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Antes de una entrevista de trabajo, una escena suele repetirse. Un candidato revisa por última vez su currículum, acomoda su ropa, mira el celular para comprobar la hora y repasa mentalmente las respuestas que podrían ayudarlo a conseguir el puesto. En “El Método Grönholm”, que se estrena el 12 de septiembre en el Teatro Claretiano, cuatro candidatos llegan preparados para una situación parecida. Sin embargo, la espera se prolongará hasta revelar que aquello no será una entrevista convencional.
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En esta versión, Stephany Orúe, Manuel Gold, Oscar Meza y Job Mansilla interpretan a cuatro candidatos que llegan hasta la última etapa de una selección para ocupar un puesto en una reconocida empresa transnacional. Lo que comienza como una entrevista laboral pronto los enfrenta a situaciones poco convencionales que ponen en juego sus capacidades, sus convicciones y aquello que están dispuestos a sacrificar para conseguir el puesto, incluso de sí mismos.
“Esta es una crítica a esta vida individualista, megacompetitiva. El gran mensaje justamente es que debemos mirarnos para intentar ser más solidarios, más empáticos y ser exactamente aquello que no son quienes vemos en escena”, menciona Assereto. “Y luego está el tema del ego, al cual no hay que dejar de lado, sino definir hacia donde la enfocamos”, agrega.

La puesta en escena explora el ego, la ética y los sacrificios que pueden surgir cuando conseguir un puesto de trabajo se convierte en una lucha individual.
/ Eduardo Cavero Sibille
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Aunque “El Método Grönholm” fue escrita hace más de dos décadas, su conflicto permanece reconocible. El motor que mueve la obra está en sus personajes. Cada nueva prueba altera el equilibrio de la sala. Una respuesta que parecía inofensiva puede convertirse en un argumento contra otro candidato; una muestra de solidaridad puede dejar vulnerable a quien la ofrece. Así, la obra convierte una entrevista en una sucesión de decisiones donde nadie puede permanecer al margen.
En el fondo, la obra plantea una pregunta más incómoda que la de quién merece el puesto: ¿qué está dispuesto a sacrificar cada persona para conseguirlo? La competencia no es necesariamente un mal. Para Assereto, incluso puede ser necesaria cuando permite confrontar ideas y encontrar mejores soluciones. El problema aparece cuando deja de perseguir un beneficio colectivo y se convierte en una carrera individual. “Hay que entender que lo positivo y negativo está en los límites, ahí radica la cuestión”, afirma.
La necesidad agrega otra capa al conflicto. Un puesto de trabajo no siempre representa una oportunidad de crecimiento profesional. También puede significar la posibilidad de sostener una familia, pagar una deuda o acceder a servicios básicos. Cuando el margen se estrecha, ciertas decisiones pueden parecer justificables. Ahí aparece el dilema moral: hasta dónde puede llegar una persona cuando siente que necesita ganar. “No deberíamos estar en esa situación en la que yo tengo que perjudicar a otro para poder subsistir, sin embargo, hacemos esas decisiones todos los días”, sostiene Assereto.
Y mientras los cuatro personajes se enfrentan por un mismo puesto, el teatro plantea una contradicción fuera de escena. Para que la competencia pueda verse sobre las tablas, actores, dirección, técnicos y diseñadores tienen que trabajar juntos para que el público pueda ver aquel espejo incómoda que es necesario ver.
El Dato
Estreno el 12 de septiembre en el Teatro Claretiano. Entradas disponibles en Joinnus. Suscriptores Club El Comercio cuentan con 12 % de descuento.

