Durante años, se asumió que el auge de los commodities había quedado atrás con la desaceleración de China. Sin embargo, esa lectura podría estar equivocada. Lejos de un ciclo terminado, lo que podría estar emergiendo es una nueva fase, impulsada por fuerzas distintas y potencialmente más persistentes.
Durante años, se asumió que el auge de los commodities había quedado atrás con la desaceleración de China. Sin embargo, esa lectura podría estar equivocada. Lejos de un ciclo terminado, lo que podría estar emergiendo es una nueva fase, impulsada por fuerzas distintas y potencialmente más persistentes.
La transición energética es uno de los principales catalizadores. El despliegue de energías renovables, electrificación del transporte y expansión de redes eléctricas requiere volúmenes significativamente mayores de minerales como cobre, litio y uranio. A ello se suma una nueva fuente de demanda: la inteligencia artificial. La construcción de centros de datos, infraestructura eléctrica y capacidad de cómputo está elevando el consumo de metales industriales. Incluso la plata, tradicionalmente vista como un metal precioso, ha adquirido un rol más industrial, dada su alta conductividad y uso en tecnologías vinculadas a esta transición.
Pero el factor más determinante está en la oferta. Durante la última década, el Capex minero se ha reducido de manera significativa. Tras el fin del último superciclo, las grandes mineras priorizaron disciplina de capital sobre expansión. A ello se suman mayores restricciones regulatorias, oposición social y riesgos políticos en jurisdicciones clave. Casos como la menor inversión en grandes proyectos de cobre en América Latina o las dificultades para desarrollar nuevos yacimientos en África reflejan esta tendencia. El resultado es una oferta que crece por debajo de la demanda estructural.
En paralelo, el oro enfrenta una dinámica distinta, pero complementaria. En un contexto de cuestionamiento al dólar y diversificación de reservas, los bancos centrales han incrementado su demanda por este activo, reforzando su rol como reserva de valor.
En el caso peruano, este entorno es favorable. Los términos de intercambio han mejorado significativamente y la perspectiva de demanda por minerales estratégicos sugiere que esta dinámica podría sostenerse. Mientras no se materialicen shocks políticos relevantes, el país se encuentra bien posicionado para capturar este ciclo.
La diferencia con ciclos anteriores es que la restricción de oferta no responde a un rezago temporal, sino a limitaciones estructurales. Y en mercados donde la oferta no puede ajustarse con rapidez, los precios dejan de ser una señal cíclica y pasan a ser un mecanismo de racionamiento. Ese cambio de régimen es, precisamente, lo que el mercado recién está incorporando.














