Hay ritmos que sobreviven al tiempo y a la nostalgia. Basta que suene “El tiburón” o que alguien grite “¡Brinca!” para que una época vuelva a encenderse. Antes de ser llamado precursor del tropical urbano y de que Proyecto Uno pusiera a saltar a medio continente, Magic Juan era un niño que cantaba en el coro de su escuela y, años después, un adolescente que producía canciones para una compañera de colegio que le gustaba. Ahí descubrió que la música era su mejor forma de decir lo que sentía.
“A los 14 años, cuando empecé a escribir y grabar mis propias canciones, entendí que la música tenía poder”, confiesa. “Después de mi familia, es lo más importante en mi vida. Siempre ha sido así”.
Ese poder que descubrió de adolescente, John Wilson —su verdadero nombre— encontró, años después, su primer gran escenario en Proyecto Uno. Allí, casi por accidente, terminó rapeando sobre merengue en español y convirtió una mezcla fuera de lo convencional capaz de cruzar fronteras.
“Al principio no quería hacerlo porque yo venía más del hip hop, pero con inglés y español, con canciones viejas de Leo Dan de Los Ángeles Negros. Pero después pensé: si otros artistas mezclaban sus raíces con otros sonidos, ¿por qué yo no podía hacerlo con el merengue, que era parte de mis raíces dominicanas y latinas? Ahí me animé a experimentar. El primer tema que hice fue ‘Brinca’”, recuerda.
Con esta incursión llegó también la fama. Magic Juan tenía apenas 18 años cuando empezó a notar que la gente empezaba a reconocerlo en la calle como la voz de un tema que sonaba en todas partes.
“Fui a comprar un helado en Isla Verde y, cuando quise pagar, la chica no me quiso cobrar. Me dijo que le encantaba mi video. Ahí entendí que me estaban reconociendo, que el tema estaba demasiado pegado”, recuerda. “Después fui a un programa de televisión y, cuando salí a cantar mi parte, casi me desnudan en vivo. Tenía 18 años y decía: ‘¿Qué es esto?’. Luego vino la euforia: aeropuertos llenos, hoteles colapsados, miles de personas esperando. Es difícil explicarlo si uno no lo ha vivido. Pero cuando empieza esa locura, uno entiende que algo grande está pasando”.
La fama lo encontró muy joven, en pleno vértigo. Y aunque admite que hubo momentos en los que pudo desestabilizarse, también asegura que existieron límites que nunca cruzó.
“Uno se sentía poderoso, no sabía bien cómo manejarlo, pero tenía claro que las cosas habían cambiado. Lo que más orgullo me da es que nunca caímos en drogas ni en excesos de ese tipo. Lo de gozar, las mujeres, beber y sentirse como rockstar, eso sí lo vivimos. Esa etapa la quemamos bien quemada”, reconoce.
Pero el éxito no siempre mantiene unido lo que ayudó a construir. Con el tiempo, Proyecto Uno empezó a mirar en distintas direcciones. Cada integrante quería explorar su propio camino, ponerse al frente de una propuesta distinta. Magic Juan asegura que su salida no nació de una decisión personal ni de un deseo de romper con el grupo, sino de una fractura interna que terminó empujándolo hacia una carrera como solista.
“Mi salida no fue decisión mía, fue más decisión de ellos. La gente no lo sabe. Yo intenté mantenernos juntos. Mi idea era que tomáramos un descanso, que cada uno sacara música en solitario uno o dos años, y después regresar sin dañar la marca. Pero ellos decidieron seguir sin Magic Juan”, cuenta.
La separación le dolió, sobre todo porque, dice, sentía que había una cercanía real entre ellos. También porque entendía que estaba en juego una esencia difícil de reemplazar.
“Me sorprendió mucho. Yo sabía lo que querían, quizás por miedo a empezar de nuevo pensaron: ‘agarramos la marca que ya existe y desde ahí hacemos lo que queremos’. Pero cuando un grupo se rompe, empiezan a cambiar integrantes y ya no pasa nada, se pierde la esencia”, sostiene.
Empezar como solista no significó partir de cero, pero hubo que volver a construirse. Tenía un catálogo de canciones que él había escrito y cantado, una voz reconocible y una historia que lo respaldaba, pero necesitaba definir quién era Magic Juan fuera de Proyecto Uno.
“Tenía que decidir qué música iba a sacar, con quién, cómo me iba a proyectar. Pero cuando uno tiene las cosas claras, solo queda hacer el trabajo”, afirma.
Pero hubo un momento en que la música tuvo que esperar. En el 2009, ya como solista y en plena actividad, Magic Juan sufrió un sangrado interno que no advirtió a tiempo. Estaba en Nueva York, visitando a su familia, lejos de las giras y cerca del hospital donde había nacido. Esa coincidencia, dice, le salvó la vida.
“Necesité ocho transfusiones de sangre. Casi muero. Gracias a Dios estaba donde tenía que estar, porque si me pasaba en otro lugar, ni lo quiero imaginar”, asiente. “Eso me despertó. Yo estaba solo trabajando, sin pensar mucho en mi salud, y entendí que también tenía que hacerle caso a mi cuerpo”.
Hoy presenta nuevos temas como “Move Ya Body”, una canción que recorre distintos escenarios del mundo y en la que el Perú aparece representado por Machu Picchu, símbolo que eligió como una forma de devolver parte del cariño recibido. Ese lanzamiento también marca su regreso al país: Magic Juan se presentará este 12 de julio en el Barley Bar de Pueblo Libre.
“Para mí era muy importante mostrar el Perú, y obviamente Machu Picchu, que todo el mundo conoce. La primera vez que fui me quedé con la boca abierta”, asegura. El tema mezcla imágenes en vivo, efectos especiales e inteligencia artificial, pero mantiene la misma búsqueda que lo acompaña desde el inicio: llevar su identidad latina a un lenguaje más global.
Su próximo álbum seguirá esa ruta. Será bilingüe, bicultural, con flow latino y referencias a las canciones que marcaron su crianza en Estados Unidos. “Es un disco hecho por un latino nacido en Nueva York, pero mucho más global, porque ya conozco el mundo a través de mi música”, adelanta.
Productor, compositor e intérprete de clásicos mundiales, Magic Juan se ha presentado en los cinco continentes y ya suma más de 5 mil conciertos a lo largo de su carrera. Hace mucho que ya no está en el despegue turbulento de la fama. Está, dice, como un avión que alcanzó altura estable, todavía en movimiento y viajando, pero con permiso para respirar.
“Antes todo era muy rápido. Ahora sigo moviéndome, sigo haciendo música, pero sin tanto afán”, subraya.
El dato
Magic Juan se presentará este 12 de julio en el Barley Bar de Pueblo Libre. Las entradas están disponibles en el mismo local o al 961 456 344.




