Tony Succar ha dicho que merece un monumento. Celia Cruz, cuando necesitaba levantar el ánimo, le pedía que le contara chistes. Compartió escenarios con Willie Colón, Tito Puente, Óscar D’León y Cheo Feliciano, se presentó ante multitudes y llegó hasta la Casa Blanca para ser reconocido por una trayectoria construida entre la música y el humor. A punto de cumplir 90 años, Pablo Villanueva mira hacia atrás y todavía le cuesta creer que toda esa historia le pertenezca.
“Hasta ahora pienso que estoy soñando”, dice. Cumplir 90 años lo sorprende más de lo que lo asusta. “Es increíble. Creo que mi mente me da fuerza para seguir viviendo. Trato de no estresarme, porque la preocupación envejece y, al final, preocuparse no soluciona nada”.
Primero, músico
Mucho antes de que el mundo lo conociera como Melcochita, estuvo Pablo, un niño que creció entre el trabajo y la música. A los seis años ya cantaba con un pequeño conjunto en la Plaza de Armas. Aprendió temprano a ganarse la vida y encontró en la música una vocación que ya no lo abandonaría.
“Mi papá era sastre y mi mamá vendía en el mercado. Éramos pobres, pero felices recuerda. Su primer instrumento fue el güiro. Después llegaron la guitarra, que aprendió a tocar con su madre, la tumba, la percusión y la batería.
Nombre propio
La popularidad apareció mucho después. Tenía 37 años cuando Augusto Ferrando descubrió que aquel músico poseía también una facilidad natural para hacer reír. Así comenzó una segunda carrera y nació, además, el apodo que terminaría desplazando a su verdadero nombre.
“Empecé de veterano. Era como un talento escondido”, cuenta. Fue Augusto Ferrando quien lo bautizó como Melcochita después de verlo “endulzar” al público en una de sus primeras apariciones televisivas. “La melcocha es dulce. Me quedé con esa chapa y Pablo Villanueva ya no existe. Solo algunos amigos del barrio todavía me dicen Pablo”, aclara.
Volver a empezar
Cuando viajó a Estados Unidos descubrió que la fama no siempre cruza fronteras. En el Perú ya era conocido; allá, en cambio, encontró puertas cerradas y tuvo que empezar de nuevo.
“Era popular, pero local. Allá no. A veces dormía en la estación del tren”, recuerda. Su hermana Lita Branda lo llevó a Estados Unidos por un trabajo, pero él tuvo que buscar una oportunidad desde abajo. “Rogaba para cantar. Hasta que uno falló y entré a cantar con el cubano Roberto Torres. Desde ahí empecé a hacer coros a los grandes soneros. Una vez, José Mangual me dijo: ‘Tu voz está buena para sonero’”. Y, desde entonces, todo cambió”.
Comenzó a compartir escenario con quienes antes habían sido sus referentes musicales. Uno de ellos fue Willie Colón. Alguna vez le preguntó si realmente tenía condiciones para la salsa y el músico le respondió con una frase que todavía recuerda: “Eso no se estudia ni en la universidad. Con eso se nace”.

Melcochita celebra 90 años de vida y una trayectoria construida entre la música, el humor y grandes escenarios internacionales. (Foto: César Campos)
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > CESAR CAMPOS
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Éxito internacional
Su música lo llevó a escenarios que aquel niño de seis años difícilmente habría imaginado. Cantó ante unas 60 mil personas en el Estadio Olímpico Pascual Guerrero de Cali y recuerda una convocatoria similar en Ámsterdam. También apareció ante millones de espectadores en el programa de David Letterman, donde incluso le ofrecieron quedarse a trabajar.
“Me ofrecieron 6 mil dólares semanales para ser su asistente, pero tenía que hablar inglés. No me entró el idioma y por eso no me quedé”, cuenta.
El reconocimiento internacional convivió, sin embargo, con una deuda que todavía siente en casa. Grabó discos, trabajó con grandes músicos y siguió defendiendo su faceta de sonero, pero considera que las radios peruanas nunca le dieron a su obra musical el espacio que merecía.
“El disco más bravo que grabé fue con Johnny Pacheco, “La estrella del son”. Tengo como diez discos, pero acá nunca los pasaron por la radio. Ya cuando me muera los pasarán”, ironiza.
Oportunidad perdida
Melcochita asegura que, a estas alturas, ya cumplió los grandes sueños que alguna vez tuvo. Cantó junto a sus referentes, recorrió el mundo y construyó una carrera que superó todo lo que imaginó. Pero entre tantos logros rememora una gran oportunidad que perdió.
“Roberto Torres me estaba buscando para que cantara ‘Caballo viejo’. Yo estaba en Lima porque estaba enamorado. Mira la oportunidad que perdí por amor (ríe). Qué iba a imaginar que se trataba de esa canción, porque cuando él me buscaba generalmente era para ofrecerme algún tema que no le gustaba, como una cumbia”, recuerda.
No lo dice con amargura. Cuando se le pregunta si cambiaría algo de su vida, responde que no. A los 90 parece haber hecho las paces incluso con aquello que pudo ser y no fue.
La otra cara
La risa no lo libró del dolor. Cuando murió su madre, Melcochita tuvo que subir al escenario, cumplir con una presentación y recién después ir a despedirla.
“Mi mamá murió y yo tuve que ir a trabajar nomás, porque soy profesional. Luego de la presentación fui a su velorio”, recuerda.
Noventa
El próximo 26 de septiembre celebrará sus nueve décadas de vida con “Los 90 de Melcochita: La despedida del sonero”. El nombre sugiere un adiós, pero él todavía está lejos de bajar el telón: sigue grabando, mantiene la guitarra cerca y conserva intactas las ganas de volver al escenario.
“Mis neuronas están bien. Pienso, me acuerdo de mi infancia de mis chistes y tengo buenos reflejos”, asegura.
Después de nueve décadas, podría enumerar estadios, viajes, discos, artistas célebres y reconocimientos. Sin embargo, cuando se le pregunta de qué se siente realmente orgulloso, la respuesta abandona los escenarios. “De mis hijos”, dice.
Tiene nueve y suma 24 nietos.
Después de todo ese camino, hacer reír a Celia Cruz, cantar ante multitudes, dormir alguna vez en una estación de tren y llegar mucho más lejos de lo que imaginó, Melcochita mira hoy su historia desde otro lugar. A los 90, el balance ya no pasa solo por lo que conquistó, sino por aquello que, después de tantos escenarios y viajes, todavía conserva cerca.
El dato
«Los 90 de Melcochita, la despedida del sonero» este 26 de septiembre a las 8:00 p.m., en el Parque de la Amistad de Surco. Entradas en Teleticket.



