La crisis de combustibles se agrava con una nueva restricción: la refinería de Conchán ha limitado la venta de petróleo a camiones, lo que está generando serias dificultades para el abastecimiento del transporte en el país, según reveló Martín Ojeda, director de la Cámara Internacional de la Industria del Transporte.
Explicó que el diésel es el combustible esencial para la mayor parte del sistema de movilidad, ya que cerca del 85% de la flota -transporte de carga, buses urbanos, interprovinciales, turísticos y parte del transporte personal- depende de este insumo.
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A este problema se suma la escasez de GNV, lo que está afectando directamente a miles de conductores. Según Ojeda, la situación es crítica porque no se está priorizando el abastecimiento para el transporte público masivo, mientras que cerca de 2.000 camiones que utilizan GNV siguen siendo abastecidos, lo que presiona aún más la disponibilidad del combustible.
Refirió que en paralelo, se registra una fuerte subida de precios en todos los combustibles. La gasolina premium ha aumentado más de S/5 por galón, la gasolina regular más de S/4, y en algunos casos se reportan incrementos de hasta S/7.
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“El GNV también se ha encarecido: pasó de alrededor de S/1.60 a S/2.50 por metro cúbico en algunos grifos que aún cuentan con stock. El GLP también registra incrementos”, explicó.
Ojeda sostiene que el país podría estar enfrentando una de las peores crisis energéticas de los últimos 20 o 30 años y advierte posibles prácticas especulativas en el mercado, especialmente ante la restricción de ventas de diésel y el alza generalizada de precios.
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Frente a este escenario, planteó medidas urgentes como: activar un fondo de estabilización de combustibles, una intervención de Indecopi para investigar posibles prácticas especulativas, y medidas de alivio para los conductores.
Entre estas últimas, propuso suspender por un mes el cobro de las cuotas por el cambio de matriz energética que pagan muchos taxistas, sin intereses, debido a que la crisis escapa a su control.
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Además, advirtió que el problema podría no resolverse en el corto plazo, pues algunas proyecciones dentro del sector señalan que la crisis podría extenderse hasta un mes, lo que tendría un impacto severo en el transporte y en la economía de miles de familias que dependen diariamente de sus vehículos para trabajar.
Como se recuerda, la rotura del ducto de TGP en el Cusco, el último domingo, originó la caída en el abastecimiento nacional, cubriendo actualmente solo 70 millones de pies cúbicos diarios, apenas el 9% de la capacidad habitual de 800 millones.
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Por ello, desde el último lunes 2 de marzo los grifos de Lima dejaron de vender GNV a taxis y vehículos particulares como parte de las medidas adoptadas por el Gobierno frente a la emergencia en Camisea.
Además, el Ministerio de Energía y Minas (Minem) declaró el estado de emergencia en el suministro de gas natural hasta el 14 de marzo y dispuso un proceso de racionalización hasta que se culminen con las obras de reparación.













