Alejandro Aramburú volvió al Perú como integrante de Santos Bravos, la primera boyband latina creada por HYBE, la agencia de BTS. En Lima, el peruano no solo habla de música, sino de abrir oportunidades para quienes cantan, bailan y sueñan con vivir del arte. “Quiero abrir puertas”, dice, y en esa frase resume también el propósito del grupo de levantar a Latinoamérica desde el escenario.
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Kauê también se detiene en esa idea: la de convertirse, casi sin darse cuenta, en inspiración para otros. Para él, el impacto de Santos Bravos se entiende desde la historia de cada integrante, pero también desde una mirada regional.
“Hasta hace un año éramos personas normales, trabajando en nuestras vidas y haciendo arte, y hoy somos inspiración. Es increíble”, dice. Luego añade: “Creo que levantar a Latinoamérica es nuestro mayor propósito como grupo. Es por eso que trabajamos tan duro y sacrificando tantas cosas. Lo más importante para nosotros es de dónde venimos, lo que hacemos y quiénes somos como latinoamericanos”.
El nombre del grupo también encierra esa dualidad. Kenneth explica que Santos Bravos representa dos dimensiones de una misma identidad: la sensibilidad y el coraje.
“El lado santo es ese lado vulnerable, lindo, tierno, más humano, que te permite sentir emociones bonitas. Y el lado bravo viene cuando agarras valor, coraje, cuando te vuelves valiente, que para nosotros es estar arriba del escenario. Santos Bravos representa ser valientemente sensible”, explica.
Esa mezcla entre vulnerabilidad y fuerza aparece también cuando hablan de sus metas. Drew asegura que hoy el grupo está concentrado en crecer unido, paso a paso. “Estamos enfocados en el presente, en nuestra base diaria, y simplemente creciendo como familia”, señala.
Kenneth, sin embargo, reconoce que también se permiten soñar en grande. “Sería impresionante estar algún día nominados a los Latin Grammy. También sería increíble estar en Coachella o en Lollapalooza. Pero todo eso llega trabajando muy duro”, dice.
Alejandro tiene un sueño más concreto y profundamente peruano: cantar en el Estadio Nacional. También imagina conciertos por todo el continente, festivales en Latinoamérica y escenarios donde Santos Bravos pueda conectar con públicos cada vez más diversos.
El camino, sin embargo, no ha sido sencillo. Alejandro dejó el Perú para estudiar música fuera del país y buscar oportunidades que aquí parecían más difíciles. También tuvo que dejar la universidad, a su familia, a sus amigos y una vida que ya conocía.
“Siempre las decisiones más importantes son las más difíciles. Yo estaba en la universidad, estaba a punto de terminar. Ya tenía un camino hecho, un camino que me estaba forjando yo solito”, recuerda.
Luego mira ese proceso con perspectiva. “A veces siento que lo de Santos Bravos me cayó del cielo, pero no. Fue resultado de todo el esfuerzo que hice y de todos los sacrificios. Sacrifiqué salir de mi país, dejar a mis seres queridos, a mi familia, a mis amigos, entrar en un mundo nuevo, aprender desde cero muchas cosas en un idioma diferente”, cuenta.
Hoy, ya en Lima, con su familia cerca y con el cariño de sus fans peruanos, Alejandro siente que todo empieza a tomar sentido. Su historia no es solo la de un joven que llegó a una boyband internacional. Es también la de alguien que quiere usar ese lugar para abrir caminos.
“Quiero ayudar a que la música salga de aquí y que la escuche todo el mundo, porque este país tiene mucho que decir, tiene mucho arte y talento”, subraya.













