domingo, agosto 2

La obra narrativa de Raúl Tola (Lima, 1975) es un movimiento que va desde la inquisición interior y dolorosa hasta el cuestionamiento del poder y sus consecuencias en una colectividad signada por sus conflictos atávicos y contradicciones políticas. Si en sus primeros libros, “Noche de cuervos” (1999) y “Heridas privadas” (2002), Tola se inmiscuía en los secretos de una clase media incapaz de mirarse a sí misma en el espejo, luego ha entregado una serie de ambiciosas novelas de trasfondo histórico, como “Flores amarillas” (2013), planteada en el meollo corrupto del régimen de Odría, o “La noche sin ventanas” (2017), cuyo disparador son las relaciones del Perú con el eje en plena Segunda Guerra Mundial.

La obra narrativa de Raúl Tola (Lima, 1975) es un movimiento que va desde la inquisición interior y dolorosa hasta el cuestionamiento del poder y sus consecuencias en una colectividad signada por sus conflictos atávicos y contradicciones políticas. Si en sus primeros libros, “Noche de cuervos” (1999) y “Heridas privadas” (2002), Tola se inmiscuía en los secretos de una clase media incapaz de mirarse a sí misma en el espejo, luego ha entregado una serie de ambiciosas novelas de trasfondo histórico, como “Flores amarillas” (2013), planteada en el meollo corrupto del régimen de Odría, o “La noche sin ventanas” (2017), cuyo disparador son las relaciones del Perú con el eje en plena Segunda Guerra Mundial.

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Como cerrando una probable trilogía, Tola regresa con “El peso del aire”, enfocada en un episodio nacional de resonancias que hasta hoy perduran: la dictadura de Fujimori, su esencia delictiva y el sacrificio de quienes se opusieron a ella durante largos años. Su protagonista es Esteban Gamio, un joven estudiante universitario que incursiona en el periodismo para acabar como presentador del Canal N, un medio de cable dispuesto a ser una verdadera voz independiente y crítica en un entorno mediático sojuzgado por el régimen autoritario. De este punto de partida, moldeado por evidentes ribetes autobiográficos, surgen diversas subtramas que conforman un laberinto donde las disquisiciones del poder y la cotidianidad que este contamina se entremezclan en un mecanismo complejo y eficaz.

Porque hay que decirlo: Tola ha sabido construir una novela ambiciosa y bien escrita, prueba de un oficio que ha ido limando pacientemente durante casi tres décadas. Es un narrador serio y con recursos para la descripción caótica de la urbe y los acentos y modos de la lengua limeña. Corrobora lo que ya se entreveía en “La noche sin ventanas”: una elegancia para contar que se engarza con una imaginación narrativa en crecimiento.

Dicho esto, hay un lastre pesado del que Tola no ha sabido librarse: la casi obsesiva influencia de Mario Vargas Llosa. Sus tres novelas históricas toman prestadas las inconfundibles formas del lenguaje de este autor, los rasgos de su oralidad y el modo de abordar la misma materia: el desafío del peruano ante el poder, su derrota anticipada, los destinos que se sumergen inevitablemente en una honda defectividad. Podríamos decir que “Flores amarillas” y “El peso del aire” son tentativas de recrear “Conversación en La Catedral”, y que en esta última el intento por momentos roza lo mimético en todos los aspectos ponderables. ¿Eso la hace una mala novela? No. Es tal vez lo mejor que una novela derivativa puede llegar a ser.

De todos modos, no deja de llamar la atención que en un momento donde la literatura peruana se decanta por rumbos poco explorados y sigue impulsos renovadores, Tola se aferre con tal convicción a un realismo con sesenta años de rodaje. Parece que asumiera su epigonalidad y su condición subsidiaria sin sonrojos y hasta con entusiasmo, lo cual es legítimo si queremos hallar un sitio en la literatura de los alumnos aplicados.

“El peso del aire”

Autor: Raúl Tola

Editorial: Alfaguara

Año: 2025

Páginas: 446

Relación con el autor: conocidos

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