Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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En 2017, durante El Niño Costero, la elevada turbidez del río Rímac obligó a suspender la captación de agua y provocó interrupciones del servicio en Lima y Callao. En enero, los cortes alcanzaron a 26 distritos y, en marzo, una nueva emergencia afectó a 27. Seis años después, las lluvias asociadas al ciclón Yaku volvieron a poner en evidencia los riesgos que representan los huaicos y el arrastre de sedimentos para el abastecimiento de la capital con la restricción del servicio.
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Una de las principales mejoras anunciadas es el incremento de 10.000 a 30.000 unidades de turbidez del límite admitido para captar agua en La Atarjea, instalación que abastece aproximadamente al 70% de la población limeña. La medida busca mantener la captación cuando el río Rímac transporte mayores cantidades de sedimentos.
Las medidas de Sedapal
Juan Moreno Oscanoa, gerente de Producción y Distribución Primaria de Sedapal, explicó que la empresa contempla escenarios optimista, normal y pesimista dentro de su plan de contingencia. Consultado sobre una eventual interrupción generalizada, sostuvo que incluso en el escenario más adverso “no está previsto un corte masivo”.
Entre las intervenciones ejecutadas, Sedapal informó que renovó los mecanismos de las compuertas de captación, cuyo tiempo de operación pasó de 30 a cinco minutos. También realizó trabajos de descolmatación aguas arriba de La Atarjea, enrocados para proteger la bocatoma de Huachipa y acciones de protección de pozos en las cuencas de los ríos Chillón y Lurín.
Polo Agüero Sánchez, coordinador general de las acciones frente al fenómeno El Niño, informó que la empresa dispone de estaciones de alerta temprana en la cuenca del Rímac y mantiene coordinaciones con el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) para anticipar posibles emergencias. “Estamos en resumen mucho mejor preparados que el 2017”, afirmó.

Sedapal anunció que incrementó de 10.000 a 30.000 unidades el límite de turbidez admitido para captar agua en La Atarjea ante posibles lluvias intensas en Lima.
Foto: Julio Reaño/GEC
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La capacidad nominal de tratamiento de La Atarjea alcanza los 17.5 metros cúbicos por segundo, mientras que Huachipa dispone de otros cinco. Sedapal también reportó 432 pozos con una capacidad de producción conjunta superior a siete metros cúbicos por segundo.
Los sectores más vulnerables
Especialistas consultados por El Comercio advierten que una eventual interrupción de la producción podría afectar de manera diferenciada a los distritos, dependiendo de las fuentes que los abastecen, sus reservas y las condiciones de sus redes de distribución.
José Cuellar, economista y especialista en gestión y comunicación del agua, señaló que Cercado de Lima, Breña, Jesús María, Pueblo Libre, Rímac y El Agustino podrían enfrentar dificultades de abastecimiento ante una paralización de La Atarjea, debido a la dependencia que, según su evaluación, mantienen de esta planta. También identificó a Ate y San Juan de Lurigancho entre las jurisdicciones potencialmente expuestas.
En tanto, Fernando Neyra, especialista en gestión del riesgo de desastres, advirtió sobre la vulnerabilidad de los sectores altos de San Juan de Lurigancho, Ate, Villa María del Triunfo, San Juan de Miraflores y Villa El Salvador. En estas zonas, las condiciones de presión y bombeo podrían complicar el suministro si disminuye la producción. Neyra precisó que no es posible determinar qué distritos perderían primero el servicio sin información actualizada sobre sus reservas, fuentes de abastecimiento y conexiones alternativas.

Un joven que intentaba cruzar una vía completamente inundada, estuvo al borde de ser arrastrado por las violentas aguas del huaico que arrasó Huachipa. (Fotocaptura: América TV)
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Los riesgos que persisten
Las mejoras en La Atarjea no eliminan todos los riesgos ante una emergencia prolongada. Fernando Neyra explicó que la continuidad de la producción también dependerá de la duración de las lluvias, la composición de los sedimentos, la disponibilidad de insumos y el manejo de los residuos del tratamiento. Advirtió que las fuentes alternativas no necesariamente podrían reemplazar de inmediato toda la producción de la planta.
El restablecimiento tampoco sería inmediato. Una vez reanudada la captación, sería necesario recuperar la producción, llenar los reservorios y estabilizar las presiones de las redes. Sedapal indicó que, ante un corte, priorizaría el abastecimiento de hospitales y centros de salud mediante camiones cisterna.
José Cuellar también advirtió que, ante el anuncio de una posible interrupción, el almacenamiento apresurado de agua en los hogares podría acelerar el agotamiento de las reservas disponibles. Por ello, consideró necesario fortalecer una cultura de uso responsable del recurso, especialmente durante las emergencias.
Por su parte, Kiel Arroyo, docente de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, consideró necesario extender las medidas de prevención hacia la cuenca alta del Rímac, mediante la recuperación de la cobertura vegetal y la estabilización de suelos para reducir la erosión y el arrastre de sedimentos.
Para Neyra, determinar si Lima está mejor preparada que en 2017 requiere evaluar indicadores como las horas de autonomía de cada sector hidráulico, la capacidad efectiva de los pozos, los tiempos de recuperación y los resultados de los simulacros.
En tanto, Sedapal señaló que cuenta con reservorios, pozos de respaldo e interconexiones entre sectores hidráulicos que permitirían redistribuir agua desde otras plantas hacia zonas abastecidas por La Atarjea, dentro de los límites operativos del sistema.


