Treinta años después, “Póntelo en la lengua” sigue sonando. Está en la radio, en una playlist, en una reunión de amigos y también en las voces de jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando Pedro Suárez-Vértiz lo lanzó. El tiempo ha pasado, pero canciones como “Los globos del cielo”, “Mi auto era una rana” o “Me estoy enamorando” encontraron la manera de quedarse.
El 17 de septiembre de 1996, Pedro Suárez-Vértiz lanzó “Póntelo en la lengua”, un álbum de catorce canciones escritas por él que llegó en un momento decisivo de su carrera. Sony ya no lo veía solo como un artista para el mercado peruano. Era su primer disco con proyección regional y debía abrirle las puertas de Iberoamérica. La responsabilidad era enorme, pero Pedro y Manuel Garrido-Lecca, productor del álbum, decidieron trabajar lejos de esa presión, concentrados únicamente en hacer música.
“Fue el primer disco de Pedro en las grandes ligas. Éramos conscientes de lo que eso significaba y de su importancia, pero nunca sentimos la presión que una oportunidad así podía generar. Lo que realmente nos importaba era la música, sin imponernos ningún tipo de limitación creativa. Entramos a hacer el disco con una sola premisa: crear por el puro placer de hacerlo, por amor a la música y, sobre todo, divertirnos en el proceso”, asegura Garrido-Lecca.
Hasta el nombre parecía una declaración de principios. “Póntelo en la lengua” no escondía una historia secreta ni una explicación demasiado elaborada. Pedro simplemente disfrutaba provocando, jugando con el doble sentido y despertando curiosidad.
“Él siempre tenía las ideas muy claras, era muy directo y transparente. Básicamente buscaba algo provocador, algo que llamara la atención”, explica Manuel.
Para entonces, productor y artista llevaban años aprendiendo a entenderse. Se conocían desde que Pedro tenía 17 años y Garrido-Lecca superaba los 20. Habían compartido tanto tiempo creando que llegó un momento en que las palabras sobraban.
“A veces, con un gesto, con una mirada, yo ya entendía lo que él quería para la canción y viceversa”, recuerda.
Manuel trabajaría después con reconocidos artistas internacionales. Sin embargo, aquella complicidad no volvió a repetirse.
“La química creativa que llegué a tener con Pedro es inigualable. No la he vuelto a tener con nadie”, reconoce.
Tal vez ninguna historia explique mejor aquella química que la de “Los globos del cielo”. La canción que terminaría convirtiéndose en una de las piezas emblemáticas de Pedro Suárez Vértiz ni siquiera estaba contemplada para el álbum. En realidad, no existía.
Durante una pausa de grabación, Pedro se sentó fuera del estudio con una guitarra mientras Manuel resolvía algunos asuntos técnicos con el ingeniero. Suárez-Vértiz tocaba y silbaba distraídamente. No estaba componiendo. Garrido-Lecca, sin embargo, dejó de prestar atención a lo que tenía delante porque aquella melodía comenzó a perseguirlo. Salió a buscarla.
“Pedro, esa canción que estabas silbando ahorita, ¿la recuerdas?”, le preguntó. “¿Qué canción? Yo no he hecho ninguna canción”, respondió el cantante.
Manuel tuvo que tararearle lo que acababa de escuchar. Pedro buscó los acordes en la guitarra hasta encontrar la melodía.
“Esa canción va de todas maneras en el disco”, sentenció el productor.
Pedro no podía creerlo. El álbum estaba avanzado, debían viajar a Estados Unidos y aquello, insistía, “no era ninguna canción”. Pero esa misma noche, en casa de Garrido-Lecca, terminaron de construirla. Al día siguiente grabaron las bases. Para hacerle espacio hubo que retirar del álbum “Aún se mueve”, un tema terminado que permanece inédito.
El famoso inicio de “Los globos del cielo” nació una noche, dentro de un automóvil. Pedro y Manuel regresaban del estudio junto a Arturo Pomar. Cerca de la entonces Embajada de la Unión Soviética, Garrido-Lecca vio pasar a un hombre y dijo: “Pedro, ese debe ser ruso. Pregúntale cómo se dice uno, dos, tres”.
Entonces, Pedro salió del auto por la ventana, corrió detrás del desconocido y descubrió que, efectivamente, era ruso, y le hizo la pregunta.
“Y la respuesta que le dio terminó convirtiéndose en el inicio de la canción. Lo que se escucha al principio es a Pedro contando, supuestamente, ‘uno, dos, tres’ en ruso, aunque de una manera bastante rudimentaria”, señala Manuel sonriente.
Y la rusa de la letra tampoco existió. Garrido-Lecca había comentado que la melodía del coro le recordaba ciertos intervalos de música rusa. Pedro tomó aquella observación y convirtió una asociación musical en una historia. Era una de sus grandes habilidades.
“Pedro era un genio para contar historias en tres minutos, era una máquina para componer ganchos, tenía un talento superlativo. Historias con las que cualquier persona podía vincularse. Es uno de los artistas más talentosos con los que me ha tocado trabajar en mi carrera”, dice Manuel.
