apareció de golpe. Durante sus veintes fue más impaciente y esperaba que llegara ese personaje capaz de cambiar la forma en que la industria lo miraba. Con los años entendió que esa validación no depende de un solo papel, sino de un recorrido hecho de decisiones, riesgos, aprendizajes y encuentros.
“Hace falta tiempo para trabajar con distintos directores, para equivocarse, para insistir y para que alguien, finalmente, te entregue una oportunidad distinta. No hay que desesperarse porque si no llega o no sucede, la frustración puede ser tremenda. Me ha pasó”, dijo. Hoy, esa espera parece haber dado frutos. “Estoy muy contento porque vengo de trabajar en personajes y proyectos muy distintos”, afirmó.
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Uno de esos personajes llegará en “Ella, maldita alma”, donde interpreta a un sacerdote, un registro alejado de la imagen más idealizada y romántica con la que muchas veces se le asoció. Otro aparecerá en “Nuda propiedad”, película que, según adelantó, le permitió hacer algo “muy distinto” a todo lo que había hecho antes. En ambos casos, el actor habla de retos no solo profesionales, sino también personales.
En la conversación, Perú apareció como uno de sus recuerdos más vivos. Iglesias protagonizó junto a Stephanie Cayo “Hasta que nos volvamos a encontrar”, la película de Netflix filmada en el Cusco que, según cuenta, todavía sigue encontrando nuevos espectadores. Al hablar de esa experiencia, el actor no ocultó el cariño que le guarda al país.
“Por favor, no dejen de visitar el Perú”, dijo con entusiasmo. Lo describe como un destino “precioso”, lleno de lugares increíbles, y asegura que ese proyecto marcó un antes y un después en su carrera. “Volvería a hacer esa película una y mil veces”, afirmó.
La pregunta inevitable llegó al final. Se le consultó por Stephanie Cayo, su compañera en «Hasta que nos volvamos a encontrar» y con quien fue vinculado en su momento, así como por la nueva etapa sentimental que la actriz peruana vive junto al cantante español Alejandro Sanz. Iglesias eligió la cautela y evitó mencionar a la artista. Respondió preservando tanto el recuerdo de la película como el respeto por la vida privada.
“Yo estoy encantado de haber hecho una película tan bonita y que no solo me ha aportado a nivel profesional, sino también a nivel personal. Siempre deseo todo lo mejor a mis compañeras y compañeros, que con su carrera y con su vida sean felices”, señaló.
La respuesta, breve pero clara, también habla del momento que atraviesa. El actor que alguna vez tuvo prisa por ser visto de otra manera hoy parece más enfocado en elegir sus proyectos, cuidar sus palabras y construir una carrera desde la paciencia. Piloto, escritor e intérprete, Maxi Iglesias se mueve entre nuevos desafíos.













