Hace unos días participé en un evento sobre gas natural licuado (GNL) en Doha, capital de Qatar. Aunque geográficamente es un destino distante del Perú, el viaje resultó profundamente valioso. No solo me permitió actualizar información sobre las principales tendencias y desafíos de la industria del GNL, sino que conocí de cerca cómo este país ubicado en Medio Oriente ha sabido transformar sus recursos de petróleo y gas natural en una plataforma sólida de desarrollo, visión de largo plazo y liderazgo energético.
Hasta antes de 1950 –año en que inició la explotación del petróleo descubierto en 1939– Qatar basaba su economía en la recolección de perlas y el comercio marítimo. En la década del sesenta, gracias a una exhaustiva campaña exploratoria, fueron descubiertos grandes yacimientos incluyendo el campo de gas natural no asociado más grande del mundo.
Hoy, 70 años después, Qatar se proyecta como una economía avanzada y sostenible. Ha construido infraestructura de clase mundial impresionante (edificios modernos, hoteles super lujosos, estadios vanguardistas y más), ha desarrollado conectividad y servicios públicos de alto estándar, y, por si fuera poco, sus habitantes gozan de uno de los mejores niveles de vida del mundo y no pagan impuestos para recibir los servicios públicos proporcionados por el Estado.
¿Cómo se explica un desarrollo tan acelerado? Desde mi perspectiva, responde a dos factores esenciales: contar con un recurso estratégico como el gas natural y, sobre todo, con una política de Estado clara y sostenida para aprovecharlo y transformarlo en crecimiento económico.
Luego de haber visto lo que Qatar ha hecho gracias a su gas natural, no dejo de preguntarme por qué en el Perú no somos capaces de ver que, si no empezamos a explorar nuestro territorio en búsqueda del gas natural que hay en el subsuelo, estamos perdiendo la gran oportunidad de lograr el crecimiento que nos permitirá reducir la pobreza.
Últimamente se insiste en que el gas de Camisea, descubierto en 1984 y puesto en valor dos décadas después, se está agotando. Más allá de que contamos con reservas por algunos años, la discusión de fondo debería ser otra: ¿qué estamos haciendo para impulsar la exploración, encontrar nuevas reservas y recuperar ese potencial?
El Perú no puede darse el lujo de desaprovechar este recurso que bien gestionado, genera ingresos para el desarrollo del país, tal como lo viene haciendo Qatar.
La tecnología avanza y el gas natural que hoy es un recurso codiciado para generar la energía que el mundo demanda, en unos años podría ser reemplazado por otra fuente de energía y perder su valor, por lo tanto, este recurso natural no es “pan que podamos guardar para mayo”; este pan tenemos que encontrarlo y monetizarlo hoy.














