La escena no es nueva, pero resulta particularmente gráfica para reseñar el rumbo que puede ir tomando el debate político. Se trata de aquella en la que senadores de la República y ministros de Estado protagonizaron un tenso y acalorado incidente, que incluyó despliegue físico e incremento de decibeles.
Es verdad que el altercado no llegó a las manos, pero casi. El tema que lo originó (una senadora sugiriendo que un ministro tenía miedo de plantear una reforma policial) ha quedado casi olvidado. También el motivo que convocaba a los asistentes: el proceso de delegación de facultades. Hasta ha pasado desapercibido el hecho de que el segundo personaje de mayor peso político en el gobierno, el primer ministro Luis Galarreta, participó también en la sesión.
Quedan imperecederas, en cambio, las imágenes de un debate que va in crescendo, con la participación de dos ministros y, al menos, cinco senadores. Luego, todo da paso a esa suerte de enfrentamiento de cantina.
Al día siguiente, Fujimori recurrió a una frase atribuida al Quijote (“ladran… será porque avanzamos”) para trazar una línea entre los que luchan contra la violencia y quienes no, respaldando, de paso, el accionar de su ministro del Interior, participante también del altercado.
Si se suma esta alocución presidencial a la anterior, pronunciada en Ica, en la que se refería al creciente agotamiento de su paciencia, podríamos estar ingresando a lo que, con pertinencia, Camila Bozzo reseñaba como el tránsito del “tap tap” al “gobierno del orden” (SAE, 13/10/2026), una etapa en la que el Ejecutivo se esfuerza por mostrarse duro. En esta nueva etapa, que requiere de un rival, el rol del senador Íber Maraví puede resultar útil, considerando sus antecedentes (El Comercio, 12/10/2026), los que cualquier persona medianamente informada conoce.
Sin embargo, existe una gran mayoría que desconoce estos antecedentes. Para este grupo, el altercado del sábado tendría como verdugos a parte del oficialismo: aquellos que pierden los papeles ante una situación que no tenía razón de ser extrema.
Ciertamente, la intervención de Maraví fue furibunda y las imágenes lo demuestran. Nada nuevo en él, por lo demás. Pero hacen mal los ministros de Estado descendiendo a su nivel para figurar en titulares más por las formas (una pelea a gritos) que por el fondo (el debate sobre la delegación de facultades).
Con ese telón de fondo, el “gobierno del orden” podría correr el riesgo de convertir su lucha contra la inseguridad en una cuestión de arengas más que de resultados tangibles, lo que no beneficia a nadie. Al final de cuentas, para abordar el complejo tema se requiere “más de sociología que de márketing político”, como bien señalaba Carlos Meléndez hace unos días (El Comercio, 4/10/2026).
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