Durante años, muchas de esas historias fueron tomadas como confesiones. Pero Garrido-Lecca desmonta otro pequeño mito alrededor del repertorio de su amigo. Pedro no necesitaba vivir una historia para hacerla creíble.
“Yo diría que solo un porcentaje mínimo de las canciones de Pedro parte de experiencias personales. La gran mayoría nació enteramente de su imaginación. ‘Mi auto era una rana’, por ejemplo, surgió una noche mientras recorría con un amigo el Circuito de Playas y observaba los autos estacionados. A partir de esa imagen construyó toda una historia”, refiere.
Y “Cuando la cama me da vueltas” tampoco fue el resultado de una borrachera.
“Todo el mundo cree que esa canción es de una borrachera de Pedro. Pedro ni tomaba”, aclara.
Pero hubo canciones en las que la realidad sí encontró una puerta. Una de ellas fue “Me siento mejor”.
“Pedro la escribió pensando en un familiar muy cercano que atravesó una fuerte adicción a una droga y un largo proceso de rehabilitación. Cuando finalmente salió de la clínica se encontró con él. Pedro le preguntó cómo estaba. ‘Me siento mejor’, le respondió. De allí nació esta canción”, rememora el productor.
También hubo dudas. Incluso frente a canciones que después parecerían destinadas a convertirse en clásicos.
Cuando llegó el momento de elegir el primer sencillo del disco, Garrido-Lecca lo tuvo claro desde temprano: debía ser “Me estoy enamorando”. Pedro, no tanto. “¿Estás seguro?”, le preguntaba.
“Me estoy enamorando” abrió el camino. Sonó en Centroamérica, Chile, Colombia y España y se convirtió en una de las canciones más representativas de su repertorio.
El álbum empezó a construirse en el Perú, pero la tecnología disponible a mediados de los noventa imponía límites. Por eso viajaron a Miami para registrar baterías y voces y realizar la mezcla. Allí trabajaron con equipos que entonces prácticamente no existían en los estudios peruanos.
Décadas después, Manuel volvió a escuchar una de aquellas canciones en su propio estudio, a través de parlantes de alta gama. Quería oírla con los oídos del productor que es hoy.
“Suena increíble hasta el día de hoy. Increíble. Creo que tiene mucho que ver con el feeling que le pusimos. Cuando le metes corazón a algo, se siente y perdura”.
En algún momento, Pedro y Manuel estaban buscando algo en la radio y comenzaron a recorrer el dial. En cuestión de segundos escucharon tres canciones distintas de “Póntelo en la lengua” en tres emisoras diferentes.
Oficialmente, el álbum recibió la certificación de triple platino en el Perú y, según diversas fuentes, habría superado las 100 mil copias vendidas, convirtiéndose en uno de los discos más exitosos del mercado peruano. Sin embargo, Garrido-Lecca advierte que las cifras de aquella época deben tomarse con cautela: la enorme presencia de la piratería terminó distorsionando el verdadero alcance de sus ventas.
Treinta años después todavía queda, sin embargo, una pieza perdida. “Aún se mueve”, aquella canción sacrificada para que pudiera ingresar “Los globos del cielo”, fue grabada y terminada. Sus másteres permanecen en Estados Unidos. Garrido-Lecca incluso intentó recuperarlos recientemente.
¿Por qué fue la elegida para salir?
“Era como el lunar del disco”, explica. No porque fuera mala —Manuel sostiene que era una muy buena canción— sino porque su sonido, cercano a un funk más pesado, no terminaba de conversar con el resto del álbum.
Si Garrido-Lecca tuviera que escoger una canción del álbum para explicar musicalmente quién era Pedro, no elegiría “Me estoy enamorando” ni “Los globos del cielo”. Escogería “El árbol”. Es una de las piezas menos conocidas del disco y también una de las que más significó para ambos.
“Hace poco la escuché nuevamente y dije: ‘Wow, man’. En 1996 ya estábamos haciendo sampling, usando beat making, un montón de cosas que se hacen hoy están presentes en esa canción”.
Pero cuando la conversación abandona los estudios, las consolas y los arreglos, Manuel ya no habla como productor. Habla como amigo.
Trabajó con Pedro desde Arena Hash y permanecieron vinculados durante prácticamente toda su carrera. Incluso cuando Garrido-Lecca se mudó a Estados Unidos, Pedro continuaba enviándole maquetas para escuchar sus opiniones e intercambiar ideas.
“Alguien tan honesto y sincero al momento de componer y crear inevitablemente genera un vínculo con la gente. Pedro es inmortal porque su música va a seguir viviendo para siempre”, asegura. “A mucha honra, Pedro fue y seguirá siendo mi mejor amigo de toda la vida”, concluye.
EL DATO
“Póntelo en la Lengua” celebrará sus 30 años con el lanzamiento de su primera edición especial en formato vinilo y el estreno de sus visualizers oficiales. La preventa oficial inicia este jueves 17 de septiembre.



