Hay temporadas que cambian la dimensión de un deportista. Para Ignacio Buse, esta es una de ellas. Después de ganar dos títulos ATP, alcanzar el puesto 30 del mundo como mejor ranking de su carrera y cerrar una semana especial en la Copa Davis, donde Perú derrotó 3-2 a Paraguay y se clasificó a los Qualifiers 2027, ‘Nacho’ recibió otra noticia que confirma hasta dónde ha llegado: será parte del equipo Resto del Mundo en la Laver Cup 2026, que se disputará esta semana en Londres. Es el primer peruano en formar parte de este torneo que reúne a las grandes figuras del circuito y será dirigido por una leyenda como Andre Agassi.
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Buse llegará al O2 Arena acompañado por Taylor Fritz, Alex de Miñaur, Alexander Bublik, Learner Tien, Francisco Cerúndolo y Brandon Nakashima. Aunque lo hará como alternante, estará integrado oficialmente al equipo, participará de las actividades, entrenamientos y permanecerá listo ante cualquier eventualidad. Es otra señal de la dimensión que ha alcanzado su tenis en apenas un año de consolidación en el circuito ATP. El propio torneo lo presenta como el primer jugador peruano en participar de la Laver Cup.
Pero sería injusto contar este nuevo capítulo sin detenernos en Juan Pablo Varillas. Porque si Buse representa lo que viene, ‘Juampi’ acaba de recordar, en la Copa Davis, por qué fue durante tantos años nuestra primera raqueta. Ganó sus dos partidos de singles ante Paraguay, incluido el decisivo 6-2 y 6-4 sobre Hernando Escurra, y terminó sellando una clasificación que por momentos parecía encaminada y luego se convirtió en una batalla. Su regreso a ese nivel competitivo también forma parte de este momento particular del tenis peruano: dos generaciones distintas empujando en la misma dirección.
Por eso, las preguntas ya no son únicamente hasta dónde puede llegar Buse o cuánto más puede recuperar Varillas. El momento invita a mirar el panorama completo: qué jugadores vienen detrás, si el tenis femenino puede acompañar este crecimiento, cuánto puede ayudar una figura como Buse a popularizar el deporte en el país y, sobre todo, qué necesita el tenis peruano para convertir esta generación de buenos resultados en un proceso sostenido. Pablo Arraya y Américo ‘Tupi’ Venero, dos históricos referentes nacionales, responden estas preguntas y analizan el futuro de nuestro tenis.
- ¿Cuál es el techo de Buse? ¿Está para ser el mejor tenista en nuestra historia?
- ¿Buse puede popularizar el tenis en el Perú como Sofía Mulánovich hizo con el surf?
- ¿Cómo ven el renacer de Juan Pablo Varillas, quien supo ser nuestra primera raqueta?
- ¿Qué tenistas vienen detrás y deberíamos prestarles atención?
- ¿El tenis femenino también está en ascenso?
- ¿Qué tan clave es el apoyo de la Federación para que el tenis peruano resurja?
Pablo Arraya (Fue capitán del equipo peruano de Copa Davis en 2015)
1. Nacho tiene 22 años y está en el puesto 35 del ranking ATP. Llegó a ser 30°. Y tiene dos títulos de ATP este año. Es decir, igualó en ranking a Lucho Horna y está a un paso del mío. Le falta consistencia en Grand Slams, un Top 20 sostenido y, sobre todo, tiempo. A los 22 años el techo realista, si sigue sano y mejora el servicio y el resto de superficie rápida, es Top 10 o 20. Ser “el mejor de la historia” depende de cómo se mida. Por ranking Open, todavía no alcanza a (Jaime) Yzaga. Por Grand Slams y aura histórica, Álex Olmedo (Wimbledon y Australia 1959) sigue en otra categoría. Eso sí, está para ser el mejor peruano de la era Open si consolida lo que ya mostró. Decirlo como hecho consumado sería precipitado: el salto de 30 a 15 es más duro que el de 200 a 30.
2. Mulanovich ganó mundiales, fue ícono cultural y coincidió con un deporte que en Perú tiene costa, ola y relativamente bajo costo de entrada. El tenis parte de otra base: canchas, raquetas, viajes, academias. Sigue percibiéndose como deporte de élite, algo que el propio Buse ha dicho. Lo que sí puede hacer -y ya está haciendo- es otra cosa: visibilidad masiva. “Perú es clave”, packed houses en Copa Davis, cobertura diaria, un 500 ganado desde la qualy. Eso mete el tenis peruano en conversaciones donde antes no existía. Puede inspirar a una generación de clase media y alta, y a algunos proyectos en distritos menos privilegiados, pero no va a masificarse como el fútbol o siquiera como el surf sin política pública de canchas, programas escolares y federación con continuidad. Buse es el mejor vehículo que ha tenido el deporte en 30 años; no es un milagro estructural por sí solo.
3. Juan Pablo está otra vez cerca del Top 200 después de un tramo irregular. Fue finalista en el Challenger de Como, buenos partidos en San Marino y Génova, y esta semana juega Copa Davis en Lima como raqueta número dos. No es el mismo jugador que llegó a octavos de Roland Garros, pero sí el pionero que demostró que un peruano podía vivir en el circuito ATP y pelear Grand Slams. Su valor ahora es de puente: experiencia, liderazgo de vestuario y un recordatorio de que el salto de Buse no nació de la nada. Un Top 120 o 100 otra vez sería un cierre de ciclo digno; pedirle de nuevo el Top 60 es poco realista a los 30 años, con el cuerpo que ya cargó pero lo veo posible
4. Están Gonzalo Bueno, Alexander Merino, los Huertas del Pino. En la siguiente ola, los junior, están Nicolás Baena, quien considero que es el más claro “siguiente”. Después está Alessandro Rubini.
5. Está mejor que hace cinco años, pero no en el mismo orden de magnitud. Lucciana Pérez (21) es la referencia: ranking WTA alrededor de 330 y 340, máximo 327, títulos ITF, paso por college en Texas A&M, Billie Jean King Cup. No hay todavía una peruana en el Top 200 WTA ni un fenómeno mediático equivalente a Buse. El ascenso existe; la explosión, no. Creo también que la incorporación de Laura en los equipos femeninos le va a dar una experiencia especial e ideal para lo que necesita el tenis de mujeres para seguir creciendo.
6. Muy clave, y en dos sentidos distintos. Sin IPD (Programa de Apoyo al Deportista, Lima 2027), sin capitán con peso como Luis Horna y sin series de Copa Davis en casa, Buse y Bueno habrían tardado más. El Estado y la FPT están más presentes que en los años de sequía. Al mismo tiempo, el cuello de botella histórico sigue: pocas canchas públicas de calidad, tenis caro, formación desigual fuera de Lima y una federación que durante años no construyó sistema, solo apagó incendios cuando aparecía un talento. Buse puede jalonar recursos y atención; no puede reemplazar un plan de diez años de infraestructura y scouting. El apoyo es condición necesaria para que el “renacer” no sea un pico de dos nombres y luego otra década vacía.
Ignacio Buse (el último de la fila) posa junto a los legendarios Rod Laver y André Agassi y sus compañeros del Team World. Foto: Laver Cup



