domingo, octubre 11

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

"Un factor que sí puede ayudar a identificar qué países crecerán rápido, y cuáles no, es la preparación profesional de su juventud", manifiesta Diego Macera.

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¿Cómo predecir si una economía crecerá fuerte en las siguientes décadas? La respuesta corta es que no se puede: los economistas somos muy malos haciendo proyecciones para pocos meses en adelante, y mucho peores si se trata de anticipar sucesos 10 o 20 años en el futuro.

¿Cómo predecir si una economía crecerá fuerte en las siguientes décadas? La respuesta corta es que no se puede: los economistas somos muy malos haciendo proyecciones para pocos meses en adelante, y mucho peores si se trata de anticipar sucesos 10 o 20 años en el futuro.

Entre todo el ruido, un factor que sí puede ayudar a identificar qué países crecerán rápido, y cuáles no, es la preparación profesional de su juventud. Contar con una masa crítica de jóvenes capacitados, motivados, integrados al mundo, con agencia y talento, es una condición relevante para estimar las posibilidades que tiene cualquier nación de avanzar a pasos rápidos en las siguientes décadas.

No se trata, por supuesto, de una condición suficiente -ni la juventud más preparada podrá hacer mucho frente a malos arreglos políticos, conflictos, o colapsos macroeconómicos-. En circunstancias más normales, sin embargo, la fuerza de las generaciones jóvenes es un buen predictor de lo que se puede esperar a mediano y largo plazo.

Por eso es por lo que debe preocupar el estancamiento de la empleabilidad y la productividad juvenil en los últimos tiempos. Si bien la gran mayoría de indicadores económicos nacionales está creciendo a un muy buen ritmo (pago de tributos, inversión privada, importación de bienes de capital, entre otros, se expanden a doble dígito interanual), el trabajo entre jóvenes es una notable excepción.

Un primer nivel de atención es la participación laboral. En el segundo trimestre del 2026, la población económicamente activa (PEA) de los menores de 25 años -es decir, quienes tienen un empleo o están buscando activamente uno- cayó en 215 mil personas, lo que equivale a 7.8% frente al año pasado. El mismo INEI califica esta contracción como “muy altamente significativa”.

A pesar de que existen iniciativas del Estado para impulsar la empleabilidad de los jóvenes, estas no estarían funcionado, lo que se evidencia en una caída en los niveles de empleo juvenil y un posible aumento de ninis.

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Una lectura amable de este indicador sería que varios jóvenes están optando, más bien, por estudiar antes de trabajar, y es cierto que hoy hay muchos más jóvenes estudiando que antes. Pero también toca ver la evolución de los ninis -definidos como los jóvenes entre 15 y 29 años que no estudian ni trabajan-.

La pandemia, en varios aspectos, fue un punto de quiebre para el mercado laboral, de modo que la comparación relevante debería ser con el 2019. Entre ese año y el año pasado, el número de ninis a nivel nacional subió en cerca de 90 mil personas. Como proporción del total de jóvenes, la tasa de ninis es ligeramente más alta hoy que antes de la pandemia, e incluso el número de nininis (jóvenes que ni estudian, ni trabajan, ni buscan trabajo) ha subido.

Entre los jóvenes que sí están empleados, un segundo punto de preocupación corresponde al tipo de trabajo que desempeñan. Este es el asunto central. Típicamente su tasa de informalidad es unos 20 puntos porcentuales más alta que la de los adultos. En el primer trimestre del 2026, alcanzaba 85%.

Existe amplia evidencia estadística -nacional e internacional- respecto de la trayectoria que marca la calidad del primer empleo. Supongamos dos jóvenes amigos muy similares entre sí, Marco y Carlos, con habilidades y características iguales. Sin embargo, Marco, por pura buena suerte, logró insertarse en un trabajo formal entre los 20 y 25 años. Carlos, en cambio, solo consiguió trabajos informales eventuales en el mismo periodo.

Si volviésemos a mirar los resultados profesionales de los dos amigos unos 10 años después, probablemente encontraríamos que a Marco le ha ido mejor. Es decir, el primer empleo no solo es importante mientras dura, sino que tiene el potencial de marcar la trayectoria por décadas. Eso justifica una intervención especial del Estado.

«Solo hay una ventana de oportunidad para capacitar adecuadamente a cada joven», señala Diego Macera. (Foto: Archivo)

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Denice Cavero y Claudia Ruiz, en un documento para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), registran precisamente este efecto del primer empleo para el Perú. Haber tenido un primer empleo de calidad está asociado con aproximadamente 12 puntos porcentuales más de probabilidad de tener posteriormente un empleo de calidad.

“Por lo general, los primeros empleos de baja calidad no brindan a los jóvenes habilidades que les resulten útiles en su búsqueda laboral futura. Además, este tipo de empleos normalmente no ofrece capacitación, y la experiencia adquirida puede ser difícil de certificar de manera que sea reconocida como experiencia laboral relevante”, señalan.

Entre jóvenes, pues, promover la participación laboral no es lo principal, sino incentivar la ocupación en actividades que sean útiles para su futuro. Desde el Instituto Peruano de Economía (IPE), en alianza con varias otras organizaciones, presentamos hace dos semanas un conjunto de propuestas de reforma para ayudar en este camino.

Una de ellas consistía, por ejemplo, en fortalecer la plataforma “Mi Carrera”. Esta provee información sobre las profesiones con mayor demanda laboral en cada región. Por ejemplo, un joven de Cajamarca interesado en estudiar la carrera universitaria más rentable encontrará que, en su región, esta es ingeniería mecánica -con un ingreso promedio de S/4,591 mensuales para jóvenes trabajadores formales de hasta 29 años-, seguida de ingeniería minera -con S/4,444 mensuales-.

Los resultados se pueden analizar por centro educativo, incluyendo institutos, pero el alcance debe seguirse mejorando y, más importante aún, difundirse masivamente. Proveer mejor información del mercado laboral real a los estudiantes y sus familias ayuda enormemente a tomar decisiones. Y ayuda también a los propios centros educativos a mejorar.

Entre las propuestas también destaca la creación de créditos educativos otorgados por entidades financieras y respaldados por un fondo de garantías compartido entre el Estado (PRONABEC) y las instituciones educativas licenciadas. La idea es compartir el riesgo con las propias universidades o institutos de modo que estas tengan todos los incentivos para que sus egresados consigan buenos empleos.

«El primer empleo no solo es importante mientras dura, sino que tiene el potencial de marcar la trayectoria por décadas», apunta Diego Macera. (Foto: Shutterstock)

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Asimismo, se propone impulsar la formación dual con un bono de capacitación (hasta S/800 por aprendiz) para financiar la formación técnica en la entidad educativa. Ningún aula, en realidad, puede enseñar tanto como la práctica. Y eso se reconoce al momento de contratar.

Las propuestas siguen. El punto central es llamar la atención sobre un problema que luego no se podrá corregir fácilmente. Solo hay una ventana de oportunidad para capacitar adecuadamente a cada joven. Luego de eso, sus opciones se reducen.

A primera vista puede parecer esto un asunto de decisiones personales, pero en realidad las consecuencias para el desarrollo del país son incalculables. Pocas intervenciones serán más rentables, eficientes y justas que poner mucho esfuerzo, capital político y recursos en preparar más y mejor a la generación que viene. Luego no habrá, decíamos, otra oportunidad.

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