Perú podría tardar más de tres décadas en alcanzar el nivel de un país de ingreso alto si continúa creciendo al ritmo actual. La advertencia fue planteada por el exviceministro de Economía, Daniel Barco, quien sostuvo que el crecimiento promedio de 3% es insuficiente para cerrar las brechas del país. Tanto él como Paul Castillo, gerente general del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), coincidieron en que las limitaciones estructurales impiden que la economía peruana acelere su ritmo y supere la trampa del ingreso medio, una etapa en la que el país deja de avanzar porque ya no puede competir solo por costos bajos y no ha logrado elevar su productividad. Barco explicó que el Perú se estancó después del 2014 y se mantiene “en un equilibrio subóptimo con instituciones que no permiten que las empresas crezcan”.
Ambos especialistas expusieron y dialogaron sobre estas perspectivas durante el evento “Perú: Crecimiento Sostenible y Perspectivas 2026”, organizado por la Universidad Científica del Sur.
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Barco explicó que el Perú atraviesa un estancamiento prolongado que, de no corregirse, retrasará su desarrollo por décadas. “Si queremos llegar a ser un país de ingreso alto creciendo a 3%, nos demoraría 34 o 35 años. Y erradicar totalmente la pobreza tomaría unos 50 años”, afirmó. Según señaló, el país no logra escalar en productividad debido a la predominancia de empresas muy pequeñas, la baja acumulación de capital y un Estado que regula mal y redistribuye de manera limitada. “El Perú no es una economía neoliberal; es una economía de acceso restringido en la que es muy difícil que las empresas crezcan”, sostuvo.
El economista añadió que la receta para crecer más rápido ha sido conocida desde hace años —estabilidad macroeconómica, inversión elevada, apertura, competencia y un Estado que funcione mejor—, pero no se aplica porque el sistema político está “capturado por intereses particulares”. “Existen coaliciones redistributivas que presionan para favorecer intereses específicos en lugar del bienestar general, y eso impide implementar las políticas necesarias para crecer”, señaló.
Por su parte, Castillo centró su análisis en el contexto económico actual, marcado por un entorno internacional que ha favorecido al Perú más de lo previsto. Explicó que los precios de los metales, la debilidad global del dólar y los flujos de capital hacia economías emergentes han generado una mejora significativa en las condiciones financieras del país. “Tenemos los términos de intercambio más altos desde los años 50. ¿Qué implica tener términos de intercambio positivos? Fundamentalmente que se genere un efecto de riqueza inmediato, positivo”, indicó.
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A ello se suma la rápida caída de la inflación local, que ha impulsado el consumo y mejorado la capacidad adquisitiva de los hogares. “La inflación en Perú es una de las más bajas del mundo, más baja que la que vemos en otras zonas, ya es menor a la de Estados Unidos por más de 12 meses”, afirmó Castillo. Los precios de alimentos y energía, dijo, han retrocedido por la caída de costos internacionales, lo que ha permitido que la masa salarial formal crezca casi 8% en lo que va del año.
El gerente general del BCR resaltó también la recuperación de la inversión privada, que creció cerca de 11% en el tercer trimestre, y el regreso de las expectativas empresariales al terreno del optimismo moderado. Sin embargo, advirtió que el país aún opera sobre un crecimiento potencial limitado. “El problema y el reto es cómo aceleramos ese crecimiento potencial”, señaló.
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Durante el panel, Castillo recordó que, aunque el Banco Central no proyecta el valor futuro del dólar, su estabilidad está asociada a la confianza en la moneda peruana. “Mientras mantengamos una inflación baja, deberíamos esperar que el tipo de cambio refleje esa estabilidad”, dijo. Sobre las reservas, precisó que su composición prioriza liquidez y seguridad. “Las reservas son medios de pago para hacer transacciones. Ese es el activo que quieres (…) que puedan usarse de inmediato”, dijo.
Tanto Barco como Castillo coincidieron en que el Perú ingresa al 2026 con impulso internacional, estabilidad monetaria y una recuperación en la demanda interna, pero sin haber resuelto todavía los problemas estructurales que limitan su crecimiento. El desafío, concluyeron, es transformar este ciclo favorable en una oportunidad para elevar el potencial de la economía y evitar que el país permanezca estancado en la trampa del ingreso medio.














