Iniciamos un nuevo quinquenio, y los primeros movimientos permiten hacer algunos comentarios.
En el Congreso, como era previsible desde un cálculo meramente aritmético, el oficialismo ganó la elección de la presidencia de la Mesa Directiva del Senado, y la oposición, la de la Cámara de Diputados. En el Senado, articular la votación de dos bancadas es mucho más sencillo que hacerlo con cuatro, más aún cuando se cuenta con el respaldo del Poder Ejecutivo. Además, Fuerza Popular y Renovación, en general, son bancadas que lucen más cohesionadas que las de la oposición. Es interesante registrar cómo Obras, y en particular el Partido del Buen Gobierno, lograron imponer su relevancia como pivotes en el funcionamiento del próximo Congreso, encabezando las listas de oposición en el Senado y en Diputados, respectivamente. El que la oposición cuente con mayoría en la Cámara de Diputados, que tiene la iniciativa legislativa, hace que resulte clave la presentación de una agenda legislativa que exprese sus prioridades y que pueda dialogar con la que venga del Poder Ejecutivo y del oficialismo.
En cuanto al Poder Ejecutivo, al momento de escribir estas líneas, la presidenta electa ha anunciado a Luis Galarreta como próximo presidente del Consejo de Ministros, a Elmer Cuba como ministro de Economía y Finanzas y a Carlos Espá como ministro de Relaciones Exteriores. Galarreta parece una buena elección para la presidenta, en tanto pertenece a su círculo más cercano, es un político de amplia trayectoria que ha sabido ser pragmático cuando ha sido necesario serlo. No cuenta con pergaminos en cuanto a la gestión pública, por lo que construir capacidades en esa área resultará crucial para el éxito del gobierno. Otro gran desafío estará en su capacidad, al igual que en la de la presidenta, para marcar un rumbo claro y no simplemente administrar presiones cruzadas. En el caso de Cuba, se trata de una clara señal de vuelta a la ortodoxia económica, con mensaje explícito de vuelta a la disciplina fiscal y de límites al populismo económico encarnado en el Congreso saliente, del que el propio Fuerza Popular era parte importante, y que sigue siendo parte de la identidad del partido, de sus bases regionales y de presiones particularistas. ¿Cómo manejarán Cuba y el gobierno en general estas tensiones?
En el caso de Espá, parece tratarse de un gesto de apertura política, de renovación generacional en la cancillería, de apertura hacia Estados Unidos. El plan de gobierno de su partido, Sí Creo, señalaba la importancia de “contribuir al fortalecimiento de la Organización de Estados Americanos y rechazar cualquier intento por menoscabar o debilitar su institucionalidad, o desconocer la Carta Democrática Interamericana”, y también el objetivo de “contribuir prioritariamente al relanzamiento de la Alianza del Pacífico”. En cuanto a lo primero, ¿cómo se ubicará el gobierno frente a propuestas como el retiro del país de la Corte Interamericana de Derechos Humanos? ¿Qué postura se asumirá respecto de las funciones de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional? ¿Cómo se materializará la estrategia de “no alineamiento activo” de nuestra cancillería frente a los intereses de las grandes potencias? Las respuestas no son claras.
Las cosas probablemente se verán aún más complejas al conocer el conjunto del Consejo de Ministros. El liderazgo de la presidenta será fundamental para marcar un rumbo claro y no solo administrar presiones.
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