En cada Mundial, Japón encuentra una nueva forma de convertirse en protagonista fuera de la cancha. Si hace cuatro años fue noticia por el impecable gesto de recoger la basura en las tribunas, en la edición de 2026 su hinchada volvió a captar la atención del planeta fútbol con un aliento tan inesperado como contagioso. Durante el duelo ante Brasil por los dieciseisavos de final, miles de aficionados japoneses entonaron un cántico en español, con melodía y ritmo propios de las tribunas argentinas, desatando una ola de reacciones en las redes sociales.
En cada Mundial, Japón encuentra una nueva forma de convertirse en protagonista fuera de la cancha. Si hace cuatro años fue noticia por el impecable gesto de recoger la basura en las tribunas, en la edición de 2026 su hinchada volvió a captar la atención del planeta fútbol con un aliento tan inesperado como contagioso. Durante el duelo ante Brasil por los dieciseisavos de final, miles de aficionados japoneses entonaron un cántico en español, con melodía y ritmo propios de las tribunas argentinas, desatando una ola de reacciones en las redes sociales.
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La canción no nació con la selección japonesa. Su origen está en las gradas del Cerezo Osaka, uno de los clubes más populares de la J-League, cuya barra adoptó hace años un estilo de aliento inspirado en el fútbol sudamericano. Entre bombos, trompetas y coros en español, los fanáticos repiten frases como “¡Y dale, dale Osaka!” y otros cánticos que parecen sacados de un estadio de Buenos Aires, una identidad que con el tiempo se volvió una marca registrada del club.
La explicación tiene varias raíces. El propio nombre “Cerezo” fue elegido en español -en referencia a la flor de cerezo, símbolo de Osaka- y la llegada de futbolistas sudamericanos, especialmente uruguayos y argentinos, fortaleció ese vínculo cultural. Con los años, la pasión latinoamericana terminó mezclándose con la disciplina japonesa, dando vida a una de las hinchadas más singulares del fútbol asiático.
Ese fenómeno cruzó las fronteras de la liga japonesa y aterrizó en el Mundial. Frente a Brasil, los hinchas nipones trasladaron ese repertorio a las tribunas del estadio y acompañaron a su selección durante los 90 minutos con melodías familiares para cualquier aficionado argentino. Los videos se viralizaron rápidamente y miles de usuarios destacaron la naturalidad con la que los japoneses interpretan canciones en español, mientras otros celebraron la influencia que la cultura futbolera sudamericana ha tenido al otro lado del mundo.
En una Copa del Mundo repleta de historias curiosas, la afición japonesa volvió a demostrar que el fútbol también se disfruta desde las tribunas. Entre cánticos en español, bombos, banderas y el ya tradicional gesto de dejar impecables los estadios tras cada partido, los seguidores de los “Samuráis Azules” se consolidan como una de las hinchadas más admiradas del torneo. Porque, al final, el idioma puede cambiar, pero la pasión por el fútbol siempre encuentra la manera de hacerse entender.




