Antes de ser capturado por las fuerzas rusas, Iván M. pasaba sus días entre sus estudios y sus prácticas de fútbol y boxeo. Su casa familiar estaba en la ciudad de Kramatorsk, en el óblast de Donetsk, pero él y su hermano vivían en Mariúpol, en la misma región. Ahí quedaron atrapados cuando estalló la guerra el 24 de febrero del 2022.
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Pasaron más de dos semanas sin luz, comida, ni agua. Buscaban la forma de sobrevivir mientras esperaban a que todo pasara para viajar a Kramatorsk. Iván M. supo que la calma no volvería cuando un bombardeo ruso golpeó el teatro local de Mariúpol, donde más de mil personas se escondían de los combates. Él y su hermano empezaron a caminar para salir de la ciudad.
Llegaron a un puente ruso y vieron que no eran los únicos que querían huir. En el retén, los militares rusos comprobaron sus documentos y luego hicieron que se desvistieran para revisar sus cuerpos. Entonces llegó el momento más triste. Iván M. fue separado de su hermano y, amenazado con armas, lo hicieron viajar a Donetsk, la ciudad ucraniana ocupada por el invasor.
“Estuve dos meses en Donetsk. Todo ese tiempo mi único objetivo era salir al territorio ucraniano y reencontrarme con mi familia”, dice a El Comercio Iván M., hoy de 19 años, aliviado de estar en Lima y ser un joven en plena libertad. Él forma parte de una pequeña delegación liderada por la comisionada del presidente de Ucrania para los Derechos del Niño y la Rehabilitación Infantil, Daria Herasymchuk, que visita varios países de la región.
Iván M. pudo salir al territorio libre en junio del 2022. Gracias a que mantuvo oculto su celular, pudo contactar con el director de su colegio en Ucrania y así se organizó el retorno de un grupo de menores cautivos en Rusia. Efectivamente, los rusos llevaron a miles de niños ucranianos hacia su territorio poco después del inicio de la guerra.
En marzo del 2023, la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra el presidente ruso, Vladimir Putin, y la funcionaria María Lvova-Belova, a quienes acusó de crímenes de guerra por el secuestro y la deportación ilegal de los menores ucranianos. No se conocen las cifras exactas. El Gobierno Ucraniano ha identificado a más de 20.000 niños en esa situación desde que comenzó la guerra. Pero funcionarios rusos han llegado a afirmar que Rusia llevó a 700.000 niños de las zonas del conflicto. Investigaciones independientes señalan que muchos de estos menores son reclutados para la fuerza militar.
“Lo único que puedo destacar de todo el tiempo que pasé cautivo es cuando el jefe del colegio vino para recogerme. Fue el momento más feliz”, recuerda Iván M.
—Propaganda enemiga—
También cuenta que cuando estuvo en Donetsk los militares rusos les decían a los niños que iban a recibir pasaportes rusos y que tendrían nuevas familias. Aseguraban que la guerra ya había acabado y que ahora vivirían tranquilos en Rusia. “Ninguno de nosotros quería eso. Todos teníamos preguntas, nadie sabía lo que estaba pasando. Nos sentíamos muy perdidos”.
Esas emociones las conoce Iván S. desde que tenía 7 años. Para este estudiante de química, la guerra no empezó en el 2022, sino en el 2014, cuando la ciudad de Lugansk, donde él vivía con su familia, fue tomada por los rusos.
“Para mí fue como si la ciudad se muriera”, dice con expresión seria en la redacción de este Diario. Desapareció la gente de las calles, la comida era escasa y había muy poca agua. Muchos se mudaban constantemente para sobrevivir.
Iván S., hoy de 18 años, pasó más de la mitad de su vida escuchando la propaganda rusa. A él no lo separaron de su familia, pero sí intentaron adoctrinarlo. “No querían convencer a los jóvenes de que Rusia era mejor, simplemente ellos dictaban que Rusia era mejor. Nos prohibían hablar ucraniano, decían que Ucrania no existía, que la cultura ucraniana no existía y que la región de Lugansk siempre había sido rusa”.
El joven contraatacó con investigación y rebeldía. Después de que se iniciara la invasión a gran escala en el 2022, decidió estudiar la lengua y la historia ucranianas. Buscó sus raíces y analizó sus propias raíces. Para entonces, él y sus padres se habían mudado a Rusia por seguridad, y ellos no apoyaban su deseo de volver a Ucrania.
Iván S. quería salir de Rusia antes de cumplir los 18 años, momento en que pesaría sobre él la amenaza de ser reclutado para las fuerzas militares del Kremlin. Diseñó su plan de escape. Lo repasó todos los días por varios meses y, finalmente, emprendió el viaje de regreso a Ucrania un día antes de cumplir la mayoría de edad. Después de un arriesgado trayecto a Bielorrusia y un salvoconducto de la embajada ucraniana en Minsk, en enero de este año volvió a su país.
—Misión conjunta—
Hoy ambos han retomado sus estudios y algunas de las cosas que disfrutan hacer. Iván M. quiere superarse en el boxeo e Iván S. se enfoca en su carrera de Química. Pero ninguno puede pensar realmente en sus metas a futuro.
“No tengo planes para lo que viene. Mi objetivo siempre fue volver a Ucrania y cuando lo logré me di cuenta de que ya no tenía más sueños”, dice Iván S. “Ahora cada ucraniano tiene solo un sueño: que termine la guerra”, apunta Iván M.
Para estos jóvenes, existe una misión común: contribuir con sus historias a que crezcan los esfuerzos para que los niños ucranianos que siguen cautivos en Rusia vuelvan a sus casas. “Por eso estamos acá, contando nuestra experiencia y espero que nuestras voces sean escuchadas en más países. Solo queremos paz y que otros niños secuestrados regresen cuanto antes a Ucrania”, se esperanza Iván M.
Antes de irse de la redacción de El Comercio y dejar el Perú para viajar a Ecuador –la próxima parada de la gira–, ambos comparten qué significa ser ucranianos para los jóvenes. La respuesta es clara. “Libre”, dicen los dos.
Punto de vista: Comisionada del presidente de Ucrania para los Derechos del Niño y la Rehabilitación Infantil
Hoy están ocurriendo crímenes horribles y atroces contra los niños ucranianos. Y si los niños sufren en algún país del mundo, significa que el sistema internacional de protección de los menores no funciona. Los niños no pueden ser objeto de negociación. Los rusos han cometido un crimen, han asesinado y secuestrado a los niños y tienen que asumir la responsabilidad. Todos los menores tienen que ser devueltos sin ninguna condición previa. Lamentablemente, ninguna persona puede decir un número exacto de los niños y adolescentes que siguen secuestrados. El problema es que una parte bastante grande del territorio de Ucrania sigue estando bajo la ocupación de Rusia. Además, el proceso de recuperación es muy complicado. Los rusos hacen todo lo posible para que no encontremos a estos menores. Crean diferentes obstáculos y complican. Solo hemos podido recuperar a 1.600 niños. Para Ucrania, los niños son el valor máximo. De ellos depende la sobrevivencia de nuestra nación. Su situación está presente en cada reunión del presidente Zelenski. Por eso hoy estamos en el Perú. Queremos explicar que este no es un problema solo de los infantes de Ucrania, sino que toda la sociedad mundial debe mostrarle al país agresor que no se puede actuar así; de lo contrario, mañana habrá muchos más agresores actuando igual. Es momento de estar unidos para evitarlo.




