Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Durante décadas, un relato se instaló en el imaginario de los peruanos como una verdad: que Alejandro Olmedo había alcanzado sus hazañas deportivas como estadounidense, dejando de lado al Perú, su país natal. Ese es, precisamente, uno de los mitos que el periodista Luis Carlos Arias Schreiber busca desmontar en “Alejandro Olmedo, el peruano que conquistó Wimbledon” (Penguin Random House), una exhaustiva biografía de casi 400 páginas que reconstruye la vida del único peruano que se ha consagrado en el torneo de tenis más antiguo del mundo.
Durante décadas, un relato se instaló en el imaginario de los peruanos como una verdad: que Alejandro Olmedo había alcanzado sus hazañas deportivas como estadounidense, dejando de lado al Perú, su país natal. Ese es, precisamente, uno de los mitos que el periodista Luis Carlos Arias Schreiber busca desmontar en “Alejandro Olmedo, el peruano que conquistó Wimbledon” (Penguin Random House), una exhaustiva biografía de casi 400 páginas que reconstruye la vida del único peruano que se ha consagrado en el torneo de tenis más antiguo del mundo.
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“Hasta el día de hoy persiste bastante desconocimiento sobre la figura de Olmedo”, explica Arias Schreiber. “Muchos creen que conquistó todos sus triunfos bajo la bandera de Estados Unidos y que era más estadounidense que peruano. La investigación demuestra que no fue así”, complementa.
La semilla del proyecto surgió de una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo era posible que un deportista que ganó Wimbledon, el Abierto de Australia y la Copa Davis no ocupara un lugar central entre los grandes ídolos del deporte peruano?
La primera foto conocida de Alejandro Olmedo, a los 14 años. Fue publicada en 1950 por el diario arequipeño “Noticias”.
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Para responderla, el autor emprendió una investigación que combinó visitas a archivos periodísticos en Perú, Estados Unidos, Inglaterra y Australia, además de entrevistas a familiares, amigos y personas que conocieron a Olmedo en distintas etapas de su vida. Entre las fuentes consultadas figuran los diarios arequipeños “El Pueblo”, “Noticias” y “El Deber”, así como El Comercio, “La Crónica” y diversas publicaciones internacionales, incluidas “The New York Times” y “Sports Illustrated”.
“Olmedo siempre defendió su peruanidad. Incluso rechazó nacionalizarse estadounidense en momentos clave de su carrera”, sostiene el autor. De hecho, el libro demuestra que recién obtuvo la ciudadanía de ese país a fines de la década de 1990 por razones meramente prácticas, cuando ya tenía más de sesenta años.
LOS PRIMEROS GOLPES
Alejandro Olmedo Rodríguez nació en Arequipa en 1936 y creció dentro de un entorno modesto. Su padre trabajaba en el Club Internacional y fue allí donde el futuro campeón comenzó recogiendo pelotas. El tenis, por aquella época, era un deporte reservado para sectores privilegiados. Era impensable que un muchacho de provincia pudiera abrirse paso hacia la élite mundial.
Arias Schreiber retrata un Perú marcado por profundas desigualdades sociales. Todavía faltaban décadas para muchas de las transformaciones que modificarían el país. En ese contexto, el joven arequipeño tuvo que enfrentarse no solo a rivales deportivos, sino también a prejuicios de clase, origen y procedencia.
En 1959, el Estadio Nacional fue escenario del multitudinario homenaje a Alejandro Olmedo tras su histórica conquista en Wimbledon. (Foto El Comercio)
/ EL COMERCIO
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Ese desafío se hizo aún más evidente cuando llegó a Lima. La capital de los años 50 funcionaba bajo códigos sociales muy distintos a los de Arequipa. El tenis estaba dominado por clubes tradicionales y círculos cerrados. Sin embargo, Olmedo encontró espacio en el Club Terrazas, una institución que le permitió continuar su desarrollo deportivo.
Allí apareció una figura decisiva: Jorge Harten, presidente de la Federación Peruana de Tenis y uno de los principales impulsores de su carrera. Convencido de que estaba ante un talento excepcional, Harten promovió una colecta para financiar su viaje a Estados Unidos, donde podría seguir creciendo como tenista.
La victoria de Olmedo en Wimbledon ocupó portadas, crónicas, columnas y páginas enteras en El Comercio.
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Cuando Olmedo llegó a California apenas hablaba inglés y ni siquiera había terminado sus estudios escolares. Comenzó a jugar en canchas públicas, conoció personas que lo ayudaron a ingresar al sistema educativo estadounidense y terminó encontrando un lugar en el circuito universitario. “Más que una vocación académica, la universidad representaba para él una necesidad práctica: mantener una visa de estudiante que le permitiera permanecer en Estados Unidos y continuar compitiendo”, sostiene Luis Carlos.
Esa circunstancia explica también otro de los mitos que el libro busca corregir. “Olmedo terminó jugando la Copa Davis por Estados Unidos, pero no porque hubiera renunciado al Perú. Simplemente no tenía otra alternativa. En aquellos años, el Perú no participaba en la competencia debido a limitaciones económicas y logísticas”, explica el autor.
EL NÚMERO UNO
Después de conquistar la Copa Davis frente a la poderosa Australia, ganó el Abierto de Australia en 1959 y, meses más tarde, Wimbledon. Ese mismo año alcanzó también la final del actual US Open. Para Arias Schreiber, aquel período lo convirtió en la principal figura del tenis amateur mundial.
Lejos de darle la espalda, el Perú celebró esos éxitos con entusiasmo. Olmedo recibió los Laureles Deportivos, fue homenajeado en Lima y Arequipa, llenó estadios durante exhibiciones y se organizó una colecta para construir una vivienda destinada a su familia en la Ciudad Blanca.
Periodista e investigador, Luis Carlos Arias Schreiber se propuso rescatar del olvido a una de las figuras más importantes del deporte peruano.
/ HUGO PEREZ
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Tras su retiro de las competencias, desarrolló una extensa carrera como entrenador en Los Ángeles, donde trabajó con celebridades de Hollywood como Rita Hayworth, Kirk Douglas, John Wayne, entre otros. Allí construyó una nueva vida, formó una familia y se consolidó como uno de los entrenadores más respetados del circuito.
Pese a la distancia, Olmedo nunca dejó de mirar hacia el Perú. Volvió en varias ocasiones para disputar partidos de exhibición, participar en homenajes y reencontrarse con su familia y amigos. Su última visita ocurrió en 1993. Hasta entonces seguía repitiendo una frase que resume buena parte de la tesis central del libro. “No tengo mi lealtad dividida —decía—. La tengo duplicada”.
Esta biografía no trata únicamente sobre la historia de un campeón de Wimbledon. Es también el rescate de una identidad, la corrección de un malentendido histórico y la reivindicación de uno de los deportistas más extraordinarios que ha dado el Perú. //




