viernes, septiembre 4

El secuestro de Jenss Marty Lara Tantaquilla la madrugada del domingo en Trujillo, junto con el asesinato de todos sus acompañantes, no ha hecho más que ratificar lo que viene pasando en la región La Libertad desde hace ya un buen tiempo: que los grupos criminales actúan libremente y que el negocio de la minería informal e ilegal es transversal a estos hechos delictivos.

El secuestro de Jenss Marty Lara Tantaquilla la madrugada del domingo en Trujillo, junto con el asesinato de todos sus acompañantes, no ha hecho más que ratificar lo que viene pasando en la región La Libertad desde hace ya un buen tiempo: que los grupos criminales actúan libremente y que el negocio de la minería informal e ilegal es transversal a estos hechos delictivos.

Más allá de la consternación inicial y los muchos cabos sueltos que hay en esta investigación, no se deben perder de vista las características del personaje secuestrado y de su entorno.

El nombre de Lara aparece en una investigación publicada en febrero del 2020 por este Diario, en la que se da cuenta de la presunta organización criminal Los Topos, dedicada, según las autoridades, a la extracción y comercialización ilegal de oro, lo que trajo como consecuencia una investigación fiscal. Además, actualmente tiene un Reinfo suspendido.

La hipótesis principal de la investigación en torno al caso Lara Tantaquilla es el enfrentamiento entre las organizaciones criminales Los Pulpos y La Jauría. Según las primeras pesquisas, Lara habría dejado de pagarle a Los Pulpos para irse con la banda rival La Jauría; es decir, todo esto no sería más que un enfrentamiento entre bandas que se disputan a presuntos mineros que aparentemente no estarían alineados a las normas vigentes. Con los antecedentes del caso Los Topos, se confirmaría que las actividades vinculadas a la minería ilegal solo generan una interminable y sangrienta cadena de delitos.

Otro hecho que no puede descartarse en esta misma línea ha sido el presunto pago por la libertad de Jenss Lara, aunque en declaraciones a la prensa su padre afirmó que él mismo había gestionado esta liberación gracias a “amistades” y “contactos” que tienen llegada a Los Pulpos.

Este hecho debiera ser un parteaguas para enfrentar una situación de estas características. Primero, es urgente un alineamiento entre el Ejecutivo (Ministerios del Interior y de Defensa) con la Policía Nacional. La búsqueda de la verdad y justicia debe ser el único norte. Además, resulta inoportuno cómo este hecho ha evidenciado dramáticamente el enfrentamiento existente entre la policía y la fiscalía. En medio de esta situación resulta alentador –por decirlo de algún modo– la captura de Jhonsson Smit Cruz Torres, alias ‘Pulpo’, que cayó en Bolivia y que ya se encuentra en el Perú para ser procesado por delitos que incluyen extorsión, sicariato y homicidio.

Si bien estas capturas son una buena noticia, no son suficientes, pues estas bandas se reorganizan; por eso, si no se actúa de manera articulada, dejando de lado el cálculo político, estaremos condenados a ver cómo Trujillo se convierte en el escenario de lucha de bandas y el reino del crimen organizado, y eso, en una democracia, es inadmisible.

Es ahora o nunca.

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